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El Sporting de Gijón conquista un Zaragoza (1-3) en guerra y a un paso de Primera Federación

Con goles de Perrin, Corredera y Amadou, el rojiblanco conquista un Ibercaja Estadio en un ambiente casi bélico

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Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

Cuatro meses después –anda que no ha cambiado la película– el Sporting de Gijón volvió a ganar a domicilio. El equipo rojiblanco venció (1-3) a un Real Zaragoza que se queda al borde del precipicio. Los rojiblancos asaltaron un campo en combustión como es ahora este Ibercaja Estadio. Un ejercicio de pragmatismo de los asturianos fue suficiente para sabotear a un Zaragoza que está muerto en vida, prácticamente club de la tercera categoría del fútbol español. La victoria ayuda al menos a aliviar el ambiente que se respira en Mareo y allanará seguro la despedida de un Borja Jiménez que al menos se siente respaldado por un grupo de zagales que desde que se conoció el adiós de su líder no se han dejado llevar.

Real Zaragoza
1 3
Real Sporting

1-0, min 23: Saidu. 1-1, min 29: Perri. 1-2, min 40: Corredera, de penalti. 1-3, min 94: Amadou

Alineación Real Zaragoza

A. Rodríguez (0); J. Sebastián (0), El Yamiq (0), Radovanovic (0), Tasende (1); Cuenca (0), Moya (0), Saidu (1), Bare (1), Pinilla (0); Dani Gómez (0)

CAMBIOS

Moyano (1) por Cuenca, min 45. Kodro (1) por Radovanovic, min 45. Ale Gomes (1) por Juan Sebastián, min 70. Larios (1) por Tasende Tabajas por Pinilla, min 77


Alineación Real Sporting

Yáñez (1), Guille Rosas (1), Perrin (2), Cuenca (1), P. Vázquez (1), P. García (1); Corredera (2), Justin Smith (2), Manu Rodríguez (2); Gaspar (2) y Gelabert (2)

CAMBIOS

Kevin (1) por Guille Rosas, min 53. Bernal (1) por Justin Smith, min 68. Amadou (2) por Gelabert, min 68. Diego (s.c) por Pablo García, min 85.


Jon Ander González (C. Vasco). Amonestó al local A. Rodríguez. Y al visitante Yáñez

Ibercaja Estadio: 12. 316 espectadores

Todo lo que sucedió fuera y dentro del estadio afectó sobremanera al espectáculo y hundió a un Real Zaragoza muerto de ansiedad, ahogado en su propio campo, víctima de sí mismo. La noche en el Ibercaja Estadio fue muy oscura: la protesta airosa de la afición maña fuera del estadio dio paso después a una todavía más llamativa, con el cielo lleno de dólares (hasta 40.000 se repartieron entre los abonados) en un ambiente de lo más crispado contra la gestión telemática del millonario norteamericano Jorge Mas. Los cánticos e insultos también alcanzaron en el propio partido a los jugadores locales. Todo bloqueó a un equipo local, que ya de por sí arrastraba sobre sus espaldas la carga de quien se siente a un paso de los infiernos, y que se sintió como un visitante en su propio feudo.

El encuentro no solo lo jugó el Zaragoza contra un –justo es reconocerlo– muy digno Sporting, sino más bien contra sí mismo. Y en esa batalla el conjunto maño pareció caer de espaldas. Por ocasiones se inmoló. Incluso el conjunto de David Navarro hizo lo más difícil. Se puso 1-0 ganando a un equipo asturiano que también carga a cuestas con una pesada mochila: con un entrenador interino, plagado de bajas, sin delanteros, pero que en el campo del Zaragoza mostró dignidad y dignificó el escudo, mínimos que se le exigen a un proyecto fracasado. Este empequeñecido Sporting lejos de El Molinón, que aterrizó en la ciudad maña con récord histórico de derrotas en la categoría, fue un conjunto más maduro y sereno que el Zaragoza. Y eso que los locales saltaron al verde lanzados. Así fueron acumulando llegadas al área de Yáñez. Hasta el gol de Saidu, tras un golpeo que pareció hacer un extraño y despistó al capitán rojiblanco. Pero ese gol no serenó al conjunto local, le metió más responsabilidad.

Poco a poco fueron ganando terreno los gijoneses, que mostraron peligro sin referente y con dos ‘falsos 9’: Borja situó a Gaspar Campos y a Gelabert, y la prueba, aunque llamativa, descolocó a una desordenada zaga maña. La movilidad de los dos adelantados centrocampistas despistó a dos zagueros muertos de ansiedad como El Yamiq y Radovanovic.

Los centrales aragoneses seguían una y otra vez a los dos jugadores más ofensivos del Sporting e inevitablemente cayeron en la trampa: porque eran los centrocampistas rojiblancos (Corredera y Justin Smith), a priori más retrasados, quienes se aprovechaban de los espacios libres. Temblaba el Zaragoza, que vivía angustiado. Y en cuestión de minutos se hizo el harakiri. Primero, con un despiste de parvulitos en una de esas acciones que, con todo lo que tenían en juego, jamás se deben descontrolar: la estrategia. Hasta dos centrales rojiblancos se impusieron en el área maña. Vázquez venció una pelota perdida y Perrin se abalanzó para marcar un gol con aires reivindicativos. El colapso del Zaragoza fue a mayores. En su enésima incursión, Corredera acabó en el suelo, zancadilleado por el meta, Adrián Rodríguez. Jon Ander González pitó a instancias del línea fuera de juego. Pero en Las Rozas le advirtieron que la acción de Corredera era legal.

La revisión confirmó el penalti que ejecutó dos veces el mismo Corredera. El primero, lanzado sin convicción, fue parado por el meta. Pero la celebración de La Romareda, en uno de los pocos estallidos de júbilo, duró un suspiro. Porque la tecnología advirtió de nuevo al árbitro, ahora para hacerle ver que El Yamiq, que completó un partido bochornoso, impropio de un internacional con Marruecos, había invadido el área antes de tiempo. A la segunda marcó Corredera, que repitió lado.

La remontada del Sporting desquició al Zaragoza y terminó de incendiar a la gente del Ibercaja. El descanso no relajó a nadie: ni a los futbolistas ni mucho menos al público local, que lleva semanas asumiendo un descenso que, aún no es matemático. Mientras en el campo apenas había noticia, la rabia de la afición se lanzó hacia la directiva, a la que pidió insistentemente la dimisión, y también a los futbolistas: “¡Jugadores, mercenarios!”, se jaleó una y otra vez. Las protestas, cada vez más airadas, terminaron de desquiciar a los empequeñecidos jugadores locales. Ni siquiera los movimientos de un desesperado David Navarro despertaron a su equipo. Los muchachos de Borja Jiménez se dedicaron a mantener el orden y el rigor. El partido se puso tan de cara que el abulense metió rápidamente a Kevin Vázquez y después dio minutos a Bernal y a Amadou. Los minutos del joven delantero senegalés, que lleva toda la temporada calentando el banquillo, seguro que le harán recuperar autoestima. En un rato, hizo ruido: pegó dos brincos que a punto estuvieron de encontrar la portería. Y, al final, encontró la gloria, en un intento a la desesperada de los locales por agarrarse a la categoría. Si no pudieron ver el encuentro, un apunte: el mejor resumen es la última jugada del partido. Una falta peligrosa a favor de los locales acabó con todo el Zaragoza metido en el área rojiblanca. También su guardameta. La acción estuvo horriblemente ejecutada. Y la pelota acabó siendo escupida hasta llegar a los pies de un Amadou que, al fin, se estrenó en el profesionalismo. El final de partido fue de película, durísimo. La policía tuvo que intervenir para evitar una desgracia: se vio obligada a escoltar al director general, Fernando López, y a los jugadores locales en un ambiente bochornoso y de máxima tensión.

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