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Nacho Quirós

Diez años después

Sobre el aniversario de la última permanencia en Primera del Sporting de Gijón

En boca de casi todos está en nuestro día a día la fugacidad del tiempo. Nos quejamos de que nos lleva de un lado a otro, provocando que lleguemos al final del día exhaustos por todas las actividades e información que intentamos realizar y procesar. Incluso a veces decimos que nos pasa por encima como un tren. Quizás, y de forma paradójica, como alguno de esos ferrocarriles que tendemos a encuadrar en un plano bucólico y que nos evoca a situaciones de la infancia y de mayor paz mental y tranquilidad.

Lo cierto es que, nos guste o no, el tiempo ha dictaminado que ya han pasado diez años desde que el Sporting lograra la última permanencia de su historia en Primera División hasta el momento. Diez años que, para bien o para mal, algo nos han tenido que cambiar, creo. Los chavales de mi quinta bramábamos ese 16 de mayo de 2016 en el césped del municipal gijonés al término del partido, para después continuar las celebraciones en la plaza de Pelayo y proximidades hasta altas horas de la madrugada, con pocas preocupaciones más lejanas que aprobar los exámenes finales que teníamos esos días. Sabedores, además, que en el horizonte se barruntaban cerca de tres maravillosos meses de vacaciones.

Supongo que los años y nuestras vivencias nos han ido moldeando y, ahora, acercándonos o incluso superando la treintena, quizás nuestras preocupaciones sean otras muy distintas. Algunos ya se han casado, otros incluso tienen fíos, y la mayoría anhelamos estabilidad laboral, emocional y habitacional, mientras escogemos qué día es el idóneo para poder teletrabajar y así aprovechar a poner la lavadora.

También supongo que la generación de nuestros progenitores tendrá otros quebraderos de cabeza distintos a los de hace 10 años. Aunque siempre pendientes de sus herederos como entonces, tal vez cuenten los días que les faltan para la ansiada jubilación, o busquen disfrutar de ésta de una manera apacible los que ya estén inmersos en ella.

Las personas comprendidas entre el rango de edad de estas generaciones deduzco que habrán aprovechado este decenio para ir aumentando la lista de días cotizados sin olvidarse de vivir, mientras terminan de percatarse que lo de cumplir años no era ninguna broma.

La generación silenciosa, nuestros mayores, lo habrán llevado como buenamente hayan podido. Muchos habrán notado que necesitan ayuda para realizar tareas cotidianas, para caminar, para estar… Incluso algunos, lamentablemente, quizás ya no estén con nosotros.

Sospecho también que casi todos sin excepción hayamos tenido que superar ciertos obstáculos, de una forma u otra, durante el inexorable paso del tiempo.

Echando la vista atrás, a lo que desde aquí insto en un mensaje intergeneracional, es que hagamos hincapié en conservar los buenos recuerdos, y optemos por adoptar uno de los fragmentos de la canción de Andrés Calamaro, porque "Diez años después, mejor reír que llorar".

Y respecto al Real Sporting , y siempre sin dejar que este follón llamado fútbol moderno intente desmerecer a una afición que poco o nada tiene que demostrar, estoy seguro de que volveremos a ilusionarnos la temporada que viene con el regreso a Primera porque, como bien dijo el porteño, "somos distintos de aquellos, pero casi iguales".

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