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El Sporting de Gijón y Borja Jiménez, fin de ciclo en Granada

Los rojiblancos afrontan en Los Cármenes el último encuentro de otra temporada decepcionante con la bajas de Diego y el sancionado Guille Rosas y la posible vuelta a una defensa de cinco

Entrenamiento del Sporting de Gijón en Mareo.

Entrenamiento del Sporting de Gijón en Mareo. / Ángel González / LNE

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Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

Gijón

El Sporting de Gijón firma esta noche ante el Granada (Los Cármenes, 21.00 horas) el adiós a otra temporada de sinsabores que se ha hecho más larga que ninguna hasta el punto de que ha triturado a un entrenador –Asier Garitano– y consumido a otro –Borja Jiménez–, tan desgastado que ha sido capaz de renunciar a un buen contrato ante la desconfianza que le emergía el siguiente proyecto. La campaña no pasará sin duda a la historia del club como digna de mentar, incómoda para los técnicos, tediosa para una afición que incluso ha perdido su paciencia hasta el punto de dar plantón a su equipo en el día del club con tal de visibilizar su descontento con la gestión. Son baja Diego Sánchez y el sancionado Guille Rosas.

El Sporting y Borja, fin de ciclo en Granada

El Sporting y Borja, fin de ciclo en Granada

La ausencia de resultados mantiene al club atrapado en sus penas, incapaz de salir de un laberinto en el que está atrapado desde hace una década, solo calmado por el descenso de su archienemigo, y que se ha convertido en los últimos años en un campo de minas, hostil para los dirigentes, incómodo para entrenadores, abrumados por la presión, y, paradójicamente, más amable para los jugadores, sabedores de que las miradas se dirigen a los banquillos y al palco y que ya no es un fracaso deambular por la mediocridad.

El partido, que enfrenta a dos equipos que no han cumplido las expectativas, no levanta grandes pasiones en el entorno y, si acaso, tiene interés porque, después de un mes de tensiones, al fin se despide Jiménez como inquilino del banquillo de El Molinón. El abulense dice adiós a un club y a una afición de la que lleva un mes despidiéndose tras más de una decena de incómodas ruedas de prensa focalizadas por los motivos que le han empujado a renunciar al curso que le quedaba amarrado por contrato en Gijón. El cierre del curso alivia a un entrenador que, en cuestión de semanas, ha pasado de ser portavoz de la institución a abogado de sí mismo, sometido a un enorme estrés tras su decisión de salir por las preguntas de los medios y las teorías conspirativas que circulan en redes desde hace meses y que ha tenido que convivir en Mareo con su relevo. La crisis ha sido importante por lo llamativo del adiós del técnico y porque se ha requerido de más de treinta días sin grandes objetivos en juego y de mucho ruido hasta el desenlace de la competición. Pero el agujero no ha sido tan profundo, tapado en parte por la correcta versión de una plantilla que de pronto ha sacado su carácter para defender su honor y, en cierta manera, el del entrenador, y también por la rápida reacción de los gestores de Orlegi Sports. La presión ha obligado a reaccionar a José Riestra, que ha aterrizado con decisión y fuerza, hasta el punto de demostrar a la gente y también a sí mismo que el adiós del entrenador no significa que no exista proyecto, constatado con el fichaje de un entrenador respetado en Sudamérica como Nicolás Larcamón y con hasta tres refuerzos casi encarrilados.

El encuentro, mientras, apenas genera expectación, si acaso el conocer si el equipo es capaz de terminar entre los diez primeros clasificados. En principio, Jiménez valora apostar por el 5-3-2, casualmente el sistema que pretende implantar Nicolás Larcamón.

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