El Sporting se encuentra con la victoria en el adiós de otra temporada decepcionante: victoria 1-2 en Granada
Los rojiblancos remontan al conjunto nazarí en Los Cármenes con un gol en el último suspiro de Oliván
El Sporting de Gijón se encontró con una victoria en Los Cármenes (1-2) en el cierre para maquillar un curso sin duda decepcionante para la afición, agotador para las cabezas, estresante para los ejecutivos, que se ha cobrado a dos entrenadores. Con uno interino tras el precipitado anuncio del adiós de Borja, el equipo terminó la temporada consiguiendo tres victorias consecutivas. A veces podemos sobreanalizar, pero esto es fútbol y mandan las áreas. Aquí, en Granada, el equipo gijonés, en un partido sin ningún tipo de ritmo, venció gracias a su acierto en los dos tiempos de descuento. Oliván, que apenas llevaba un rato en el campo y tiene muy difícil continuar, se encontró con una pelota para elevar el casillero de los gijoneses hasta los 61 puntos. La fotografía de la clasificación no engaña más allá del maquillaje de los últimos partidos: el Sporting termina donde, en realidad, ha estado todo el año, afectado por una mala planificación, maltratado por las lesiones y víctima de mucha inestabilidad, en tierra de nadie. Y eso para un club que aspira a huir del laberinto es, llámese como se llame y se vista como se vista —ya saben, el tope salarial—, un fracaso sin paños calientes. Se entra ahora de lleno en un terreno donde la firma mexicana debe trabajar y, sobre todo, acertar en sus decisiones para hacer el proyecto más competitivo posible para Nicolás Larcamón, la gran apuesta de José Riestra, en el que sin duda es su verano más relevante, porque el crédito se ha menguado.
Los gijoneses salieron como si no fuese con ellos la historia, a verlas venir. La escena parecía más propia de un amistoso cualquiera de verano. El partido ya se puso cuesta arriba desde el primer minuto. La pasividad de la inédita, sorprendente y nada fiable zaga gijonesa —con Kevin y Cuenca de laterales y Vázquez y Perrin como pareja de centrales— empujó a Arnaiz a avanzar metros sin ningún tipo de presión hasta alcanzar sin apenas esfuerzo la frontal para ajustar un disparo que se coló por el palo de Yáñez. Jamás se vio en otra parecida el talentoso pero irregular extremo del conjunto nazarí, que marcó gol sin ni siquiera arrancar a sudar. Así, el Granada mandaba enseguida.
Mientras estallaba de júbilo Luis Enrique en Budapest, se dejaba llevar el Sporting de Gijón en Granada. La caraja del Sporting en los primeros cinco minutos contrastó además con la efervescencia de un equipo andaluz de primeras infinitamente más metido en el asunto, y que parecía dispuesto a enorgullecer a los pocos valientes que se acercaron a Los Cármenes para presenciar un encuentro sin alicientes entre dos clubes que han navegado en la mediocridad. El asunto todavía pudo ponerse más feo, porque los de Pacheta arrinconaron a un Sporting que además de sentir tedio por tan desapacible cita tampoco podía dejar atrás la vulgaridad que le ha soterrado durante todo el curso. Tiene la comisión deportiva de Orlegi Sports mucho que hacer este verano si quiere construir una zaga de nivel y aspirar a algo más que a deambular sin pena ni gloria por la categoría. Por el momento, el club ya tiene apalabrado al zaguero del Leganés Jorge Sáenz. Pero la tarea apunta a ser estresante y quizá se deban revisar algunas de las decisiones que se daban por asumidas con la continuidad de Borja Jiménez.
En esos pasivos minutos, Yáñez mantuvo de pie a sus muchachos. Primero para despejar un disparo muy potente de Izan. Después para evitar un gol de lo más absurdo del lateral Casadesús. El 2 del Granada estuvo a nada de marcar uno de los goles de su carrera tras cruzar el campo de esquina a esquina. La jugada pareció maradoniana, pero en realidad demostró la falta de atención y de contundencia de los muchachos del Sporting. Nadie le metió la pierna ni le obligó a recular y el zaguero andaluz se vio de repente en la cocina gijonesa. Yáñez, al menos, le dijo que las cosas no son tan fáciles. Un año correcto del portero es más que un notable de muchos de sus compañeros. Con el desarrollo de los minutos, el Granada perdió energía y acabó entrando al juego del Sporting. Los gijoneses solo metían ritmo a través de los esfuerzos de Corredera y las acciones adquirían cierto peligro cuando entraban en juego Gelabert o Otero. El delantero colombiano es para todo un verso libre y un tipo independiente. No se contagió por la vulgaridad. Aunque también compita por sí mismo. Dos ‘chispazos’ de Otero fueron suficientes para despellejar a un conjunto nazarí que también competía pensando en las vacaciones. El primero fue repelido por Astralaga. La cosa cambió cuando se avecinaba el descanso. De una jugada intrascendente se llegó al empate. Probó el delantero un disparo sin ángulo y se encontró con la suerte que solo alcanza quien persigue la gloria porque su poderoso pero estéril remate acabó colándose en la red tras cruzarse en la pierna de Hormigo.
Borja dejó a un tímido Gelabert en la caseta e introdujo a Gaspar. Pero los asturianos no subieron los decibelios. De hecho, siguieron desinflándose tras el descanso. Quedaba la rebeldía de Otero y al otro lado los esfuerzos de Yáñez por contener daños. Si acaso alguien buscaba llevarse el partido era el Granada, que reconoció a un grande del fútbol español en su adiós como Trigueros. No era ni mucho menos una oda al buen fútbol. Pero al menos tenían una pizca más de entusiasmo que los zagales rojiblancos. Arnaiz estrelló un balón contra el poste tras otra internada por el costado de Casadesús en un partido que dejó en evidencia el experimento de Cuenca como lateral izquierdo. Otero se picó y dio a Dubasin una ocasión para sacar los puntos. Pero al pingüino le faltó colmillo. Álvaro Moreno anuló luego un gol por un fuera de juego milimétrico de Sergio Ruiz. Y cuando el partido ya estaba muerto, un error grosero de Astralaga, que salió en falso para atrapar una carrera de Duba, empujó al Sporting a una de las victorias menos sudadas en mucho tiempo. Quien metió el pie fue Oliván, que pasaba por esa zona.
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