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El Sporting de Gijón quiere volver a convertir la décima en la del ascenso: análisis de diez años en el laberinto

La última vez que los rojiblancos encadenaron diez campañas en Segunda se saldó con la del regreso a Primera con Preciado

El Sporting de Gijón quiere volver a convertir la décima en la del ascenso: análisis de diez años en el laberinto

El Sporting de Gijón quiere volver a convertir la décima en la del ascenso: análisis de diez años en el laberinto / LNE

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María Rendueles

María Rendueles

Gijón

Atrapado en una categoría que se ha convertido en costumbre y también en condena. El Sporting iniciará la temporada 2026-27 con un dato que resume la espera: será el equipo que más temporadas consecutivas acumule en la categoría de los 22 que disputen la Segunda División: diez. El curso en el que José Riestra ha subrayado el ambicioso objetivo del ascenso, tiene un espejo positivo en el que mirarse. La última vez que el Sporting encadenó diez campañas en Segunda acabó dando el salto a Primera. Fue el Sporting de Manolo Preciado, en 2008. Serán diez temporadas contando el curso que está a punto de empezar. La racha comenzó en 2017-18, tras el descenso desde Primera en 2017, y se prolonga hasta 2026-27. Nueve campañas completas ya consumidas y una décima por empezar. Una década entera mirando hacia arriba sin encontrar salida.

El dato cobra más fuerza porque hasta ahora ese papel simbólico lo ocupaba el Real Zaragoza. El club aragonés encadenó desde 2013-14 trece temporadas seguidas en Segunda, pero su descenso a Primera RFEF ha reconfigurado el paisaje de la categoría. El Sporting hereda esa etiqueta incómoda: el equipo que más tiempo lleva seguido en Segunda.

La comparación es clara. En la 2026-27, los perseguidores más cercanos del Sporting en esa clasificación de permanencia son Burgos y Eibar, ambos con seis temporadas consecutivas. El Albacete suma cinco. La diferencia no es menor: el Sporting no solo lidera esa lista, sino que lo hace con margen. Esa distancia retrata con crudeza su situación actual: un histórico de Primera, con masa social de élite, un estadio que responde y una identidad reconocible, instalado durante diez cursos en el segundo escalón. El descenso de 2017 se produjo aún bajo el control de la familia Fernández, que había dirigido el club durante casi tres décadas. Al principio, el escenario podía interpretarse como un accidente reparable. De hecho, el primer curso alimentó esa idea: el Sporting fue cuarto y jugó el playoff de ascenso. Pero no subió. Con el paso de las temporadas, la permanencia en Segunda dejó de ser coyuntural para transformarse en identidad no deseada.

La llegada de Orlegi supuso un cambio de relato inmediato. No solo cambiaba el dueño: cambiaba el proyecto. Se prometió estructura, modernización, método y una reconstrucción más profesional del club. Cuatro años después, el balance deportivo mantiene una conclusión difícil de evitar: el objetivo principal no se ha cumplido. Ya paradoja es que el Sporting ha estado varias veces cerca de romper ese ciclo. Su primera gran oportunidad llegó precisamente en la temporada del descenso, 2017-18, cuando terminó cuarto y cayó en el playoff ante el Valladolid. Aquel golpe abrió sin saberlo una etapa mucho más larga de lo previsto.

Ya con Orlegi en la propiedad llegó otro intento serio en 2023-24. El equipo finalizó quinto y volvió a disputar la promoción de ascenso, esta vez frente al Espanyol. Otra vez hubo ilusión, otra vez competitividad, otra vez una eliminatoria cerrada… y otra vez derrota. La puerta de Primera volvió a cerrarse. Entre esas dos oportunidades aparecen temporadas de naturaleza diversa. Ese es uno de los rasgos más significativos del ciclo: el Sporting ha vivido prácticamente todos los estados posibles en Segunda, desde aspirante a todo hasta equipo obligado a vigilar la pendiente. El contraste con otros históricos ayuda a dimensionar la espera. Deportivo, Málaga y Racing han encontrado el camino de vuelta a Primera con recorridos más cortos o más recientes. El Dépor regresa tras ocho años, el Málaga después de otras ocho temporadas fuera de Primera Divsiión, y el Racing lo hace tras catorce cursos sin presencia en la máxima categoría. Tres trayectorias distintas, pero con un elemento común incómodo para el Sporting: otros han logrado reconstruirse y ascender antes de que el ciclo se cronificara.

La salida del Zaragoza del mapa de Segunda funciona también como advertencia. Durante años fue el gran ejemplo de histórico atrapado en la categoría. Su descenso a Primera Federación recuerda lo que ocurre cuando la permanencia se convierte en costumbre prolongada: el riesgo deja de ser no subir y pasa a ser caer aún más abajo. El Sporting conoce bien esa frontera. Ha rozado el playoff y también ha coqueteado con la zona baja. Esa oscilación explica por qué la décima temporada consecutiva no es solo una estadística, sino un síntoma: dificultad para consolidar un proyecto estable, igualdad extrema de la categoría y presión constante sobre clubes con historia. Porque El Molinón sigue siendo un factor diferencial. Superar los 24.000 abonados en Segunda no es habitual. La afición sostiene al equipo, pero también amplifica la contradicción: el club tiene estructura social de Primera, pero rendimiento de Segunda.

En Segunda, resistir suele ser mérito. Pero en Gijón, tras una década, ya no basta con resistir. El reto no es solo seguir en pie, sino romper un ciclo que ha dejado de ser transición para convertirse en destino. Y esa es la pregunta que sobrevuela el nuevo curso: cuánto tiempo puede tardar un proyecto en arrancar.

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