Así fue desde dentro la ascensión de Capi a L´Angliru, la intrahistoria de la campaña de abonados más emotiva del Sporting: una promesa, el esfuerzo se sesenta personas, lágrimas y solidaridad en el "Puerto más difícil del mundo"
LA NUEVA ESPAÑA acompaña al club rojiblanco en la subida al puerto asturiano para contar en primera persona la grabación de un vídeo que ya es historia de la entidad rojiblanca

FOTOS: Sporting de Gijón
José Luis Capitán, Capi, rompió a llorar nada más llegar a la cima del Angliru. Pero, en realidad, nadie pudo contener las lágrimas. Tampoco su mujer, Teresa; ni su hijo, Bruno, socio del Sporting; ni Julia; ni Mario y Álex Sabou, los hijos del histórico futbolista rojiblanco al que la ELA se llevó hace poco más de un año; ni las cerca de sesenta personas que acababan de empujar su silla durante casi tres horas por las rampas del puerto más duro de España. Allí había familiares, amigos, futbolistas, leyendas del Sporting, periodistas, músicos, trabajadores del club, voluntarios… y también mucha gente que aquella misma mañana apenas conocía a Capi. Las lágrimas del montañero madrileño afincado en Asturias terminaron siendo las lágrimas de toda una expedición unida para cumplir una promesa. Quizá también las de un sportinguismo que hoy descubre, a través de la campaña de abonados del Sporting de Gijón para la temporada 2026-2027, la intrahistoria de una de las historias más humanas que ha contado nunca el club rojiblanco. LA NUEVA ESPAÑA acompañó al Sporting durante toda la grabación y fue testigo de una jornada que empezó mucho antes de que las cámaras comenzaran a rodar. Porque, en realidad, todo comenzó el 19 de abril.
Así fue desde dentro la ascensión de Capi a L´Angliru, la intrahistoria de la campaña de abonados más emotiva del Sporting /
Aquella tarde, durante el Sporting-Cádiz en El Molinón, José Luis Capitán le hizo una petición muy concreta al club. Quería que el Sporting le ayudara a subir en una nueva ocasión el Angliru durante la pretemporada. No era una montaña cualquiera. Era la suya. Allí había escrito una de las páginas más brillantes del deporte asturiano al detener el cronómetro en una hora y treinta y seis segundos, un registro firmado en octubre de 2005 que casi dos décadas después continúa resistiendo. La propia marca deportiva Salomon convirtió años más tarde aquel desafío en un documental reuniendo a tres corredores de primer nivel para intentar derribar el récord. El keniano Ben Kimtai y los españoles Albert Pérez y Asier Larrucea aceptaron el reto. Ninguno pudo con Capitán. Kimtai, el más rápido de todos, todavía se quedó a dos minutos y cuatro segundos de aquella marca. El Angliru seguía teniendo dueño. Solo que el hombre que un día había volado por sus rampas llevaba ya diez años conviviendo con la ELA. La enfermedad había ido apagando poco a poco el cuerpo de quien fue cuatro veces subcampeón de España de carreras por montaña, internacional con la selección española y uno de los grandes especialistas nacionales. Hoy apenas conserva movilidad, respira mediante una traqueotomía y necesita alimentación asistida. Pero nunca dejó de mirar hacia la montaña que le hizo eterno.
El Sporting entendió desde el primer momento que aquella petición era mucho más que un favor. Era una promesa. Y alrededor de esa promesa comenzó a construirse una campaña (de abonados) que juega con la idea de la ascensión, de la unión y del esfuerzo compartido. El mensaje encajaba de manera natural con el momento que vive la entidad, atrapada desde hace una década lejos de Primera División y decidida a transmitir que solo caminando todos en la misma dirección será posible volver a la cima. No hacía falta explicar demasiado. Bastaba con mirar el Angliru. La montaña más dura de Asturias convertida en metáfora del camino que el Sporting quiere recorrer esta temporada. El club comenzó entonces meses de trabajo silencioso. Reuniones, llamadas, coordinación con instituciones, permisos, logística y un despliegue audiovisual enorme para levantar una historia que muy pocas personas conocían. También hubo que encontrar una fecha. El día elegido era prácticamente el único en el que podían coincidir Capi y los hijos de Marcel Sabou, otro de los nombres imprescindibles de esta historia. El histórico jugador rojiblanco, fallecido hace poco más de un año víctima también de la ELA, había coincidido con Capitán durante años en consultas del HUCA y sesiones de rehabilitación. Compartieron enfermedad, mensajes de ánimo y una amistad nacida en las circunstancias más difíciles. Sus hijos, Mario y Álex, formarían parte de la expedición.
Poco después de las nueve y cuarto de la mañana comenzaron a llegar los primeros participantes a Mareo. Allí se mezclaban futbolistas del primer equipo como Pablo Vázquez y Guillermo Rosas con leyendas como Cote, Roberto Canella o Eloy Olaya; jugadoras del Sporting Femenino como Cris Carvajal y Ainhoa; trabajadores del club, miembros del cuerpo técnico, representantes del Telecable, periodistas como Adrián Huber, el músico Igor Paskual, integrantes de la Fundación ELA Asturias, voluntarios, la familia de Capi y hasta dos alevines del Sporting, Juan Valle y Lucas Argüelles. Era imposible encontrar perfiles más distintos. Sin embargo, el mensaje de la campaña empezaba precisamente ahí: distintas generaciones, distintas profesiones y personas que, en muchos casos, apenas se conocían entre sí, dispuestas a empujar en la misma dirección. La primera escena del día, sin embargo, no la grabó ninguna cámara. Antes incluso de subir al autobús, el Sporting confiscó todos los teléfonos móviles. Uno a uno, los participantes fueron entregándolos mientras firmaban varios documentos de confidencialidad. Nadie podía hacer una fotografía. Nadie podía grabar un vídeo. Nadie podía contar absolutamente nada hasta hoy. El club quería preservar intacta la sorpresa y todos aceptaron aquel pacto de silencio con absoluta naturalidad. Mientras tanto, el aparcamiento de Mareo comenzaba a teñirse de rojo y blanco con camisetas del Sporting de todas las épocas. Algunas pertenecían a la temporada actual. Otras eran auténticas reliquias rescatadas para una ocasión especial. Sin saberlo, aquella mezcla de generaciones acabaría regalando unas horas más tarde una de las imágenes más poderosas de toda la jornada cuando el dron descubriera desde el cielo una auténtica marea rojiblanca serpenteando por las rampas del Angliru.
El viaje hasta el área recreativa de Viapará apenas sirvió para rebajar los nervios. El Sporting había cuidado hasta el último detalle y el despliegue comenzó a descubrirse nada más bajar del autobús. Un dron seguiría toda la ascensión desde el aire. Un motorista iría adelantando continuamente a la expedición para buscar nuevos planos. Varias cámaras esperarían repartidas por distintos puntos del recorrido. Una furgoneta acompañaría al grupo cargada de agua, bebidas isotónicas, frutos secos y gominolas para aliviar el desgaste físico de los participantes. Otra, perteneciente a la Fundación ELA Asturias, serviría para dar visibilidad a una enfermedad que precisamente constituía uno de los grandes mensajes de la jornada. Incluso una ambulancia esperaba al pie del puerto para cubrir cualquier incidencia, aunque la dureza del Angliru terminaría provocando una escena casi irónica y sería el propio vehículo el que acabaría averiándose durante la subida. Todo estaba preparado para afrontar siete kilómetros y medio de ascensión hasta la cima en una jornada sofocante, con temperaturas que rozaban los 36 grados y pendientes superiores al 23 por ciento en la temida Cueña les Cabres.
Mientras el equipo audiovisual terminaba de preparar el rodaje apareció la otra gran protagonista silenciosa del día: la Joëlette. La silla todoterreno llegada desde el País Vasco gracias a la asociación Ezina Ekinez Egina, especializada en acercar la montaña a personas con movilidad reducida. Valorada en unos 4.000 euros y adquirida por el Ayuntamiento de Amurrio, la silla dispone de un sistema de barras y cintas de tracción que permite repartir el esfuerzo entre varias personas mientras otra controla desde atrás el equilibrio y el freno. Para Abel Fernández, uno de los miembros de la asociación, aquella mañana suponía cerrar una historia iniciada varios años antes. «Yo no conocía de nada a Capi. Vi el documental de Salomon sobre el récord del Angliru y fue ahí cuando descubrí que tenía ELA. Le escribí por Facebook preguntándole si le apetecía volver a subir el Angliru. En enero de 2022 me presenté por sorpresa en su casa con la silla». La promesa que hizo aquel día terminaba por cumplirse. «Fue muy emocionante. Sacamos fuerzas de donde fuese. Nos vamos siendo un poco del Sporting. El club consiguió juntar valores con el deporte que más le gusta a él. Que jugadores que están de vacaciones se impliquen así dice muchísimo».
Antes de comenzar la ascensión, Capi pidió unos segundos. Frente a él aguardaban casi sesenta personas preparadas para afrontar el puerto más duro de España. Muchos apenas le conocían. Otros llevaban meses trabajando para hacer realidad aquella jornada. Todos guardaron silencio cuando empezó a hablar. «Madrugar para subir una vez más el puerto más duro del mundo. Solo espero que mis sentimientos os ayuden en cada curva y disfrutéis tanto de la subida como yo. Puxa Sporting». Nadie necesitó más explicaciones. La Joëlette empezó a avanzar lentamente. Y, casi sin darse cuenta, aquella expedición dejó de ser un grupo de personas para convertirse en un equipo.
La carretera comenzó a endurecerse casi desde los primeros metros, aunque el grupo todavía encontraba fuerzas para conversar entre relevo y relevo. Todos querían empujar. Todos querían tirar de la Joëlette, aunque solo fuera durante unos minutos. Pablo Vázquez y Guillermo Rosas se tomaron la ascensión casi como una sesión de pretemporada. Volvían una y otra vez a colocarse en cabeza para agarrar las cintas de tracción y ayudar a mover la silla. Roberto Canella, acostumbrado al trail y a la montaña, terminó completamente empapado por el esfuerzo. Lo mismo sucedía con Cote, que había comenzado la subida portando una gran bandera del Sporting y que acabaría utilizándola de la forma más inesperada cuando el sol empezó a castigar con dureza la carretera. En varios momentos, aquella bandera rojiblanca dejó de ondear para convertirse en una improvisada sombra sobre Capi. Era uno de esos pequeños gestos que ninguna campaña puede escribir sobre un guion y que terminan diciendo mucho más que cualquier eslogan.
Desde el cielo, el dron iba dibujando una imagen espectacular. La expedición se convertía por momentos en una inmensa serpiente rojiblanca avanzando lentamente entre el verde del Angliru. Había tramos en los que el grupo permanecía unido y otros en los que inevitablemente se estiraba. Algunos caminaban unos metros por delante. Otros necesitaban bajar el ritmo para recuperar el aliento antes de volver a colocarse junto a la silla. Nadie se quedaba atrás. Siempre aparecía una mano dispuesta a coger un nuevo relevo. Adrián Huber dejó por unas horas la condición de periodista para convertirse en uno más de la expedición. Igor Paskual caminaba con el mismo gesto de esfuerzo que Fernando Sierra, histórico entrenador del Telecable, o que las jugadoras del Sporting Femenino. Ainhoa fue una de las que más tiempo pasó tirando de la Joëlette. Tampoco faltaron Emilio Gutiérrez, Jorge Sariego, Carlos Castroagudín, Jorge Luis, el histórico utillero, ni decenas de trabajadores del club que dejaron a un lado sus funciones habituales para empujar en el sentido más literal de la palabra. Durante buena parte de la subida dejó de importar quién era quién. La montaña terminó igualando a todos.
Las primeras voces de ánimo comenzaron a escucharse casi desde el inicio. «¡Vamos, Capi!». «¡Sí se puede!». «¡Vamos!». Los gritos se repetían una y otra vez mientras el calor hacía cada vez más difícil mantener el ritmo. Los avituallamientos preparados por el Sporting se convirtieron en un pequeño oasis. Agua, bebidas isotónicas, frutos secos y gominolas servían para recuperar fuerzas antes de afrontar los siguientes metros. Aun así, el desgaste era enorme. El termómetro rondaba los 36 grados y el asfalto devolvía un calor insoportable. Incluso los más preparados físicamente comenzaban a acusarlo. Fue entonces cuando apareció uno de esos detalles imposibles de planificar. En mitad de la ascensión, un ganadero llamado Ignacio cruzó el camino con su rebaño de vacas. La escena, completamente improvisada, terminó integrándose de forma natural en una grabación que pretendía precisamente eso: mostrar el Angliru tal y como es, con toda la autenticidad de una montaña desde la que se domina prácticamente toda Asturias. A medida que la carretera ganaba altura empezaban a aparecer vistas privilegiadas sobre el centro de la región. Desde la cima, en los días despejados, es posible distinguir incluso Oviedo, un guiño inevitable a esa idea de ascensión que el Sporting pretende proyectar para la temporada que comienza.
La dureza de la carretera aumentó de golpe al llegar a la Cueña les Cabres. Allí el Angliru enseña su verdadera cara. Las pendientes superan el 23 por ciento y cada metro parece multiplicar el esfuerzo. El club había querido dejar también su huella en ese tramo. El día anterior, varios trabajadores habían pintado sobre el asfalto mensajes que iban apareciendo bajo los pies de los participantes: «Puxa», «Siempre hacia delante», «Da-y pa enriba». Eran frases sencillas, casi invisibles desde lejos, pero adquirían un significado especial precisamente allí, donde más costaba avanzar. También fue el momento en el que las conversaciones desaparecieron. Ya casi nadie hablaba. Solo se escuchaban respiraciones, pasos y algún «¡Vamos, Capi!» que rompía de vez en cuando el silencio de la montaña. Fue también allí donde la Joëlette empezó a cambiar de manos con más frecuencia. Los relevos se sucedían casi sin descanso. Mario y Álex Sabou se colocaron delante para tirar de la silla recordando inevitablemente a su padre. La imagen tenía una fuerza difícil de explicar. Marcel Sabou y Capi habían compartido durante años hospitales, rehabilitación y la misma enfermedad. Ahora eran sus hijos quienes ayudaban a cumplir el sueño que el exfutbolista ya no pudo vivir.
«Después del fallecimiento de mi padre estuvimos muy de bajón. Ver que Capi, aun estando en la situación en la que está, con la traqueotomía y la alimentación asistida, sube el Angliru es una forma de superación. El detalle que tuvo al acordarse de mi padre fue muy bonito y muy emotivo. Nos llevó otra vez a todos aquellos recuerdos», reconocería después Mario Sabou, todavía emocionado. Poco a poco la carretera empezó a suavizarse. La cima ya estaba cerca. Los últimos metros quiso hacerlos la familia. Teresa, la mujer de Capi, y Bruno, su hijo, sportinguista confeso y uno de los grandes impulsores de la relación entre su padre y el Sporting, se colocaron junto a la silla para completar juntos la ascensión. Julia también les acompañaba. Después de casi tres horas de esfuerzo, la Joëlette alcanzó por fin la explanada del Angliru. Eran cerca de las dos de la tarde.
Primero llegó una ovación cerrada. Después, un silencio. Probablemente ese silencio explicó mejor que cualquier discurso lo que acababa de ocurrir. Capi tomó la palabra visiblemente emocionado. Entre lágrimas quiso acordarse de Marcel Sabou y de todos los enfermos de ELA que ya no podían vivir un momento como aquel. «Subir el Angliru siempre es emocionante para mí. Hacerlo empujado por jugadores de la primera plantilla, tanto masculina como femenina, así como por leyendas como Eloy, Cote o Canella, es un tremendo orgullo. Creo que fue un día inolvidable para todos los que estuvimos allí», explicó después en declaraciones a LA NUEVA ESPAÑA.
La emoción terminó desbordando a toda la expedición. Teresa y Bruno rompieron por fin la entereza que habían mantenido durante toda la subida. También Mario y Álex Sabou. Muchos de los presentes apenas conocían a Capi unas horas antes y, sin embargo, lloraban con él. «La verdad es que el club se está volcando conmigo desde hace meses y tanto mi familia como yo estamos muy agradecidos a todo lo que estamos viviendo. Pero es que, además, la visibilidad que un club de fútbol como el Sporting permite dar a una problemática como la mía es incalculable. Solo puedo decir una cosa: gracias», resumía Capitán. También quiso detenerse en Marcel Sabou. «Marcel es un referente del sportinguismo y un enfermo más al que esta cruel enfermedad se llevó por delante. Coincidimos varias veces en nuestras rutinarias visitas al hospital y alguna vez nos escribimos para darnos ánimos mutuamente. En un acto sportinguista con la ELA de por medio no podía faltar un recuerdo al bueno de Sabou. Allí estuvieron sus hijos, a los que hasta la fecha no conocía, e hizo que el recuerdo hacia su padre fuera todavía mucho más especial».
Para Teresa Pérez, la jornada también tenía un significado difícil de expresar. «Los síntomas empezaron en el verano de 2014. Él era atleta profesional, cuatro veces subcampeón de España de carreras de montaña y con presencia internacional. Lo más bonito fue ver cómo la mayoría de la gente que subió con él no le conocía y, aun así, empatizó desde el primer momento. Su objetivo siempre ha sido visibilizar la ELA. El cariño que recibió es impagable. Había personas que nunca habían subido el Angliru y esta experiencia será un recuerdo que nos llevaremos para siempre».
Mientras unos seguían abrazándose, otros compartían el final de la jornada alrededor de un bocadillo de jamón, una pieza de fruta, una chocolatina y sidra asturiana, escanciada por Salvador Ondó, campeón del mundo. También hubo cerveza, refrescos y tiempo para mirar hacia atrás. Desde la cima era posible distinguir el camino recorrido y entender de verdad la dimensión del esfuerzo. Teresa aprovechó también para mostrar algunos ejemplares de Enamorado dELA vida, el libro en el que Capi relata cómo un deportista acostumbrado a conquistar montañas aprendió a convivir con una enfermedad que cambió por completo su existencia. Otra forma de seguir dando visibilidad a la ELA.
La expedición todavía permanecería allí un buen rato antes de emprender el regreso. Entre la bajada, la larga sobremesa y el viaje de vuelta, el autobús no regresó a Mareo hasta cerca de las seis de la tarde. Había terminado un día entero de convivencia. También una promesa.
Suscríbete para seguir leyendo
- Fallece Fran Rosal, encargado durante dos décadas del mítico Bulevar de Gijón
- Aparece un nido de ametralladora de la Guerra Civil en El Campón tras la limpieza de una senda por parte del Ayuntamiento de Oviedo
- Pensé que me mataba allí mismo': el relato de una joven lenense atacada brutalmente por un perro en Turón
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir los potentes auriculares inalámbricos más baratos del mercado: están a la mitad de su precio
- Las fresas encontraron en Llanes un suelo 'mejor' que el de Huelva: 'Allí tienen que echar kilos y kilos de abonos para alcanzar nuestra calidad
- La DGT empieza a multar con 200 euros y retirada de seis puntos por usar el GPS del móvil: la Guardia Civil extrema la vigilancia este verano
- Detenidos en Colunga dos veraneantes por propinar un puñetazo a un policía local que les pidió que retiraran su coche de una zona de carga y descarga
- Educación atribuye el elevado número de suspensos en las oposiciones de maestro a "faltas de ortografía y de sintaxis" y a "fallos de compresión lectora"

