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Un adiós a Novoa a la altura de su leyenda en Gijón: "Por encima del fútbol, está la personalidad, y él dejó huella por donde pasó"

"Tuvo muchas pasiones. Una de ellas era su familia: un maravilloso padre, un inmejorable padre y un súper abuelo. Su segunda pasión era el fútbol, del Sporting al Sporting. Y, por último, el golf, al que dedicó buena parte de su tiempo libre", le despide la familia

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Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

Gijón

"Por encima del fútbol está la personalidad; esa es la que deja huella. Y Novoa dejó huella por donde pasó". Las palabras del párroco de San Pedro, Javier Gómez Cuesta, resumieron el sentir de una iglesia abarrotada para despedir a José Manuel Díaz Novoa. Gijón arropó entre lágrimas a una de las mayores leyendas de la historia del Sporting en una ceremonia tan multitudinaria como emotiva, en la que familiares, amigos, exjugadores y varias generaciones de sportinguistas rindieron homenaje a quien dedicó toda una vida al club rojiblanco. La iglesia de San Pedro se quedó pequeña para dar el último adiós al histórico entrenador rojiblanco. El silencio, roto únicamente por la emoción y los abrazos entre los asistentes, marcó una despedida cargada de sentimiento hacia quien lo fue prácticamente todo en el Sporting: entrenador, jugador, secretario técnico y director de la Escuela de Fútbol de Mareo. Un hombre que dejó una profunda huella en el club y en varias generaciones de futbolistas.

Durante la homilía, Javier Gómez Cuesta fue recorriendo la vida deportiva y humana de José Manuel Díaz Novoa. Recordó que "Novoa ha pasado por muchos campos de fútbol, principalmente El Molinón, Sarrià, San Mamés, el Bernabéu… en los más de cuarenta años entregados al deporte del fútbol", antes de afirmar que "hoy gana su mejor partido; el culmen del campeonato de su vida", al recibir "la medalla de oro" del cariño, el aplauso y el agradecimiento de quienes llenaban el templo. El sacerdote destacó que el mayor legado del técnico no fueron únicamente los resultados deportivos, sino el cariño que sembró entre quienes compartieron camino con él. "Los jugadores dicen: ‘Fue para nosotros un padre deportivo’. Fue como un segundo padre. La palabra padre lo define todo. Novoa se lleva el premio de nuestro agradecimiento", afirmó, provocando la emoción de muchos de los presentes.

También recordó que un funeral "es un acto religioso, naturalmente, pero también un acto humano para decir a aquel que se nos va, en este caso, gracias: por su cariño, amistad y la vida compartida". A continuación evocó su faceta más personal, definiéndolo como "un esposo enamorado" que formó una familia junto a María Luisa y como "un padre cariñoso" de María, Silvia y Miguel. "Fuimos muchos los que disfrutamos de su amistad", añadió. Gómez Cuesta subrayó igualmente que el fútbol fue la gran pasión de la vida de Díaz Novoa, especialmente su vinculación con el Sporting. "El fútbol fue su vida. Sobre todo en el equipo de esta ciudad, el Sporting, de gran solera y brillante historia. Que fue verdad lo que decía el himno, que en su tiempo no tenía rival".

Durante su intervención quiso poner el foco en la dimensión educativa del técnico rojiblanco. "Como entrenador fue un maestro de vida que enseñó los valores humanos del deporte, del fútbol. Hay un refrán que dice que en la mesa y en el juego se conoce al caballero. Él trataba de suscitar los valores humanos de sus jugadores. Contaba siempre con cariño preciosas historias de los chavales que entrenó". En esa misma línea insistió en la idea que presidió toda la ceremonia: "El fútbol, además de saber, hay que tener habilidad en el manejo del balón y suerte. Pero encima del fútbol está la personalidad; esa es la que deja huella. Y Novoa dejó huella por donde pasó". El sacerdote recordó también que el entrenador vivió muchos momentos de gloria en el Sporting, junto a otros éxitos y fracasos, y defendió que "justo sería que la ciudad se lo reconociera con algún gesto".

Uno de los momentos más emotivos llegó con la intervención de su yerno, Guillermo Carballido, que, visiblemente emocionado, recordó las tres grandes pasiones que marcaron la vida de José Manuel Díaz Novoa."Tuvo muchas pasiones. Una de ellas era su familia: un maravilloso padre, un inmejorable padre y un súper abuelo. Su segunda pasión era el fútbol, del Sporting al Sporting. Y, por último, el golf, al que dedicó buena parte de su tiempo libre. Gracias por lo que todos nos has dado desinteresadamente. Siempre estarás en el corazón de mucha gente, pero muy especialmente de tus seres queridos". La despedida reunió a buena parte de la familia sportinguista. En la iglesia de San Pedro estuvieron presentes numerosos exjugadores históricos del Sporting, como Mino, Manolo Jiménez, Joaquín Alonso, Eloy Olaya, David Cano, Claudio, José Luis Ablanedo, Juan Carlos Ablanedo, Jorge David o Jaime, entre otros. También acudieron el histórico jefe de prensa del club, Leli Rubiera; el periodista Adrián Huber; Daniel Pinín, en representación de la Federación Asturiana de Fútbol; el respetado médico del Sporting durante décadas, Antonio Maestro; Ramiro Solís, Gerardo Ruiz, Alberto Estrada y otras muchas personas vinculadas durante décadas al entorno rojiblanco.

Al término de la ceremonia, varios de los futbolistas que crecieron bajo sus órdenes quisieron recordar la figura de quien marcó sus carreras. Eloy Olaya aseguró que "es un día triste" y recordó que fue una de las personas que más confió en los jóvenes futbolistas. "Era una persona que a muchos de nosotros, los jóvenes, nos dio confianza para que fuésemos jugadores del Sporting. Daba confianza como entrenador y como director de la Escuela de Mareo. Mareo siempre fue su emblema. Es uno de los entrenadores más importantes de la historia del Sporting. Fue todo: entrenador, jugador, secretario técnico, director de la Escuela. Solo le faltó ser presidente. Lo dio todo por el Sporting. Era el equipo por el que desvivía".

En la misma línea se expresó Jorge David, que definió a Díaz Novoa como el gran maestro de su carrera deportiva. "Es una pérdida muy triste. Fue mi maestro futbolístico. Cuando vine con 18 años al Deportivo Gijón estuve cuatro años con él antes de pasar al primer equipo. El Sporting pierde un icono. Quedaban pocos sportinguistas como él. Miraba por la cantera; siempre que podía tiraba de los chavales, pero no para hacer número, sino para apostar por ellos. Él te subía y te daba confianza. El club se queda sin un icono".

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