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Iosifov lanza al Sporting en Tenerife: victoria 0-1 en el Heliodoro

El equipo rojiblanco sigue al alza y se va líder a la cama tras salir mejor parado en un partido embarullado que desatascó Nikita y donde marcó Sarco

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Enviado especial a Santa Cruz de Tenerife

El talento marca siempre la diferencia. Anoche en el Heliodoro el motor de Iosifov bastó para que el Sporting de Gijón se llevase a Asturias los puntos tras vencer con lo justo (0-1) a un peleón Club Deportivo Tenerife. Suyo fue un jugadón para dar en bandeja el gol a Sarco. Pero antes ya había exhibido su zancada y tacto para asistir a Rosas. La tecnología no fue suficiente para detener a Iosifov, en realidad nadie fue capaz de pararle. El ruso desniveló un partido embarullado, áspero, que parecía condenado al empate. Pero para eso están los jugadores diferenciales. El club ha perdido a Dubasin, pero ha acertado de pleno con este fichaje. Larcamón consigue un estreno casi inmaculado: siete de nueve puntos y cero goles encajados en tres partidos. Ayer, el equipo rojiblanco se fue líder a la cama. En una semana de movimientos, sonríen en Orlegi Sports. De momento, le sale bien la apuesta a José Riestra.

Llegó tarde al campo –apareció el equipo asturiano en taxis por el entorno del Heliodoro, en una escena de película–. Aquello fue sin duda sintomático. Porque después, en el verde, también le costó arrancar a sudar al grupo de Larcamón, siempre de pie en la banda, con el ceño fruncido. El entrenador argentino mantuvo a los mismos jugadores que antes habían superado al Burgos con el matiz de Nacho Martín por el lesionado Manu Rodríguez, que se quedó en Asturias por una tendinitis. Defendía el Sporting con cinco –tres centrales–, pero cuando tenía la pelota la zaga perdía jugadores y ganaba atacantes. Cuenca era central o lateral según el momento, con Iosifov casi como un extremo más.

Tenerife
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0 1
Sporting de Gijón
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0-1, min 68: Sarco

Alineación Tenerife

Dani Martín (1); César (2), Landazuri (2), León (2), Rodríguez (1); Diocou (1), J. Álvarez (1), Juanjo (1), Nacho Gil (1); Moreno (2) y Enric Gallego (1)

CAMBIOS

Noel López (1) por Diocou, min 45. Fernández (1) por Nacho Gil, min 75. Krdzalic (1) por Juanjo, min 75. De Miguel (1) por Enric Gallego, min 80. Pecar (1) por Moreno, min 80.

Alineación Sporting de Gijón

Yáñez (2); Rosas (2), Duñabeitia (1), Vázquez (1), Cuenca (1); Konrad (0), Nacho Martín (1), Corredera (1), Iosifov (3); Gelabert (1) y Otero (1)

CAMBIOS

Loum (1) por Nacho Martín, min 60. Diego (1) por Cuenca, min 60. Sarco (2) por Konrad, min 60. P. García (1) por Iosifov, min 76.


Daniel Miranda (C. Extremeño). Amonestó a los visistantes Rosas, Nacho Martín, Loum, Pablo Vázquez, Duñabeitia

Heliodoro Rodríguez López: 17.045 espectadores

Fue mejor en ese arranque, mucho mejor en realidad, el grupo de Álvaro Cervera, exazul, entrenador siempre calculador, rácano para unos, un genio para otros, capaz en cualquier caso de sacar todo el jugo a sus equipos, sobre todo en los contextos menos amables. Apretó, y de qué manera, el Tenerife, un recién ascendido pero a fin de cuentas también un experto en esta categoría, que acumuló pronto llegadas, aunque no finalizaciones: amenazó Juanjo, Víctor Moreno, un dolor de muelas permanente para la zaga gijonesa, también luego Víctor Moreno, Diocou… Pero a los chicharreros, muy cómodos, se les hacía de noche cuando entraban en el área de un Sporting atemorizado, incómodo, menor que su rival, superado. Parecían los gijoneses aturdidos. Como si cada metro sobre el césped fuese la ascensión a un puerto de montaña. El ritmo, la energía y la presión eran solamente patrimonio de un Tenerife sin duda meritorio que solapaba su falta de talento con fe y vocación, una oda al estilo de «el Gafa».

Tenían un problema de aúpa los asturianos, porque se encontraban entre dos aguas, atrapados: parecían dudar de sus intenciones, incapaces de decidirse a entregar el balón a los locales para después echar a correr, o, si acaso, ponerse a jugar en un centro del campo con cierto talento donde se concentraban Corredera, Nacho Martín y a veces Corredera, de nuevo, lejísimos de Otero, una isla en Canarias. Manoseaban a veces la pelota, de un lado al otro del campo, de aquí a allá. Pero sin ritmo. Ni intención. Ni tampoco mucho colmillo. Solo le ponía nervio el inquieto Otero. Pero era una guerra él solo contra el mundo, que acababa siempre contra el muro que formaban León y Landazuri.

Pero, de repente, el partido viró. Así, sin avisar. Le faltó colmillo y talento al Tenerife. Y el Sporting se soltó por las bandas. La acción sucedió a toda velocidad. Iosifov, un acierto de la comisión deportiva, ahora que ha caído Gerardo, quien también tiene sombras pero en otras ocasiones ha dado en el clavo, ganó la banda izquierda, levantó la cabeza y colocó la pelota en la zona donde suceden las cosas. Ahí apareció el más bajito, pero también quien tiene más corazón: Rosas se dejó las piernas, pegó un brinco y conectó la pelota con la testa para superar a Dani Martín. Golazo. Pero la tecnología tenía otros planes. A Daniel Miranda alguien le advirtió Del Cerro desde el VAR de una acción anterior. De hecho, bastante. Antes, mucho antes, la pelota golpeó con la mano a Konrad, que recibió un empujón. Aquel forcejeo fue falta a los ojos de los colegiados. Lo celebró todavía más que Rosas el Heliodoro. El lateral, de hecho, vio amarilla. Y el partido se fue al descanso.

Aquella acción dejó secuelas, pero afectó de igual manera a los dos. Al Tenerife ese gol tan injustamente anulado a Rosas le hizo dudar. Pensó que ahora también debía mirar hacia atrás. El Sporting, mientras, vio cómo en un partido áspero era incapaz de salir del atasco. Larcamón no tardó demasiado en desvestir a su equipo. Le dio a su grupo un cuarto de hora más. Pero el asunto pintaba feo. Estaba cogiendo el partido un cariz desagradable, cuando metió de golpe a Sarco, Diego y recuperó a Loum, ocho meses después de dejarse el Aquilés en aquel encuentro copero en Mieres.

Los movimientos dieron un rol más protagonista a Iosifov. Y el ruso, un demonio, decidió repetir aquella carrera del primer tiempo. Corrió Nikita, un tipo optimista, que solo firmó un año, y ya no lo detuvo nadie. Dejó atrás a rivales. Pero más allá de esas piernas, que valen dinero, también tiene tacto y talento para acertar donde otros se obcecan. Levantó la cabeza, no se obsesionó con la gloria. Y ahí vio a Sarco, dispuesto a estrenarse como rojiblanco. Vaya momento. El 0-1 dio una enorme alegría al Sporting, que se vio de repente con un enorme botín en sus manos a falta de apenas un rato. Pero no heló al Heliodoro. Cómo ha cambiado el ánimo en este estadio. Cosas de ascensos. Donde antes había crispación, ahora todo es entusiasmo. La gente de Tenerife jaleó a los suyos y el Tete se fue hacia adelante. Diego salvó una acción de valor incalculable. A pesar de los esfuerzos locales, la película acabó. Y el actor destacado fue sin duda Iosifov.

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