19 de enero de 2010
19.01.2010
Terremoto en el país más pobre de América
La crónica

Más cascos azules para pacificar Haití

El temor a una espiral de violencia obliga a la ONU a solicitar el despliegue de 3.500 soldados y policías más - Los marines desembarcan para atajar el pillaje, ante las críticas de Francia: «No se trata de ocupar, sino de ayudar» - La UE destina 430 millones para el rescate y se prepara una conferencia internacional para la reconstrucción de la zona

19.01.2010 | 01:00

Madrid / Bruselas, Agencias

El Apocalipsis lleva bigote en Puerto Príncipe. Para soportar el hedor de los cadáveres cosechados por el terremoto, algunos haitianos han comenzado a untarse el labio superior con pasta de dientes. El aroma mentolado ayuda contra la caries del dolor. Pero no basta. Aunque ya hay 70.000 cadáveres en fosas comunes, empiezan a verse en la calles las primeras hogueras con cuerpos de las víctimas. El fuego es más efectivo que el dentífrico. Las últimas cifras del Gobierno haitiano son las siguientes: 200.000 fallecidos y 250.000 heridos por el seísmo. Pero, como dijo en una entrevista a la cadena de televisión ABC el comandante de las tropas norteamericanas enviadas a la zona, teniente general P. K. Keen, esto es sólo un «punto de partida». El domingo había haitianos rezando con biblias en la mano ante cascotes que fueron iglesias. Mientras, otros, en un terremoto de pillaje, mataban por un harapo en esta ciudad de 300.000 almas sin hogar. Sin cuerpo casi.

¿Cómo contener la amarga representación del fin del mundo que tiene lugar en el Caribe desde el pasado día 12? Medio mundo está manos a la obra. La Unión Europea comprometió ayer 430 millones de euros para labores de emergencia y reconstrucción y ya se prepara para abril una conferencia internacional, a celebrar en la República Dominicana, para intentar reflotar al país más pobre de América. Aunque el Gobierno haitiano reconoce que tiene más alimentos de lo que puede distribuir - ayer el país era un horizonte de manos alzadas a las raciones lanzadas desde camiones- espectáculos con fines benéficos se multiplican por el planeta: partido de fútbol con Kaká y Zidane en Lisboa, telemaratón con George Clooney en la MTV, concierto de «Metallica» en Perú... En España, las cuentas solidarias, como la abierta por la Caixa, superan ya los 5 millones de euros.

Pero no sólo se necesita dinero. El secretario de Naciones Unidas Ban Ki Moon pidió ayer al Consejo de Seguridad el despliegue de 3.500 efectivos más, 1.500 policías y 2.000 soldados. La Unión Europea enviará a 150 efectivos de la Gendarmería Eropea. Hace falta imponer el orden en un país de muertos y lobos, donde ahora se teme una espiral de violencia de imprevisibles consecuencias. Los corresponsales en la zona fueron ayer informados de que el temor ahora radica en que los partidarios del depuesto presidente Jean Bertrand Aristide estén reorganizándose y aprovechando el virtual vacío de poder (todos los senadores murieron en el terremoto) para hacerse con el Gobierno. Las cosas aún pueden ir a peor en el infierno.

El ex presidente estadounidense Bill Clinton, que pasó su luna de miel en el país hace 35 años, se dejaba fotografiar ayer repartiendo ayuda humanitaria. No era, ni mucho menos, el único estadounidense en la zona. El despliegue de los 14.000 soldados de la mítica 82 División Aerotransportada de los Estados Unidos, apoyada por el portaaviones USS «Carl Vinson» y el buque hospital de la Marina «Confort», fue ayer objeto de una controversia entre países que, en mitad de este vertedero de carne descompuesta y escombros ensangrentados, casi requería un bigote de dentífrico para escucharla.

Francia, antigua metrópoli de Haití, protestó por la presencia de los ejércitos de Obama en su ex colonia caribeña. El secretario de Estado de Cooperación francés, Alain Joyandet, afirmó ayer que la ONU debe precisar el papel de EE UU en la ayuda humanitaria a Haití, porque «no se trata de ocupar el país, sino de ayudarlo a que recobre la vida». Fue una crítica que encontró eco, a coro, entre presidentes de la zona como el nicaragüense Daniel Ortega y el venezolano Chávez, que ayer, en su programa televisivo semanal, también condenaba la consola Play Station por ser un «veneno capitalista».

El motivo de la protesta francesa es que las tropas estadounidenses controlan el aeropuerto de Puerto Príncipe. Un día después del terremoto comenzaron a operar desde una pista por la que han pasado 600 aviones con personal humanitario, suministros de primera necesidad y evacuados. Sin embargo, un avión francés que transportaba ayer un hospital móvil tuvo problemas para aterrizar y esto molestó al representante francés. Francia dice que va a enviar 1.000 soldados a ayudar en el rescate y reconstrucción.

Pocas horas después de la protesta de Alain Joyandet, Estados Unidos intentaba acallar las críticas con un comunicado conjunto con el Ejecutivo haitiano en el que el país caribeño considera «esenciales» sus esfuerzos y ha solicitado su asistencia. El presidente de Haití, René Préval considera «esenciales los esfuerzos del Gobierno y de los ciudadanos estadounidenses en Haití en apoyo de la recuperación inmediata, la estabilidad y la reconstrucción a largo plazo de Haití», dice la nota. Por su parte, a su vez, la jefa de la diplomacia de la UE, Catherine Ashton, afirmó que más que «ayuda militar» por parte de Europa se necesita más y mejor coordinación para que la ayuda llegue a los afectados.

Mientras tanto, siguen las tareas de rescate. Los efectivos españoles destacados en la zona han rescatado ya a diez personas, incluido el bebé que fue sacado de los escombros por los bomberos de Castilla y León. Pero no todos han tenido la misma suerte. Unos 1.200 ciudadanos comunitarios siguen desaparecidos, de los 2.400 que había. Entre los que aún no han aparecido está Pilar Juárez, funcionaria de la Embajada española, nacida en La Granja (Segovia) hace 53 años. Después de descartar que fuera el suyo el cadáver encontrado, la familia espera tener las listas de hospitales con heridos por el terremoto, no sólo en Haití, sino en diversos países, para desplazarse y buscarla. Su esposo, José Valverde, desde Santo Domingo, reconoce que «no hay que hacerse ilusiones», pero asegura que no van desistir. Tiene que aparecer: viva o su cadáver.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook