05 de septiembre de 2011
05.09.2011
La Llaneza, sobrecogida 

La Guardia Civil amplía la búsqueda del hermano del ganadero muerto en Tineo

«No hay un sospechoso claro», resaltan fuentes de la investigación l Vecinos y familiares despiden al fallecido en su entierro

05.09.2011 | 02:00
El féretro, a la salida, de la misa celebrada, ayer, en la iglesia de San Pedro en Tineo.

La Llaneza (Tineo),

Lorena VALDÉS

«Manolo era una grandísima persona, muy formal, incapaz de hacer daño a nadie; en la zona lo conocía todo el mundo». Los vecinos de Manuel Rodríguez Villar, el transportista y ganadero de 49 años de edad que fue encontrado muerto el sábado en una cabaña del pueblo de La Llaneza (Tineo), con un fuerte golpe en la cabeza, acudían ayer a su entierro celebrado en la iglesia de San Pedro de la capital del concejo, sin terminar de creerse el fatal desenlace.

Por su parte, la Guardia Civil siguió durante toda la jornada buscando, sin éxito, por los montes cercanos a la casa familiar al hermano menor del fallecido, Tomás Rodríguez Villar, de 41 años, quien usaba para vivir la cabaña donde los agentes hallaron el cuerpo sin vida del transportista. Los lugareños destacan que el desaparecido, que no se encuentra en condiciones mentales óptimas, vivía como un ermitaño y apenas tenía trato con el difunto y con su padre, que padece una enfermedad senil. «Lleva años escondiéndose de todo el mundo y viviendo en los refugios que creaba por el monte, sin bajar al pueblo». «No les será fácil encontrarlo», advierten quienes le conocen.

Pese a las sospechas de algunos vecinos de que Tomás Rodríguez pudiese estar implicado en la muerte de su hermano, lo cierto es que fuentes de la investigación señalan que «de momento no hay un sospechoso claro» y el juez encargado del suceso ha decretado el secreto del sumario. La Guardia Civil ampliará hoy la búsqueda, un rastreo complicado al tratarse de una zona de montaña escarpada y con mucha vegetación. «La última vez que vi a Tomás fue en junio del año pasado cuando bajó a un prao del pueblo para la campaña de saneamiento de su ganado. Él huye siempre de la gente», explica una vecina que prefiere no desvelar su identidad por miedo a represalias. «Quiero que lo encuentren ya, tengo miedo», confiesa la mujer de esta aldea en la que viven una decena de personas.

A pocos kilómetros de La Llaneza, en Villatresmil, los clientes del bar Casa Enrique, parada obligada del fallecido, lamentaban su pérdida. «Le gustaba venir a echar la partida, jugábamos a la brisca y él se sentaba siempre en la misma esquina de esa mesa», recuerda uno de sus compañeros. «¡Era muy aficionado a la caza y le encantaba reunirse aquí con las cuadrillas y compartir comilonas!», señala otro cliente. Amante de la buena mesa, Manolo, como le conocían sus allegados, había comprado semanas atrás dos corderos para celebrar una de esas comilonas con sus amigos precisamente el día que apareció muerto. El banquete nunca llegó a celebrarse.

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