15 de mayo de 2018
15.05.2018

El descuartizador de Vallobín, fuera de prisión ocho años después del crimen

Pablo Blanco, que fue condenado a nueve años y diez meses de prisión por la muerte de su hermana, vive en un piso tutelado y se pasea por Oviedo

15.05.2018 | 04:04
Pablo Blanco.

Participó en uno de los crímenes más espeluznantes que se hayan registrado en Oviedo, la muerte y descuartizamiento de María Luisa Blanco en un piso de Vallobín, la noche de San Juan de 2009. Pablo Blanco, el hermano de la mujer, que fue quien la seccionó en la bañera de la vivienda, fue condenado inicialmente a 28 años de cárcel, que el Supremo redujo posteriormente a nueve años y diez meses. Cuando aún no se han cumplido nueve años de aquel crimen, Pablo ya se pasea en libertad por las calles de Oviedo. Ayer pudo vérsele por el barrio ovetense de Pumarín, cerca del piso tutelado de una asociación que rehabilita a reclusos.

Pablo Blanco obtuvo un tercer grado especial el pasado mes de noviembre. Su letrado, Fernando Barutell, solicitó este cambio de régimen, y el equipo psicosocial de la prisión de Asturias emitió un informe favorable. Sin embargo, Instituciones Penitenciarias le denegó el tercer grado. El letrado recurrió ante el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria, cuya titular autorizó el cambio de régimen, que evita a Blanco tener que cumplir el tercer grado en el Centro de Inserción Social (CIS) y poder permanecer en un piso, a cargo de una tutora. El fiscal se opuso a la medida, según fuentes cercanas.

Pablo Blanco, que se muestra muy arrepentido de lo que ocurrió, tiene un contacto frecuente con su padre, Gil Blanco, y con su madre, Rosario Blanco, testigo y víctima del régimen de terror que se instauró en el piso de la calle Mariscal Solís por los principales autores del crimen: Jesús Villabrille, "El Duque"; su pareja, Larisa L. R., que tenía entonces 17 años, y Cristian Mesa, condenados a largas penas de prisión. Blanco trata de olvidar aquella espeluznante pesadilla, en la que fue obligado incluso a mantener relaciones con su hermana. Guarda un gran agradecimiento a los responsables de la prisión de Asturias, que le ayudaron a "normalizar" su vida.

María Luisa Blanco falleció después de una interminable sesión de torturas, en la que se ensañó especialmente Larisa L. R. Tras tundirla a golpes y obligarla a permanecer de pie largo rato -tenía una enfermedad que se lo impedía-, la obligaron a beber el contenido de una botella de whisky, lo que la mató.

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