13 de octubre de 2020
13.10.2020
La Nueva España

La viuda y su amante, ante el juez por matar al marido en Valencia

Los dos acusados por el mediático crimen del ingeniero se enfrentan a 22 y 18 años: él quiere cargar con toda la culpa

13.10.2020 | 01:12
Maje y Antonio, en una foto de archivo.

Serán trece sesiones, trece días de juicio de uno de los sucesos que más atención han suscitado en España en los últimos tiempos, el llamado "caso Maje", al que ha llegado la hora de la verdad. Un fiscal, cuatro abogados defensores y dos acusadores batallarán desde mañana y durante trece días en Valencia para convencer a los nueve jurados -alguno de los elegidos ha recurrido al aducir que es testigo de Jehová- de la culpabilidad o inocencia de los dos acusados del crimen del ingeniero.

Este es Antonio Navarro Cerdán, de Novelda, de 37 años, que trabajaba en Requena y que fue asesinado cuando se dirigía a coger el coche para ir al trabajo, como cada día, el 16 de agosto de 2017, en el garaje comunitario de la calle Calamocha, a escasos metros del cuartel de Patraix de la Guardia Civil. Recibió seis puñaladas con un cuchillo cebollero que le causaron la muerte en pocos minutos. Fue un ataque sorpresivo. Le partieron el corazón y le perforaron los pulmones.

En enero de 2018, agentes del grupo de homicidios de la Policía Nacional de Valencia detuvieron a los dos presuntos asesinos, la mujer de Antonio, María Jesús M. C., "Maje", que tenía solo 26 años cuando enviudó, y Salvador R. L., "Salva", un auxiliar de enfermería compañero de ella en el Hospital de la Salud y veinte años mayor que la que había sido su amante durante los dos años y medio anteriores.

El 12 de enero, fueron llevados ante el juez, y ella, que ante Homicidios había tenido un momento de debilidad y había respondido con un rotundo "sí" a la pregunta de si había planificado y ejecutado junto con Salva el crimen, se echó atrás y culpó a este sin temblarle la voz. Él, por su parte, se enrocó en defenderla a capa y espada y ante el juez juró una y otra vez que Maje no había tenido nada que ver, que era inocente y que él era el único responsable. Salva había declarado dos días antes que el plan era de ambos, aunque la mano ejecutora había sido la suya.

La Policía había tenido que reconstruir el rompecabezas para reunir las pruebas contra los dos inculpados, ciudadanos de clase media, católicos convencidos y practicantes, con trabajo y situación familiar y social acomodada. La cuestión era dar con el móvil del crimen.

La Policía y el juez han concluido que él actuó movido por una profunda obsesión hacia ella, y Maje, movida por liberarse de un matrimonio infeliz y, además, por motivos económicos: conservar el piso y tener pensión de viudedad. Él se expone a 18 años de prisión; ella, a 22.

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