Quería irse de este mundo, pero causando el máximo daño posible a su exmujer. Ginés Priede Junco, el hombre de 68 años que apareció muerto de un escopetazo en la cabeza en un camino de Xixún, en Siero, no murió asesinado. El asunto es mucho más retorcido, como la mente de este burgalés que pasó la mayor parte de su vida en prisión por atracos y estafas. Priede, deprimido, indignado y hundido porque no le concedían una pensión, a punto de ser desahuciado de la casa en que vivía por su propia expareja, decidió quitarse la vida, pero simulando que le habían asesinado, de forma que las investigaciones se centrasen en la mujer, con la que tenía una relación muy tensa y a la que culpaba de todos sus males.

Para cumplir sus planes, Ginés echó mano de un antiguo compañero de cárcel, Paulino Ll. G., de 57 años. Este le pidió una escopeta de cañones a un amigo merchero, Alejandro G. R., entonces de 37 años. Decía que era para cometer un robo. En realidad, lo que hizo fue entregársela a Ginés, porque él no estaba dispuesto a pegarle un tiro como le pedía su amigo. Ginés se disparó en la cabeza y murió en el acto. Había buscado en internet si había posibilidad de sobrevivir a un disparo en la cabeza. Paulino, que estaba presente, recogió el arma del suelo y huyó de Xixún, devolviéndosela a Alejandro.

Desde el primero momento, hubo elementos que hicieron sospechar a los agentes de la Guardia Civil. En la casa de la víctima, a unos setenta metros, se había provocado un incendio, pero con la intención de no causar daños estructurales. Además, la dirección de la bala y la postura en que había sido encontrado el cadáver no cuadraban. En el lugar de los hechos se encontró un trozo de madera que podía pertenecer a la culata de una escopeta.

Los agentes indagaron en la vida personal de la víctima. A sus pocos conocidos solo les hablaba de que le iban a desahuciar y que quería suicidarse. La Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo de la Guardia Civil, formada por expertos en psicología y criminología -que ya actuaron en el caso del asesinato del llanisco Javier Ardines- convinieron en que todo apuntaba a un suicidio.

El hecho que despejó la investigación ocurrió un mes después, el 25 de octubre, en el área de Consultas Externas del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Ese día, Alejandro G. R. acudió al centro y se encontró con familiares de su mujer, que, según él, le amenazaron de muerte. Fue al coche a por la recortada -la misma con la que Ginés se había volado la cabeza- y amenazó a los otros, que corrieron a avisar a los vigilantes. Uno de ellos logró interceptar a Alejandro, que llevaba el arma en el bolsillo, cargada con dos cartuchos y lista para disparar. El hombre terminó en la cárcel por un hecho anterior. La recortada quedó depositada en la Intervención de Armas de la Guardia Civil y finalmente se pudo demostrar su utilización en la muerte de Priede, con los que fueron detenidos los dos implicados, Alejandro como propietario del arma y Paulino -ya en prisión por otros delitos- como colaborador al suicidio.