El primer aviso fue de accidente de tráfico. A la altura del desvío hacia El Castillo, en el concejo de Soto del Barco, un Volkswagen Polo se había salido de la carretera (la AS–318). Los guardias que se acercaron al lugar del siniestro comprobaron sus constantes vitales, pero el pintor A. F-C. Á. no las tenía. Pensaron, en un principio, que había muerto como consecuencia del accidente (una salida a la cuneta, en todo caso), pero esa idea se evaporó de manera inmediata: el conductor tenía una sola puñalada profunda a la altura de uno de los hombros. La pérdida de sangre fue lo que se lo llevó de este mundo. En la madrugada de ayer, en pleno toque de queda.

En paralelo al descubrimiento del cadáver se produjo otro accidente. En esta ocasión, en Cancienes, en el concejo de Corvera. Un joven de 24 años, natural de Rumanía, fue la víctima del segundo siniestro. La Guardia Civil ató cabos con facilidad: el joven era el presunto autor de la puñalada mortal que había acabado con la vida del artista.

El hilo que une los dos escenarios es el siguiente: el pintor había huido de su agresor después de que este le hubiera hundido una herramienta de hoja fina en el cuerpo un rato antes, en El Pico, en San Juan de La Arena, concretamente en la casa 104 de la avenida Río Nalón, en la misma entrada a la localidad sotobarquense en la que terminó su vida.

El agresor apuñaló a su víctima tras una discusión de madrugada

La puñalada, presumiblemente, fue el punto final de una discusión de madrugada. Al parecer, el presunto homicida quería salir a comprar droga. Los desplazamientos a partir de las diez de la noche están prohibidos como consecuencia de la expansión del coronavirus. Este mendigo de La Arena compartía casa “desde hace, al menos, cuatro años”, afirman en la localidad, con otro rumano y con el propietario del inmueble, un jubilado conocido en la villa que acogía a los dos jóvenes en el domicilio.

Un trabajador que tenía que entrar en Arcelor a las seis de la mañana de ayer vio desde el coche a “guardias a la entrada del pueblo, y un reguero de sangre enorme muy escandaloso”. “Debían de ser como las cinco”, añade entre dudas horas después del crimen. Las autoridades judiciales estaban presentes en la carretera en la que descubrieron al pintor pasadas las dos de la madrugada. El levantamiento del cadáver y el traslado al Instituto de Medicina Legal fue pasada las tres de la madrugada.

La víctima tenía 60 años, había tenido un restaurante en Gijón y visitaba la casa del Pico en donde le apuñalaron desde hace “algún tiempo”.

Las fuerzas del orden y los arenescos saben que el agresor y homicida “recogía chatarra y buscaba por los contenedores de la basura”. Además, pedía limosna en la puerta de un supermercado de la villa con regularidad. Allí le sitúan la mayor parte de los testimonios recogidos por este periódico.

“Iba a lo suyo, no molestaba”, admiten en el pueblo. Se le conocen amonestaciones que la Policía le había impuesto por no respetar las prohibiciones de movimiento de los sucesivos estados de alarma de esta pasada primavera.

La presencia del rumano en La Arena está vinculada al jubilado propietario de la casa del Pico. Los vecinos dicen que este invitó al joven a su casa en un primer momento y que, algunos meses después, apareció el segundo rumano. El artista fallecido vivía ahora en Lugones, el concejo de Siero, hacía donde las primeras indagaciones apuntan que se dirigía tras resultar herido.

Movía su trabajo artístico a través de las redes sociales.

La Guardia Civil le detuvo muy pronto y esta mañana pasa a disposición de la jueza de Pravia

El presunto agresor pasará hoy a disposición judicial en Pravia, dado que la investigación se dirige desde esta sede judicial.

La salida de la víctima de la casa del Pico fue rápida camino de su casa sierense, pero la conducción, lenta. Los borbotones de sangre que salían de la cuchillada que el rumano le había hecho en el hombro poco a poco le fueron dejando sin aliento. El último de todos lo dio cuando perdió el control de su coche. En El Castillo. Ya sin defensa.

San Juan de La Arena es una población de poco más de 700 habitantes en invierno marcada en los últimos años por varios sucesos sangrientos. El primero fue el doble asesinato, a hachazos y puñaladas, de los hermanos octogenarios Isabel y Manuel Fernández en 2004. El parricidio después de las niñas Amets y Sara, del que el próximo día 27 se cumple el sexto aniversario, todavía resuena en la comarca.

El fallecido regentó un restaurante en Gijón para dedicarse después a las artes plásticas

El fallecido tras ser apuñalado en San Juan de la Arena, A. F-C. Á., había regentado un negocio de hostelería en Gijón junto a su pareja. Estaba situado en un céntrico barrio de la ciudad. El local funcionó con gran éxito durante varios años. Después de aquella etapa optó por dedicarse a otras actividades. A. F-C. Á. dejó Gijón y se fue a vivir al vecino concejo de Siero. Allí era propietario de un gran local donde ofrecía sus obras de arte, su otra afición tras su etapa en la hostelería y la restauración.

Sus vecinos señalan que se solían cruzar con él “desayunando en la cafetería”, pero apuntan que no tenían “mayor relación, ya que la mayoría del tiempo tenía el local cerrado, solo salía y entraba”.

En los últimos tiempos era habitual que el fallecido participara en exposiciones y otros eventos vinculados a las artes plásticas. 

El recorrido



  • La discusión. La víctima y su presunto agresor estaban en la madrugada del jueves en el interior de una casa en la localidad del Pico, en San Juan de La Arena. Allí le asestó una puñaladas.
  • La huida. La víctima salió de la casa y se subió a su volkswagen Polo, lo puso en marcha, pero no pudo ir más allá de El Castillo, unos pocos cientos de metros más allá.
  • El segundo accidente. El agresor cayó en Cancienes, tras otro siniestro.