Manolita V. P. llevaba años trabajando en casa de una familia de Lugones como “empleada de hogar”. A la hija de los dueños –ya muy mayores– le había faltado un par de zapatos, pero no le dio importancia. Cuando lo que desapareció fue un sobre con dinero, decidió echar a la mujer, “la única extraña que entraba”. Manolita, dijo la denunciante ayer en el juicio celebrado en el Juzgado de lo penal número 2 de Oviedo, sabía que había una caja fuerte escondida tras un aparador. Solo ella, añadió la denunciante, pudo dar el soplo a los dos individuos que, en noviembre de 2016, entraron en su casa haciéndose pasar por policías y se llevaron 2.000 euros y un puñado de joyas. Uno resultó ser el hermano de Manolita, Ignacio V. P., extoxicómano, y ahora en prisión.

Manolita negó haber robado a la familia. Tampoco informó a su hermano. “Llevo sin hablar con él 20 años. Lo denuncié dos veces, una por robar a mi cuñado. La última vez que le vi fue en el entierro de mi madre, hace seis años”, aseguró. Manolita añadió que en la casa había sobres con dinero por todas partes, y que allí entraban familiares y gente para hacer obras.

Ignacio, defendido por Ramón Rodríguez Sánchez, aseguró que el día que ocurrieron los hechos estaba en Orense, donde vive. “Estaba entregando una analítica de orina y luego fui a Comisaría, hace años que no vuelvo a Asturias”, dijo. Le pillaron porque vendió las joyas robadas con su carné en Monforte. “Las joyas eran de mi pareja, de la herencia de su abuela, no eran robadas”, defendió. La fiscal no se creyó el cuento y mantuvo un año y cinco meses para él, cinco meses para ella. Las defensas pidieron la libre absolución. Alternativamente admitieron el delito, con la atenuante de dilaciones indebidas.