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Caso Abierto - La Nueva España

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El acusado de matar a Erika fue detenido el año pasado por acosar a varias chicas en Oviedo

La Policía científica recaba nuevas pruebas para acusar a Igor P., que permanece en la UVI tras ser operado de las lesiones que se autoinfligió

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En imágenes: Conmoción en Oviedo por el asesinato de una niña de 14 años en Vallobín

Igor P., el presunto asesino de la niña Erika Yunga Alvarado, probablemente consiga esquivar la muerte como hace un año había esquivado la acción de la Justicia. Ayer, el moldavo de 31 años fue trasladado a la unidad de cuidados intensivos del HUCA, con pronóstico grave pero estable, después de que los cirujanos le salvasen la vida restañando las heridas que se autoinfligió tras, presuntamente, matar a cuchilladas a la adolescente de 14 años en el rellano de su piso en el número 69 de Vázquez de Mella. Meses antes, Igor P. logró salir indemne tras ser detenido por acosar verbalmente a varias chicas en Oviedo. Una de ellas le denunció ante la Policía, que procedió a su detención. Pero el caso no pasó de ahí y el presunto asesino de Erika permaneció en libertad.

Fuentes policiales precisan que aquel presunto caso de acoso se produjo en otro barrio de la ciudad que no era el de Vallobín, donde el supuesto asesino de Erika Yunga era poco menos que un espectro fantasmal. Ni los vecinos, ni el carnicero, ni en la cafetería sabían nada del hombre de 31 años que, según apuntan todos los indicios, agredió y asesinó brutalmente a la joven de 14 años cuando subía por las escaleras a su casa. Pero el año pasado, en otra zona de la capital, Igor P. atemorizó a varias chicas por, presuntamente, acosarlas verbalmente por la calle, un suceso que precipitó su detención. El moldavo contaba, pues, con antecedentes policiales pero no penales, ya que el acoso verbal es un delito leve.

De su llegada al barrio poco se sabe. Según el testimonios de varios vecinos, que ayer seguían visiblemente afectados por la tragedia de la joven Erika y sobrepasados por la presencia de un gran número de periodistas, quien más veces lo había visto, su vecino de puerta, solo se habría cruzado con él un par de veces. La primera habría sido junto a la casera, que fue vecina del número 69 de Vázquez de Mella durante años. La mujer presentó a su vecino al nuevo inquilino y le habría comentado que el hombre estaba buscando una plaza de garaje en la zona. La segunda, alguna vez al bajar la basura al portal. Por lo demás, no consta ningún comportamiento extraño del individuo.

La idea, no obstante, del miedo al vecino del que nada se sabe parecía haber calado ya en este barrio del Oeste de Oviedo, golpeado en otras ocasiones por crímenes violentos. Así lo contaban en una tienda de alimentación próxima una de las encargadas: “Las señoras mayores ya me lo han dicho hoy, que ahora andan con miedo, que no puedes saber quién tienes viviendo al lado de casa”.

Los investigadores de la Policía Nacional retornaron ayer a ese portal del número 69 de Vázquez de Mella para seguir recabando datos y pruebas que les permitieran esclarecer los detalles del caso. A última hora de la tarde de ayer, agentes de la Policía científica abandonaban el lugar de los hechos con varias bolsas de plástico. Y mientras en el portal en el que se produjo el brutal asesinato investigadores de la Policía Nacional entraban y salían y los vecinos colocaban un cartel para impedir el acceso a terceras personas, en el HUCA el acusado permanecía en la UVI.

Según fuentes médicas, el hombre, que presentaba múltiples lesiones autoinfligidas por todo el cuerpo, en especial en el tórax, había sido intervenido quirúrgicamente entre las diez de la noche del martes y la madrugada. Salió de la operación y fue trasladado a la UVI, donde permaneció la mayor parte de la jornada intubado y sedado. Las mismas fuentes indicaron que pese a que su estado es grave, con arterias importantes afectadas por los cortes que él mismo se provocó después de haber asesinado a Erika, arrastrarla a su domicilio y atrincherarse en el baño, no se teme por su vida. La previsión es que, salvo nuevas complicaciones, el detenido pueda superar las múltiples lesiones.

El juez podría pedir la prisión permanente revisable


La investigación para clarificar la muerte de Erika Yunga Alvarado avanza con rapidez. Ayer, fuentes próximas a la investigación avanzaron a la agencia Efe que la Policía Nacional trabaja sobre una imputación inicial de un delito de asesinato contra Igor P. Esta calificación sería únicamente a efectos de la investigación policial, no referente a una imputación penal que aún no se ha iniciado. No obstante, fuentes jurídicas indican a LA NUEVA ESPAÑA que la imputación judicial por asesinato es “muy probable”, debido principalmente a que se puede achacar al crimen el grado de alevosía. De ser encontrado culpable, el acusado tendría que cumplir una pena de prisión entre los quince y los veinticinco años. Pero en el caso del crimen de Erika, hay una condición que podría incrementar la pena de cárcel: la edad de la víctima. Según la última reforma del Código Penal, toda vez que Erika tenía menos de dieciséis años de edad, el juez podría acordar (si así lo solicita la Fiscalía o la acusación particular) una pena de prisión permanente revisable al reo, de ser declarado culpable.

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