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La desaparición de Nathaly Salazar ante la desesperante investigación en Perú: ¿Imprudencia en una tirolina o víctima de depredadores?

TAMARA MORILLO | MADRID

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Ya suman siete, más de siete años sin saber. La voz que escuchan es la de Alexandra Ayala. Es la madre de Nathaly. Es la voz de la búsqueda. En este audio clama por encontrar a su hija. Lo hace en un juicio en el que tenía enfrente a los dos únicos condenados por su desaparición. Su hija partió desde Valencia a Ecuador y de Ecuador a Perú. Viajaba de mochilera. En Perú, el 2 de enero de 2018, se perdió su pista. Avisó en casa: estaré todo el día de excursión por la zona del Valle Sagrado de los Incas. La hipótesis oficial, la que impera -la que dieron por buena- es que aquel día Nathaly tuvo un accidente en una tirolina que cruzaba el citado valle. Se desató un temporal, una fuerte lluvia y fallaron los frenos. Dicen que murió en el acto.

Tras unos días sin respuesta, se activó la alarma. La intervención de la policía española, que viajó a Perú, permitió reconstruir sus pasos. Su pista se pierde, efectivamente, en la tirolina del Valle Sagrado. Detuvieron a dos personas: Luzgardo Pillco, de 21 años -el instructor- y Jainor Huillca, amigo de este y taxista que le recomendó la actividad y estuvo con ella, de 19. Ambos dijeron que Nathaly había muerto por accidente. Que tras fallecer subida en la atracción, “por miedo”, tiraron su cuerpo. Homicidio culposo (imprudente), dictó la sentencia.

Siete años después no hay rastro de ella. La familia afirma: “Han ido peritos para comprobar si hubo un accidente… Nunca hubo rastro de sangre, nunca hubo rastro de que se hubiera levantado un tornillo, alguna cuerda mal sujetada. No hubo nada, absolutamente nada”. ¿Qué le ocurrió a Nathaly Salazar? ¿Dónde está? ¿Por qué no aparece? Siempre las mismas preguntas y, casi ocho años después, siguen sin respuesta.Su familia la espera. Nathaly, simplemente, no aparece.

Nathaly Salazar
1.
El viaje

“Me voy de viaje, quiero conocer cómo se desarrolla el turismo en los países de América Latina”. El anunció llegó el 17 de septiembre de 2017, justo cuando cumplió 28 años. Ya había viajado antes, había recorrido Europa de mochilera, aunque nunca sola. “Al principio era una travesía de 3 meses”, describe Alexandra su madre. Aventurera, activa, deportista, Nathaly no dudó, organizó todo desde Valencia y un año después se subía al avión para comenzar su viaje.

Sensible, empática, siempre sonriente, sociable y extremadamente confiada. Hacer amigos era su punto fuerte. Técnico de multiaventura, amante de vivir nuevas experiencias, con 29 años, ya había pilotado una avioneta, hecho submarinismo. “Su ilusión era comprar una casa, convertirla en hotel y ofrecer la mejor experiencia de turismo”, recuerdan en casa. Nathaly llegó a Ecuador, Quito, y visitó Guayaquil, y de Ecuador se fue a Perú.

En su aventura, una costumbre que se hizo norma: contactar con la familia y/o avisar si la cobertura le iba a jugar una mala pasada. “Durante todas sus rutas estuvo como voluntaria y nos iba escribiendo, nos iba contando todo lo que iba haciendo”, recuerda su hermana Tamara. Hizo amigos, otros mochileros, “se iban ayudando entre ellos”. Nathaly, incluso, grababa vídeos que iba compartiendo en redes sociales. Era su diario de viaje.

Miniatura del vídeo sobre la desaparición de Nathaly Salazar
Vídeo: la familia de Nathaly Salazar

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Huella
2.
La excursión

“El día 1, me dijo, mami, mañana (2 de enero) tengo unos tickets para entrar a los sitios de turismo. Como mañana tengo libre, me voy a Maras y a las salineras. Si por si acaso no te llamo es porque no hay cobertura”, revive. “Le dije, bueno… y ella me dijo: entonces por la tarde te llamo, cuando vuelva”. No lo sabía, pero sería la última vez que hablaría con su hija. Ese mismo día se perdió su pista.

A las 6:59:36, tal y como muestran las imágenes de las cámaras del hostal en el que estaba hospedada, a las que ha accedido PRENSA IBÉRICA, estaba en la recepción del hotel para abandonarlo rumbo a la excursión que tenía programada.

Nathaly Salazar

"Su hija estará en la montaña drogada, ya aparecerá. Eso me contestó la policía cuando yo llamaba y llamaba"

Alexandra, madre de Nathaly Salazar

Salió del hostal poco después de las 07:00 horas, como muestran las cámaras. Los siguientes pasos los reconstruye su madre. Los ha conseguido trazar gracias a la investigación familiar, en el terreno, con la ayuda de la policía española.

“Mi hija sale por la mañana. Ella coge un vehículo en la calle Pavitos para irse hasta el Ramal. El Ramal es un sitio donde operan unos taxis piratas que llevan a la gente, a los de allí o a los turistas, a las salineras o a la zona arqueológica de Moray”. Nathaly se sube en uno de estos taxis.

“En el paseo que hacen desde las Salineras a Maras, hay un cartel enorme que dice: ‘El vuelo del Cóndor’”. Es una publicidad de una tirolina que cruza el Valle Sagrado de los Incas. “Entonces mi hija”, continúa Alexandra, “según afirma uno de los condenados, le pregunta ‘¿aquí hacen tirolina?’. Sí, sí, mi amigo es el que el que lleva, el que lo hace, o sea, es el instructor. ¿Entonces, qué le dice Nathaly? ¿Puedes ponerme en contacto?”. El taxista era Jainor Huillca, el instructor amigo era Luzgardo Pillco. Hoy los dos están condenados.

Huella
3.
Salta la alerta

Pasa el 2 de enero. La llamada de Nathaly a casa no llega. “El día 3 deja de escribirnos”, revive su hermana Tamara, “mi madre se preocupa muchísimo porque normalmente cuando vuelve ella de las excursiones, llama. Es verdad que intentamos justificarlo e intentamos bajar un poco el nivel de estrés que tenía mi madre, pero mi madre ya sentía algo”.

Alexandra esa misma madrugada se despertó impactada. Había soñado con Nathaly. En su sueño, a Nathaly le ocurría algo. “Mi hija me pedía auxilio. Yo me levanté gritando", explica. "Mis hijas y mi esposo me decían, no, no te preocupes, está bien. Mi sentimiento seguía, a mi hija le pasaba algo...”. El presentimiento se convierte en certeza. Dejarán pasar un día más; Nathaly, no contesta.

“Comienzo a investigar en Facebook, comienzo a ver todos los me gusta que le habían dado, todos los sitios donde había estado de voluntaria y tal... Y al final llegó al hostal donde estaba mi hermana”, explica Tamara. "El dueño me dice, mira, tu hermana... nos queríamos poner en contacto contigo. Hemos querido ir a poner la denuncia, no nos la han recibido. Tu hermana salió ayer, se iba a unas ruinas de Maras Moray. Y después de eso, no sabemos absolutamente nada, no ha vuelto”.

El viernes 5 de enero, 78 horas después de la desaparición de la joven mochilera, la policía peruana aceptará la denuncia. Se activan, de forma oficial, las alarmas. “Fueron 78 horas desde que desapareció. Y así no habían puesto ni los carteles…”.

Desde casa, Valencia, se instaló el horror, la angustia y el miedo. Con la dificultad, añadida, de buscar cuando se está a miles de kilómetros de distancia. “Empecé a llamar por teléfono a la policía del Perú, de Cuzco, a todos”, revive Alexandra, “señora, no nos ponga nerviosos. Su hija estará en la montaña drogada, ya aparecerá, y me colgaron. O sea, fue algo increíble”. 

Los padres de Nathaly, a los once días de la desaparición, aterrizarían en Perú. “Si mis padres no hubieran ido a buscarla realmente nadie la hubiera buscado”, lamenta su hermana, Tamara.

Huella
4.
La versión oficial

Tras la llegada de la familia a Perú se reconstruyen los pasos de Nathaly. Gracias a la actuación de la familia, de la policía española que aterrizó también en Perú y de una cámara de seguridad, se confirma, efectivamente, que la joven había salido de excursión el 2 de enero, el día que se pierde su rastro. Se confirma el trayecto que narra en las líneas superiores su madre. Se confirma que Nathaly sube al taxi pirata de Jainor. Se hace firme que el amigo de Jainor -al que contacta con Nathaly subida en el coche- es Luzgardo Pillco, instructor de una tirolina que cruzaba el Valle Sagrado de los Incas, en los Andes peruanos. Luzgardo tiene un hueco en el grupo de turistas que atiende esa mañana y ofrece la plaza a Nathaly a buen precio. La joven acude a la actividad.

La versión oficial, la que la Policía construye fundamentalmente a partir del relato de Jainor y Luzgardo, dice que un fallo en los frenos de la tirolina causa la muerte de Nathaly. Ambos declaran que aquel 2 de enero se habría desatado repentinamente una fuerte tormenta y que, pese a que el instructor oficial era Luzgardo, el que ejerció de instructor de Nathaly en realidad fue Jainor, pese a no tener la titulación correspondiente.

Según la versión de ambos, al percatarse de que Nathaly estaba muerta, Jainor habría llamado a Luzgardo para que le ayudara a quitarle el arnés a la joven y meter su cadáver en el maletero del coche en el que la habrían trasladado hasta el río Vilcanota, donde finalmente habrían lanzado su cuerpo. La abandonaron, dicen, por miedo.

Los acusados

Miniatura del vídeo sobre la desaparición de Nathaly Salazar
Vídeo: la familia de Nathaly Salazar

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Las contradicciones

EL TEMPORAL

Nathaly Salazar hace tirolina con un grupo de unas 15 personas. Se desata una tormenta. “Ellos dicen que mi hermana quiso hacer la actividad pese a que al final granizaba y todo lo demás”, explica Tamara. El grupo, ante la lluvia, abandona la actividad. Todos menos Nathaly y Jainor, el taxista que ha llevado a Nathaly hasta la tirolina y que está ejerciendo de instructor pese a no tener la titulación correspondiente. El supuesto gesto de Nathaly sorprende. Ella es técnico de Multiaventura en Valencia, ha ejercido de instructora en nuestro país. “A ver, yo creo que una persona cuando ve que graniza y que una montaña y tal...”, duda Tamara, “y yo creo que ya no es que solo tú no quieras hacer la actividad, es que el propio monitor tiene que pararte y decirte, no, no se puede hacer, ¿no? Un poco de lógica también”. En el cuarto tramo ocurriría todo. “En ese, que es el más largo, mi hija dicen que se da contra una torre de madera y que se queda con las manos así, muerta”.

Huella
5.
Amenazas y extorsión

En total, la familia ha hecho cinco viajes buscando a la joven. Rastreos, batidas, ascensos a montañas a más de 5.000 metros de altitud...Se han rodeado de comuneros de la zona, voluntarios de Cruz Roja, montañeros y rastreadores. Pero el cuerpo de Nathaly no aparece. Han encontrado otros, pero no el de Nathaly.

“Las montañas están llenas de cuerpos porque yo creo que es el método más fácil que tiene la gente, que hace desaparecer, de ocultar un cuerpo. Son zonas inhóspitas y al final encontraban cuerpos, cuerpos que luego no se sabían de quién era porque tardaban mucho el tema forense. Lo único que le sabían decir es que no, que no era mi hermana, porque por temas de rasgos, por temas de edad, pero que todavía faltaba mucho tiempo para saber quién era la persona”.

En parte por estos hallazgos, también por la presión social, la presencia de los padres de Nathaly en Perú no gustaba. “la gente ya estaba harta de que se buscara mi hermana, por así decirlo. Sobre todo, yo creo que la policía estaba cansada de que se hiciera tan mediático que al final una persona desapareciera. Cuando iban al aeropuerto tenían salidas, entradas y tal... y siempre los buscaban hasta el último el rincón de la maleta. Era como… ya han venido 4 o 5 veces, ¿no? Y siempre tienen periodistas fuera porque vienen a buscarla o porque hay alguna una pista más. Eran amenazas indirectas, no amenazas directas, pero tuvieron que dejar de ir”. 

"Las familias de desaparecidos nos sentimos desamparadas. Creo que la gente necesita tener empatía. No descansaré hasta traer a Nathaly a casa"

Alexandra, madre de Nathaly Salazar

A las amenazas se sumó la extorsión. Solo tres personas saben dónde está Nathaly Salazar. Dos de ellos son los condenados por su desaparición y muerte: Luzgardo Pillco y Jainor Huillca. La tercera persona es Herbet Américo Quispe, el abogado de Jainor. O al menos eso quiso hacer ver a la familia. Ilusionaron con decir dónde estaba el cuerpo, pero pusieron precio: 10.000 euros.

“Lo que está escrito en los papeles, no es verdad. Mis patrocinados tienen su propia versión”, afirma Alexandra que le dijo el abogado. Lo hizo en un coche, tras citarla en un punto exacto para hablar. “Ellos quieren decir dónde está… siempre y cuando paguemos los 10.000 dólares. Él abogado, Quispe, quedaría de garante, como quien dice, nos firmaría un documento, un papel diciendo que nos ha asesorado en el caso y que tendríamos que ingresar el dinero en la cuenta de él”. No pagaron. No había garantías de que fuera a ser verdad. No dijeron dónde está el cuerpo. No hablaron, no hablan y temen que, cumplida la condena, no hablarán”.

Ahora, “sabemos por nuestro abogado que Jainor (el taxista pirata) ha pedido que se le retiren los antecedentes penales para poder seguir estudiando para ser policía”. El curso lo empezó en prisión. La madre de Nathaly clama: “le hemos pedido al señor fiscal que por favor no se les quiten los antecedentes penales sin que digan dónde está mi hija, por lo menos, por ese lado, obligarlos. Es lo último que podemos hacer".

"¿Qué clase de policía puede ser un asesino?". La sorpresa se isntala en casa. Una más. “Nos ha tocado enfrentarnos a todos, a jueces, abogados, fiscales, autoridades, policías, a todos. Hemos sido una piedra en sus zapatos que hasta nos amenazaron de muerte. Y por tal razón no hemos podido regresar a buscar a mi hija Nathaly”.

Huella
6.
Sin descanso

Luzgardo y Jainor fueron detenidos diez días después de la desaparición de la joven. Once años de prisión dictó la sentencia, por homicidio culposo (imprudente), encubrimiento, omisión de denuncia y hurto. La tesis oficial, basada principalmente en la declaracion de los condenados, da por bueno el accidente. Tiempo después, por "desproporcionada", les redujeron la pena a siete años y medio”. Les impusieron confesar dónde estaba el cuerpo, el juez les dio un tiempo para que hablasen". No lo hicieron.

Casi ocho años después, la familia de Nathaly sigue clamando respuestas.

Casi ocho años después, la familia de Nathaly sigue clamando respuestas.

Nathaly desapareció en 2018. Nadie sabe dónde está. “No hay una verdad. Ahí todo se tapa, todos los crímenes que se cometen se tapan”, lamenta Alexandra. “Los desmembramientos de las personas, se tapan. A ellos no les importa, lo único que les importa es tapar todo esto para que el turismo vaya, para que el turismo siga arriesgando su vida. Y sigue habiendo muertos. Sigue habiendo desapariciones, la violencia es tal que a las autoridades no les importa. Luchamos contra una corrupción bárbara, bárbara, y seguimos luchando contra esto”, lamenta la mujer.

¿Qué ocurrió? “Sé que mi hija está siendo vendida, ultrajada, utilizada. ¿Y si está muerta?¿Mi hija sufrió? ¿Cómo la mataron? ¿Qué pasó realmente?”, se pregunta su madre una y otra vez.

“Yo creo que a mi hermana la violaron y que hicieron desaparecer el cuerpo, que es la versión que realmente la mayoría de policías con los que he tratado. Pero viva no, no creo que esté. Y hay, hay una parte de mí que también agradece eso no, que no, que no esté sufriendo”.

La esperanza se hace motor y es lo único con lo que pueden hacer frente al dolor. La esperanza de saber, esperanza de poder encontrar: “lucharé por ello mientras Dios me dé vida. Dejaré de luchar el día que me vaya. Pero espero que no les deje ese trabajo a mis hijas de seguir luchando. Eso es lo menos que quiero… Lucharé... Solo queremos traer a nuestra niña a casa”.

PODCAST | La desaparición de Nathaly Salazar


RED DE CONTENIDOS DE PRENSA IBÉRICA

Texto: Tamara Morillo.

Podcast: Tamara Morillo y PI Studio.

Redes sociales: Patricia Morales.

Coordinación: Nekane Chamorro, Marian Navarcorena y Jorge Fauró.

Dirección: Gemma Robles.

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