ASESINATO
Matricidio en Madrid: 57 puñaladas, gritos de "ayuda, ayuda" y una mujer desangrada hasta la muerte
La mujer trató de escapar para buscar ayuda, pero su hijo la arrastró de nuevo al interior de la casa para rematarla

Restos de sangre y la marca de la policía científica en el suelo frente a la puerta de la casa. / EPE
Héctor González
Lo ocurrido anoche en Tetuán parece sacado de una película. Poco antes de la una de la madrugada, los desesperados gritos de auxilio de una mujer despertaron a los vecinos del número 267 de la calle Bravo Murillo, aunque solo uno de ellos acudió en su ayuda. Lo que se encontró al bajar las escaleras fue una escena de pesadilla: ensangrentada de los pies a la cabeza, la víctima había logrado llegar hasta el rellano de la planta tratando de escapar de su hijo, que la perseguía para rematarla cuchillo en mano.
Sin poder hacer nada, este vecino fue testigo en primera persona de cómo el joven alcanzaba a su madre y la arrastraba de nuevo al interior de la vivienda, cerrando la puerta tras de sí. En apenas unos segundos, se hizo el silencio de nuevo en el edificio. Cuando la policía llegó al bloque y accedió al interior de la vivienda, la mujer, de 48 años, agonizaba en el suelo sobre un charco de su propia sangre y con un hilo de vida.
La víctima estaba en parada cardiorrespiratoria y "prácticamente exanguinada", ha explicado esta mmañana el supervisor de guardia de Samur-PC, Emilio Benito. Los agentes intentaron reanimarla durante más de media hora, pero nada pudieron hacer por ella. A su llegada, los sanitarios del Samur tan solo pudieron certificar su muerte.
El hijo, de 22 años, le había asestado un total de 57 puñaladas por todo el cuerpo: 44 en la espalda, 12 en el pecho y una última - y, a la postre, mortal-, en el costado. Cuando se lo llevaban detenido, el joven no dejaba de repetir a gritos que "no quería hacerlo", aseguran los vecinos.
Antes de este fatal desenlace, madre e hijo habían regresado a casa discutiendo. En un momento dado, ya en la puerta de la vivienda, el joven empujó a su madre y, por razones que todavía se desconocen, sacó el cuchillo con el que le arrebató la vida. Según trasladan fuentes policiales, el presunto culpable padece una discapacidad intelectual del 30% y estaba bajo tratamiento médico.
Ni él ni su madre eran muy conocidos entre los demás residentes, pues apenas llevaban un mes y medio viviendo en el edificio junto a la pareja actual de ella, pero a todos ha pillado por sorpresa lo sucedido. Pese al poco tiempo, hasta la fecha nunca había habido ningún problema, asegura una vecina mayor de la misma planta.
Ella, que vive al otro lado del pasillo y por la noche se "quita los cascos", asegura que no oyó nada. Otros sí lo hicieron, pero no se atrevieron a salir por miedo a que les pudiera pasar algo. "Escuchamos que gritaba ayuda, ayuda y fuimos a mirar qué pasaba por la mirilla, pero no nos atrevimos a abrir", cuentan dos chicas jóvenes antes de volver a entrar en una de las puertas cercanas a la vivienda donde ocurrieron los hechos.
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