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Neurociencias

El cerebro tiene un “modo avión” para dormir sin bajar la guardia

Pone de acuerdo a las neuronas que promueven el sueño con las que incitan al movimiento, logrando el equilibrio perfecto para el reposo

El cerebro activa su propio ‘modo avión’ para dormir, bloqueando estímulos sin perder la alerta esencial.

El cerebro activa su propio ‘modo avión’ para dormir, bloqueando estímulos sin perder la alerta esencial. / ChatGPT/T21

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Redacción T21

Madrid

Una red de neuronas se sincroniza para crear un filtro sensorial que nos enseña el arte de descansar sin dejar de estar alerta, una estrategia biológica clave para lograr un descanso profundo y seguro.

Un equipo de neurocientíficos ha descubierto un sofisticado mecanismo en el cerebro de la mosca de la fruta que le permite desconectar del mundo exterior para descansar, sin perder la capacidad de reacción ante estímulos importantes.

El estudio, publicado en la revista Nature, describe cómo la sincronización de diferentes redes neuronales crea un "filtro neuronal" que suprime activamente las señales sensoriales, un hallazgo que podría explicar un principio fundamental sobre cómo se regula el sueño en el reino animal.

El dilema del descanso: desconectar sin ser vulnerable

Para todos los animales, los periodos de descanso son vitales para procesos de recuperación física y mental. Sin embargo, esto presenta un desafío: para descansar eficazmente, el cerebro debe ignorar la corriente constante de información sensorial del entorno, como luces, sonidos o movimientos. Al mismo tiempo, no puede desconectarse por completo, pues debe mantener la vigilancia para despertar ante una amenaza o una señal relevante. Durante mucho tiempo, ha sido un misterio cómo el cerebro logra este delicado equilibrio.

La investigación, liderada por los doctores Davide Raccuglia y David Owald, se centró en el cerebro de la mosca Drosophila melanogaster. Aunque diminuto, su sistema nervioso es lo suficientemente complejo como para compartir principios fundamentales con el de los mamíferos, incluido el de los humanos. Los científicos se enfocaron en una región cerebral llamada complejo central, un área clave para la navegación y la regulación del sueño.

Una "orquesta" neuronal que se sincroniza para el sueño

El equipo descubrió que, durante la noche o cuando una mosca tiene una alta necesidad de dormir, varias redes neuronales del complejo central comienzan a "cantar" en un mismo compás. Específicamente, observaron la aparición de una actividad eléctrica coherente y de baja frecuencia, conocida como actividad de onda lenta (SWA), en distintas redes neuronales que cumplen funciones opuestas.

Las redes clave en este proceso son la red R5 , conocida por promover el sueño, y las células helicon, que impulsan la locomoción y procesan señales visuales. El análisis de las conexiones cerebrales reveló que estas dos redes están íntimamente interconectadas. Utilizando técnicas de imagen avanzadas, los investigadores observaron que, mientras durante el día estas redes actúan de forma independiente, por la noche su actividad de onda lenta se sincroniza a la perfección, oscilando al unísono a un ritmo de aproximadamente 1 Hz.

Esta sincronización no es una simple coincidencia; está finamente regulada por dos factores: el reloj circadiano (el reloj biológico interno que dicta los ciclos de día y noche) y la presión homeostática (la necesidad acumulada de sueño tras un periodo de vigilia). La combinación de ambos factores prepara el escenario para que estas redes neuronales cooperen y crean el estado de quietud necesario para el descanso.

El filtro neuronal en acción: una tira y afloja cancelado

El hallazgo más revelador del estudio es cómo esta sincronización crea un filtro sensorial. Tanto la red R5 (pro-sueño) como las células helicon (pro-movimiento) envían señales a un grupo de neuronas aguas abajo llamadas EPG, que actúan como la brújula interna de la mosca, controlando su dirección y navegación en respuesta a estímulos.

El estudio demostró que estas señales son antagónicas. Por un lado, la activación de las células helicon provoca una fuerte excitación en las neuronas EPG, preparando a la mosca para moverse y reaccionar a su entorno visual. Por otro, la activación de la red R5 produce una inhibición neta en las mismas neuronas EPG, suprimiendo la tendencia al movimiento.

Referencia

Network synchrony creates neural filters promoting quiescence in Drosophila. Davide Raccuglia et al. Nature (2025). DOI:https://doi.org/10.1038/s41586-025-09376-2

Anulación mutua

Cuando llega la noche y ambas redes se sincronizan, envían sus señales opuestas (excitatorias e inhibidoras) a las neuronas EPG de forma simultánea y rítmica. El resultado es que los dos impulsos se anulan mutuamente. Este "tira y afloja" perfectamente coordinado reduce la capacidad de las neuronas EPG para responder a la información visual externa, creando así un estado de quietud. La mosca, aunque sus ojos siguen percibiendo luz, no reacciona a ella porque la señal es efectivamente "filtrada" antes de que pueda traducirse en un comportamiento.

Un filtro "rompible" para mantener la vigilancia

Fundamentalmente, este filtro no es absoluto. Los investigadores lo describen como un filtro "rompible". Para demostrarlo, indujeron artificialmente este estado de quietud en las moscas durante el día mediante la estimulación de la red R5. Comprobaron que las moscas dejaban de responder a estímulos visuales moderados, pero seguían siendo capaces de reaccionar a un estímulo más fuerte e inesperado, como una ráfaga de aire. Esto sugiere que las señales sensoriales muy salientes o de otra modalidad (como la mecanosensorial) pueden "romper" la sincronía de las redes, permitiendo que el animal se despierte y reaccione.

Arquitectura temporal

Este mecanismo proporciona una solución clara al dilema del sueño: permite al cerebro desconectarse para los procesos reparadores del descanso, al tiempo que mantiene una puerta de entrada para las alarmas urgentes.

La investigación propone que la actividad de onda lenta podría ser la arquitectura temporal que permite crear estos filtros neuronales, un principio que podría ser generalizable a otros animales para gestionar la transición entre los estados de vigilia y sueño, pasando de un estado cerebral guiado por el mundo exterior a uno impulsado por procesos internos.

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