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Ciencia y sociedad

Un cambio en el ritmo eléctrico cerebral causado por psicodélicos explicaría las alucinaciones, según un estudio en ratones

Según esta investigación, la actividad en la corteza visual y en zonas de la memoria se intensifica bajo el efecto de psicodélicos, lo que provoca que las expectativas y los recuerdos influyan en la percepción

Un cerebro oscilando entre lo que ve y lo que recuerda: así podrían nacer las visiones psicodélicas.

Un cerebro oscilando entre lo que ve y lo que recuerda: así podrían nacer las visiones psicodélicas. / IA/T21

EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

Madrid

Cuando un psicodélico entra en juego, el cerebro deja de limitarse a ver el mundo y empieza a percibirlo mezclado con sus propios recuerdos y expectativas. Una nueva investigación muestra, por primera vez con gran detalle, cómo ese cambio se inscribe en un ritmo eléctrico cerebral que abre la puerta a distorsiones y alucinaciones visuales.

Cuando tomamos un psicodélico, el mundo no solo se ve “raro”: el cerebro reorganiza de manera muy concreta cómo combina lo que entra por los ojos con lo que ya tiene dentro, sus recuerdos y expectativas.

Un nuevo estudio en ratones y publicado en la revista Communications Biology, muestra que un tipo de psicodélico que actúa sobre los receptores de serotonina 5‑HT2A altera un ritmo eléctrico específico en la corteza visual y en una región ligada a la memoria y la orientación interna, la corteza retrosplenial, de tal modo que la percepción queda más guiada por señales internas y se abre la puerta a distorsiones y alucinaciones visuales.

Desde el punto de vista del sujeto, esas distorsiones no empiezan como escenas completas, sino como pequeñas infidelidades de los sentidos. Los colores parecen demasiado vivos, las superficies “respiran”, las líneas rectas se ondulan, las texturas se llenan de patrones geométricos que no estaban ahí un segundo antes.

A veces basta con cerrar los ojos para que aparezcan túneles de formas cambiantes, rostros imposibles o paisajes que nunca se han visto, pero que se sienten extrañamente familiares, como si la memoria hubiera decidido proyectarse en pantalla grande.

Este gráfico explica cómo los psicodélicos 5‑HT2A refuerzan un ritmo de 5 Hz entre visión y memoria, inclinando la percepción hacia alucinaciones visuales.

Este gráfico explica cómo los psicodélicos 5‑HT2A refuerzan un ritmo de 5 Hz entre visión y memoria, inclinando la percepción hacia alucinaciones visuales. / IA/T21

Alteración cerebral

La diferencia entre una simple ilusión y una alucinación plena está en cuánto manda el cerebro frente a lo que realmente llega de fuera. En condiciones normales, la corteza visual recibe la señal procedente de los ojos y la contrasta con modelos internos sobre “cómo suele ser el mundo”; esa negociación mantiene a raya los errores más groseros.

Bajo psicodélicos, sin embargo, esa balanza se inclina: la actividad en la corteza visual y en zonas que gestionan recuerdos e imágenes internas se vuelve más intensa y más acoplada, de modo que las expectativas, las memorias y la imaginación se imponen con más fuerza sobre lo que realmente está presentando el entorno.

La nueva imnvestigación en ratones aporta una pieza muy concreta a este cuadro general. Cuando el agonista 5‑HT2A aumenta esas oscilaciones de 5 Hz en la corteza visual y en la retrosplenial, está reforzando momentos en los que la percepción se completa “desde arriba”, rellenando huecos con información almacenada en lugar de limitarse a registrar la entrada sensorial.

Ese “relleno perceptivo” es útil en la vida cotidiana, porque nos permite reconocer rápidamente un objeto medio tapado o leer una frase aunque falten letras, pero bajo el efecto del psicodélico se desborda y termina generando formas, escenas y presencias que no tienen un correlato directo en el mundo físico, explican los investigadores en su artículo.

Mezcla cerebral

Dicho de otro modo: lo que llamamos alucinaciones visuales no son simples “errores del ojo”, sino el resultado extremo de un mecanismo normal por el que el cerebro mezcla lo que ve con lo que recuerda y lo que espera ver. Los psicodélicos que actúan sobre los receptores 5‑HT2A empujan ese mecanismo hasta un punto en el que las fronteras entre percepción y memoria se diluyen, y el sujeto contempla una realidad híbrida: parte estímulo, parte recuerdo, parte invención.

Esa mezcla puede vivirse como revelación, como confusión o como amenaza, pero en todos los casos tiene un sustrato común: un cerebro que, durante unas horas, deja de tomar los sentidos como árbitro último y se atreve a imponer sus propias visiones.

Referencia

Psychedelic 5-HT2A agonist increases spontaneous and evoked 5-Hz oscillations in visual and retrosplenial cortex. Callum M. White et al. Communications Biology volume 9, Article number: 216 (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s42003-025-09492-9

Terapia clínica

Para la terapia clínica con psicodélicos, este tipo de resultados aporta algo más que una curiosidad sobre las “lucecitas” en el cerebro: ayuda a anclar en circuitos concretos la idea de que estas sustancias no añaden magia a la mente, sino que exageran mecanismos que ya usamos para dar sentido al mundo. 

Saber que un agonista 5‑HT2A aumenta episodios de actividad rítmica entre la corteza visual y una región que integra memoria y contexto, reforzando el peso de las señales internas sobre las externas, encaja con modelos actuales que explican las alucinaciones como un exceso de “predicciones” del cerebro frente a los datos de los sentidos, y con estudios en humanos que muestran una conectividad más fuerte de arriba abajo durante la imaginería visual con psilocibina.

Esto abre una vía para pensar la terapia no solo en términos de dosis y diagnóstico, sino también de momento y entorno: si el fármaco amplifica la mezcla entre percepción y recuerdos, el contexto seguro, la guía psicológica y el trabajo de integración posterior se vuelven tan importantes como la molécula para que esa ventana de plasticidad y de realidad “híbrida” se traduzca en cambios duraderos y beneficiosos, en lugar de quedarse en un simple viaje espectacular, concluyen los autores de esta investigación.

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