«La Fille du Régiment», ópera con la que Donizetti se dio a conocer en París, estrenada en la Ópera Comique el 11 de febrero de 1840, posibilitó el éxito parisino del compositor a pesar de las críticas iniciales de Berlioz, que incluso le llegó a acusar de plagio. La carga patriótica y exaltación del ejército -en tiempos políticamente muy convulsos- que llevaba implícita la ópera conquistaron a los parisinos convirtiéndose a lo largo del siglo XIX y primeros años del XX en una de las más representadas del repertorio francés.

La ópera no deja de ser una obra menor dentro de la producción donizetiana. No alcanza la categoría de los grandes dramas de Donizetti, «Lucía de Lammermoor», «La Favorita», la «Trilogía Tudor», «Lucrecia Borgia», etc., ni tampoco de las más amables «L'elisir d´amore» y «Don Pasquale», pero es agradable de ver si cuenta con dos protagonistas que dominen los secretos del bel-canto.

Si bien en su momento el personaje de Marie fue el protagonista absoluto de la ópera, desde ya bien entrado el siglo XX el aria «A mes amis», en la que el tenor debe dar nueve does -y que antes se daban en falsete o no se daban- hizo que la ópera pasara a ser vehículo de lucimiento de tenores dotados de extrema facilidad para el agudo. Así Luciano Pavarotti y Alfredo Kraus en el siglo pasado, y Juan Diego Flórez en el actual, cimentaron gran parte de su fama interpretando en escena a Tonio e incorporando con asiduidad a sus recitales el famoso aria.

Hoy hay ya que añadir otro tenor al trío de estrellas aludido. El tinerfeño Celso Albelo, recientemente galardonado como «cantante revelación» en los Premios Líricos Teatro Campoamor, dio el pasado viernes en el Palacio de la Ópera de La Coruña una lección de canto y una exhibición de agudos como pocas veces hemos visto. Sobreponiéndose a una inoportuna intoxicación en los días previos a la función, supo encender al público hasta el punto de tener que «bisar» el «A mes amis». Y por si fueran pocos nueve does, en el «bis» dio once al terminar, entre el delirio del respetable, la frase final con un «militaire et mari» en vez del usual «militaire». Su estupenda versión del «Pour me rapprocher de Marie» del segundo acto -con otro sobreagudo no escrito marca de la casa- y su buena labor en los conjuntos le proporcionaron un merecido éxito, que se suma a los que está consiguiendo allá por donde pasa.

Contribuyó de manera sobresaliente al éxito de la función la soprano Patrizia Ciofi, que supo dibujar una delicada Marie, muy bien cantada e interpretada. Y no desmerecieron el resto de intérpretes, entre los que cabe destacar a Javier Franco como un contenido Sulpice. La conocida actriz Rossy de Palma dio vida a una Duquesa de Krakenthorp que encandiló al publico cantando (amplificada) una conocida canción del folklore gallego. Que por cierto repitió acompañada de todo el elenco tras los aplausos finales, detalle este al que en mi opinión le sobraron minutos. Buenos coros y orquesta, una dirección musical equilibrada y una escenografía clásica con detalles de autor que no «chirriaron» conformaron una divertida función de ópera, elevada por las sobresalientes actuaciones de Ciofi y Albelo a la categoría de muy interesante.

Los aficionados asturianos estamos pues de enhorabuena, ya que en los próximos meses podremos ver en Oviedo tanto a Celso Albelo como a Patricia Ciofi. El primero protagonizará el 30 de noviembre el VIII concierto homenaje a Alfredo Kraus en el auditorio Príncipe Felipe, y la segunda será la protagonista en enero en el Teatro Campoamor de la ópera «L'elisir d'amore», dentro de la temporada ovetense.