No es nada fácil estar sometido a la presión mediática. Y sino que se lo digan a los concursantes de los programas de televisión. Que para lo bueno y para lo malo son figuras cada vez más conocidas. De hecho hay quién dice que este tipo de formatos están explotando en exceso lo conocidos y queridos que son sus concursantes entre la audiencia y que, por lo tanto, ahora ya no se trata de superar programas sino de que se mantenga el mismo tipo de gente en pantalla.

La “moda” de que los concursantes fueran muy conocidos por la audiencia la inauguró Fran González, el asturiano que se llegó a convertir en el crack del rosco de Pasapalabra. Este biólogo vecino de Colloto fue tan querido por la audiencia que incluso se le hizo una pieza en Informativos Telecinco cuando volvió al formato que por aquel entonces se emitía en Telecinco después de una larga ausencia en la que trató de ocuparse de temas “personales”.

Pero también Boom, el formato de Antena 3 que de aquella competía con Pasapalabra, tuvo a unos concursantes tanto o más famosos que Fran. Se trataba de Los Lobos, un grupo de amigos que logró hacer historia de la televisión por dos razones: fueron los que más tiempo estuvieron en pantalla y, además, fueron los que consiguieron el mayor premio entregado en la televisión en abierto en nuestro país.

El éxito de Los Lobos lo tratan ahora de emular Los Dispersos, otro grupo de conocidos que también basa su éxito en el hecho de que son profesionales expertos en campos tan diferentes del saber que pocas preguntas se les escapan. Una de las miembros de este equipo es, de hecho, una arqueóloga llamada Victoria Folgueira, que hace unos días tenía que salir al paso de un escándalo profesional del que se acusaba a esta profesional en redes sociales.

Un usuario de Twitter calificaba de “brutos” a los que habían (supuestamente) lavado a presión piedras milenarias de un monasterio que ahora estaba dañado irreparablemente. Folgueria no dudó en contestar y en poner por delante de todo su profesionalidad. “Esto es falso. Yo hice un informe de estado de conservación durante la limpieza y puedo dar fé de que no se empleó ni agua a presión ni proyección de áridos. Además de mi en el equipo figuraba otro conservador restaurador que dirigió las tareas de limpieza manual de la piedra”, concluía Folguira a través de su cuenta de Twitter.