El guion se repite siempre desde que empezó a emitirse este formato en España y lo curioso es que sigue funcionando incluso mejor que el primer día. Chicote llega al restaurante el cuestión, pide mesa y ya entonces, nada más entrar en contacto con el personal y la comida, se da cuenta de los fallos del establecimiento de hostelería.

Aplicando los conocimientos que ha ido adquiriendo a lo largo de los últimos años el cocinero logra reflotar el negocio poco a poco, pasito a pasito. Y curiosamente triunfa. Pero por poco tiempo. 

Hoy te vamos a hablar del Vivaldi. Fue uno de los programas más tensos pero también más vistos de Pesadilla en la Cocina. Chicote visitó este italiano situado en Barcelona en la segunda temporada. El día que se emitió el programa (hoy Mega lo vuelve a emitir a las 20.45) más de tres millones de personas se quedaron pegadas al otro lado del televisor a ver los problemas del establecimiento de hostelería. Pero nada funcionó. De hecho hoy en día está cerrado según se indica en su web.

Taller de cocina de Alberto Chicote en el Auditorio Príncipe Felipe

Chicote aplicó en este local la misma receta (nunca mejor dicho) con la que encandila a su público: primero analizó los problemas y luego le dio un lavado de cara tanto a la carta como al restaurante en general. Pero nada fue suficiente. El establecimiento cerró sus puertas dos años después de salir por televisión. Apenas aguantaron el tirón de la fama. A pesar de todo los clientes no tenían más que buenas opiniones.

"Es un buen italiano para comer pizza, fui con mi pareja y las pizzas era de las mejores, además tienen un menú bueno por 10 euros", aseguraba un joven vecino de Barcelona poco después de comer en el local en una web en la que se dejan opiniones sobre locales de hostelería. "Las pizzas son completamente artesanales, la pasta es muy buena", sentenciaba otro.

"Acabo de cenar en el Vivaldi, el sitio está algo escondido pero eso para mi aún lo hace más acogedor, encima la pizza está muy buena, masa fina buen tomate y mejor mozzarella", apuntaba una tercera comensal. A pesar de todo los números no dieron y se tuvo que bajar la persiana.