05 de abril de 2008
05.04.2008

Todos estamos invitados

05.04.2008 | 02:00
Todos estamos invitados

¿Se escriben muchas novelas sobre la mafia en Nápoles? ¿Se filman películas con este argumento en Italia? Sí, incluso series de televisión. En realidad, un creador busca ambientes imaginados en los que el ser humano sea arrastrado hasta una situación límite, y ahí se basa el teatro, la narrativa, el guión cinematográfico. Entonces, teniendo aquí, al lado, un territorio insólito, el único de toda la Unión Europea en el que es frecuente que un concejal elegido en las urnas sea asesinado, ¿por qué no existen películas, obras de teatro, novelas sobre la situación del País Vasco?


Manuel Gutiérrez Aragón se ha atrevido a hacerlo, y le ha salido una película en la que, con maestría, se ha limitado a poner el espejo delante de la realidad y, con la ayuda de unos magníficos actores, nos permite ver el espanto reflejado en la nítida superficie.


Las claves del film están en ese momento en la peña gastronómica, donde uno de los miembros amenaza de muerte al personaje interpretado magníficamente por José Coronado, de forma clara y contundente, y nadie oye nada. La otra clave es esa grandiosa ópera al aire libre, esa fiesta de la tamborrada, ese deseo del pueblo de vivir como otros pueblos y de divertirse en sus celebraciones, como si no pasara nada. Y mientras parece que nada sucede, la tragedia avanza y se despereza en la mano de un pistolero.


«No te compliques la vida», nos decían nuestras madres en tiempos de la dictadura. Y el dictador murió en la cama. «No te metas en problemas», dicen las «amatxos» a sus hijos en el País Vasco. Y el terror, con la complicidad de la omisión, con el inmenso deseo de ser normales y seguir celebrando las fiestas, logra sus objetivos y amarga la vida de los pocos que dan un paso al frente y se condenan a vivir en compañía de la escolta y del miedo. Algunos técnicos, algunos actores, rehusaron participar en la película. No querían meterse en problemas. Manuel Gutiérrez Aragón lo ha hecho. Gracias, don Manuel.

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