11 de abril de 2008
11.04.2008

Sombras

11.04.2008 | 02:00
Sombras

El cine es la mejor escuela para recibir una educación sentimental en condiciones. El cine y los cines. En esas salas de espera y desesperaciones Martín ha vivido algunos de los momentos más intensos, algunos de ellos irreproducibles. También algunos de los momentos más inquietantes y agridulces. Por ejemplo, conoció a la mujer de sus sueños un día de verano en el que llovían mares de fuego, una de esas tardes madrileñas en las que las nubes hervían y el asfalto se cubría de sangre negra. Había leído en el periódico triste de la mañana que un cine moribundo proyectaba «Grupo salvaje» y «Patt Garrett and Billy the Kid» en versión íntegra y canceló su cita con cuatro compañeros de clase empollones y fatuos (los necesitaba para entregar un trabajo de redacción periodística sin dar palo al agua) para presentarse en la taquilla empapado por el chaparrón traicionero e impaciente por reencontrarse con unas películas que había visto de niño y le habían hecho sentirse (fugaz, conmovedoramente) un hombre al abandonar la sala. Le debía eso a Sam Peckinpah, seguro que al maldito director le hubiera gustado su gesto de suspender una asignatura a cambio de cabalgar en la butaca descreída de un cine de barrio para acompañar a sus personajes sin rumbo ni huellas. El cine estaba vacío, y se sentó en la fila 13, a ver si me daba buena suerte. Así vio buena parte de las películas, hasta que, al aproximarse la escena en la que Katy Jurado asiste a la agonía de su hombre frente a las nubes negras y las aguas negras del horizonte negro, escuchó pasos sigilosos por el pasillo y tres butacas más allá se sentó alguien. No le prestó atención hasta que terminó la escena, y entonces hurgó en la oscuridad y averiguó que era una joven -decidió que podría ser doble de Nastassja Kinski en «El beso de la mujer pantera»- que había contemplado la pantalla absorta hasta que la fúnebre belleza concluyó y entonces se levantó y se fue por donde había huido. Y aunque han pasado ya muchos años, aún se sorprende a veces buscando en la fila 7 de los cines a una mujer capaz de revelarse en un minuto de belleza antes de regresar a las sombras.

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