12 de mayo de 2008
12.05.2008

Abismo

12.05.2008 | 04:28
Abismo

Lucía: «Sé lo que dijo Iñigo después de consumarse la ruptura: no te preocupes por ella, sufrir la hará más bella. Se equivocó en el pronóstico, como se equivocó en tantas cosas respecto a mí en los tres años, cuatro meses y cinco días que pasamos juntos y revueltos. Iñigo tenía una marcada tendencia a sobrevalorar la solemnidad de sus frases, tal vez porque los premios recibidos como guionista le hicieron creer que su papel en la vida era sembrar de frases impactantes su entorno. Un entorno poblado de lameculos y trepas que no vieron con buenos ojos la presencia inesperada de una mujer que se aburría con tanta pompa de jabón y tanta circunstancia falsa y egoísta. Me lo advirtió Gabriel cuando empecé a aproximarme al mundo del cine: no te sientes nunca en primera fila, estropea la magia. Gabriel era un veterano representante de actores a punto de jubilarse, no por edad, sino porque los nuevos tiempos le habían hecho sentirse súbitamente viejo. Viejo y cansado. Con 55 años. Fue él quien me presentó a Iñigo en una fiesta convocada para rendir pleitesía al famoso guionista y director tras su triunfo en Cannes. Iñigo estaba sentado en un sofá blanco rodeado de ojos rapaces y húmedos que escuchaban su discurso con arrobo. A los 20 años era comunista, decía Iñigo, porque creía en el ser humano; a los 30 años era socialista, porque creía en algunos; a los 40 sólo creía en mí mismo, así que me hice liberal, y ahora no creo ni siquiera en mí. ¿Y qué eres ahora?, le pregunté yo, y todas las miradas se volvieron hacia mí como si hubiera escupido en el suelo. Iñigo me miró sin pestañear durante unos segundos antes de levantarse y estamparme un beso en los labios que sabía a vino y anchoas.

Esto es lo que soy, dijo cuando se separó, y después de la bofetada que le solté rompió a reír, feliz como un niño que persiguiera una pelota de colores.

No sé si eres la más guapa de la fiesta, dijo, pero desde luego eres la mejor vestida. Tienes una rara habilidad para alabar insultando, repliqué, cerrando el puño para calmar el dolor que sentía por el golpe. Tengo habilidades aún más extrañas, dijo, y en ese momento supe que aquel presuntuoso canalla había conseguido que el mundo desapareciera a nuestro alrededor y que el abismo me resultara tentador».

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