20 de mayo de 2008
20.05.2008
 
Náufragos del diario

Rebelde

20.05.2008 | 05:12
Rebelde

Yolanda: «Soy una mujer práctica. Sé lo que quiero y cómo conseguirlo. Y no me duelen prendas si tengo que quitármelas para llegar antes que los demás. Me hace gracia la gente que es capaz de vender a su propia madre o traicionar a quien sea para lograr sus propósitos, y que luego mira con desdén a quienes utilizamos nuestro cuerpo para ahorrar tiempo en la consecución de objetivos. Mi lema es: «No tengo tiempo para convencerle, le seduciré». No a cualquier precio, claro, ni con cualquiera. Sólo con gente realmente importante y útil por la que sienta, como mínimo, una cierta admiración. Normalmente suelo asociar deseo a poder. Ellos ponen el poder. Con Agustín no hubo nada, porque su poder procedía de una herencia. Un botarate que no hundía las empresas porque su padre lo había dejado todo bien atado para que disfrutara de los beneficios y poco más. Una noche con él habría acelerado la firma del contrato para mi empresa, pero es que me da asco, y con asco no me quito ni una media. Y lo intentó, vaya si lo intentó, seguramente convencido de que mi fama de ejecutiva devorahombres le allanaba el camino. Hablas mucho, le espeté después del quinto gintonic, pero no dices nada. El alcohol me había animado, él estaba medio borracho, y era de esos que se quitan la máscara cuando beben de más. Niñatos. Entonces le dio por despeinarse el pelo engominado, soltarse el cuello de la camisa y aflojar la corbata. Dios mío, pensé, que no empiece a llorar. Y frunció los labios como si fuera a hacerlo. Contigo puedo hablar sin esconderme, dijo, nadie me entiende, siempre hago lo que los demás esperan de mí. Vaya, pensé, intenta despertar mi instinto maternal, es más idiota de lo que parece. Sus ojos buscaron los míos como si quisiera hipnotizarme. Mi problema es que soy rebelde, soltó. ¿Ahora se llama así a los idiotas?, pregunté, y él me arrojó su sexto gintonic a la cara sin darse cuenta de que el vaso estaba vacío».

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