21 de mayo de 2008
21.05.2008
 

Náufragos del diario Tino Pertierra Palabras de plata

21.05.2008 | 02:00
Náufragos del diario Tino Pertierra Palabras de plata

Raquel: «Mi tío Eduardo tenía la costumbre de regalar a sus sobrinos cada Nochevieja una placa de plata en la que había grabado, con sus pequeñas y sabias manos, una frase que él considerara oportuna para nuestra educación. He de decir que mi tío era ácrata y despreciaba el sistema docente al que se amarra a los niños, así que sus consejos no corrían nunca el peligro de estar contaminados por la moralina o la regañina. En la Nochevieja de 1997, cuando yo abandonaba los 17 años y me disponía a cruzar esa línea fantasma de la mayoría de edad, mi placa decía: Amaos los unos a los otros o pereceréis (Auden). Y aunque el resto de sus citas de plata nunca me han acompañado -por mi culpa, siempre me he dejado llevar por la inercia de mis debilidades, saciadas siempre con todas las tentaciones que me salen al paso-, ese mensaje de amor incondicional se ha convertido en algo así como una... maldición. Sí, una maldición que me ha llevado de unos brazos a otros con la complacencia secreta de una coleccionista de errores dulces. Nunca he dado la espalda al fracaso, es más, lo he cultivado con cierta vocación de pirómana en territorios propios. Mis daños me explican. Nunca he esquivado el dolor en ninguna de sus manifestaciones, invocadas o inesperadas. Y eso me ha permitido perder el miedo. Cuando se ha abierto una herida, la he dejado respirar, sin vendas que la ocultasen, y la he vivido plenamente, plenamente consciente de sus consecuencias y de sus causas. Sólo así he adquirido los conocimientos necesarios para reconocer cada una de mis zonas oscuras y tomar una decisión antes de meterme en ellas. Esto es codicia y me aparto de ella. Esto es rencor y me alejo. Esto es envidia, y la esquivo. O todo lo contrario, y acepto mi alianza con mis sombras sin hacerme reproches. Sí, por un lado soy una mujer a la que respetar por mi compromiso con el amor que endulza y amarga, purifica y contamina, cura y envenena. Por otro, soy alguien cuya conciencia está siempre al servicio de sus necesidades, y eso no siempre es admirable. Soy lo que soy y seré lo que fui, y no quiero alabanzas ni condenas. Y cuando perezca, que nadie busque mis huellas: me las llevaré conmigo».

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