15 de marzo de 2009
15.03.2009
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Un momento vital

Adolfo Suárez convirtió en escritor a Gregorio Morán

En 1979, sin dinero ni trabajo, emprendió su polémica biografía del primer presidente de la democracia

15.03.2009 | 01:00
Gregorio Morán, junto a su padre, en una entrevista de LA NUEVA ESPAÑA en 1979.

Adolfo Suárez hizo a media España de centro en la transición. Al ovetense Gregorio Morán lo convirtió en escritor. En 1979, el ex militante del PC, antiguo estudiante de teatro y reciente periodista, publicó la biografía «Adolfo Suárez, historia de una ambición» y le cambió la vida. Así lo recuerda.

Después de dos horas y media de entrevista, Adolfo Suárez acompañó a Gregorio Morán hasta la puerta del palacio de la Moncloa, bajó con él las escaleras hasta la arenilla y le despidió con la caballerosidad que había sido etiqueta durante aquel encuentro interrumpido por varios telefonazos de generales. Morán se sentía jodido por dos razones: porque Suárez, el radiante seductor, el torero social, había hecho ante él una inesperada tabla de ejercicios de humildad y porque el taxi iba a costarle un ojo de la cara. El periodista había calculado que el encuentro iba a reducirse a tres minutos de sonrisa y un «disculpe, tengo un país que gobernar» y había ordenado al taxista que aguardara. El taxímetro corría y a Morán se le estaba acabando el millón de pesetas que le habían prestado dos amigos para que escribiera en nueve meses la primera biografía del primer presidente del Gobierno de la democracia.

En 1979 la democracia era una tecnología política nueva en España y sólo así se explica que quien desde hacía tres años era presidente del Gobierno con un partido que se había inventado no tuviera más biografía que un libro de fotos y que, atendiendo a una carta, recibiera como narrador de su vida a un antiguo estudiante de Arte Dramático con pasado comunista y una breve y problemática carrera de periodista, que casi había acabado el texto sin cruzar palabra con él y sin pasar el control de sus asesores.

La biografía de Suárez era la tercera vida adulta que emprendía Gregorio Morán, quien a finales de 1978 tenía 31 años, dos hijos pequeños y se ganaba la supervivencia con unas colaboraciones en «Mundo Diario» de Barcelona.

Su primera vida empezó con la salida abrupta del Colegio de los Dominicos de Oviedo en 1965, con el Bachiller terminado pero sin recoger las notas de Preuniversitario, para irse a Madrid con la voluntad de hacer carrera en el teatro.

A sus 17 años, en habitaciones de pensión, alimentándose en los comedores del SEU porque se podía repetir primer plato por un precio irrisorio, sus trabajos archivando impresos en Correos o en «Cultivo y Fermentación del Tabaco» le dejaban libres los sábados para acudir a los círculos de debate en la sala parroquial del Pozo del Tío Raimundo. Allí se reunían las comisiones obreras juveniles y entró en contacto con el Partido Comunista a través de Dolores Sacristán, Lolita, hija de un exiliado en Francia, muy activa y con mucho acento gabacho.

En poco tiempo, Morán era un profesional de la revolución que cobraba del partido y dedicaba su vida a escribir panfletos, imprimirlos y tirarlos, organizar actos, encastrarse en cualquier órgano de representación, escapar a París y redactar informes. Llegó a dirigir «Mundo Obrero», siempre en la clandestinidad, porque Gregorio Morán, después de un decenio, dejó la militancia a finales de 1976, un año después de la muerte de Franco y seis meses antes de la legalización del PCE en «el momento en que uno descubre que si ganan los nuestros perdemos nosotros».

Empezó su segunda vida, con 29 años, casado, esperando su primer hijo y sin trabajo. Entró de jefe de documentación de «Opinión», una revista dirigida por Antonio Alemany, hasta que echaron a toda la redacción por rojos peligrosos para convertir la publicación en una plataforma de Pío Cavanillas y Ricardo de la Cierva.

En enero de 1977 empezó a hacer aquello por lo que hoy es conocido, con los intereses y los modales que lo identifican. La serie «Superagente Conesa», dedicada al policía más importante del tardofranquismo y la transición, le permitió entrar de reportero estrella en el «Diario 16» dirigido por Miguel Ángel Aguilar. En su tercera serie surgió el problema: el tema era Televisión Española y Juan Tomas de Salas, el editor, iba a ser nombrado consejero de TVE. Les venía mal publicarlo. Morán se llevó sus artículos a casa y probó en «El País», donde se publicó el primero de los tres. El segundo «La saga de los Ansón» llegó a tener portada en el dominical pero no a imprimirse.

La desesperación y el presidente sin biografía le lanzaron a su tercera vida, al crédito, a la investigación y redacción casi simultáneas y a la entrevista en La Moncloa. Un ujier le guió por aquel palacio mezcla de decorado cinematográfico y antigualla que le recordó la «Tara» de «Lo que el viento se llevó».

Suárez le recibió de pie en su despacho, descomunal y con una bola del mundo enorme. Se sentaron en un tresillo grande e incómodo ante una mesa baja, se trataron siempre de usted y el presidente hizo todo lo contrario de lo que le habían dicho a Morán que sería su comportamiento.

A la salida, un coronel de la Guardia Civil se cuadró ante el periodista: «Despida al taxista, señor Morán, que nosotros nos encargamos de su traslado». Morán declinó. El taxista, un hombre mayor, comentó: «Cuando le cuente a mi nieto que me he comido un bocadillo de tortilla en La Moncloa».

«Adolfo Suárez, historia de una ambición» tuvo tres ediciones, vendió 100.000 ejemplares en un año y le reportó 10 millones de pesetas en derechos de autor. Un sueldo de ministro con el que pagó sus deudas, pasó el fin de año en el hotel Palacio de Seteais de Coimbra y emprendió su siguiente libro, «Los españoles que dejaron de serlo», que trataba de Euzkadi.

Gregorio Morán (Oviedo, 1947) aprendió con la biografía de Suárez que se podía ganar más por un libro no publicado que por uno publicado. Josep Meliá, jefe del gabinete político-informativo (que dos años después escribirá la despedida de Adolfo Suárez) le ofreció un puesto -de director general para abajo- «porque gente como tú es necesaria en TVE». Los asesores de Moncloa Jesús Picatoste y Antxon Sarasqueta también se le pusieron a disposición en un restaurante de Madrid. Antes de que la biografía saliera a la calle, Ricardo de la Cierva, un autor estrella de Planeta, escribió que Morán era agente del KGB. Así se lavó de su artículo «Qué error, qué inmenso error» con el que había recibido a Suárez.

Morán dirigió «La Gaceta del Norte» de 1986 a 1987 y es autor de «Grandeza y miseria del PCE», «El maestro en el erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo», entre otros libros. Acaba de terminar una biografía completa de Suárez. Publica en «La Vanguardia» los sábados.

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