22 de marzo de 2009
22.03.2009
Un momento vital

Mar Álvarez estudió pop en el bar del campus de Humanidades

Matriculada en Musicología, fundó en los noventa «Undershakers», grupo de chicas del «Xixon Sound»
Aquel grupo de 5 chicas de los noventa

22.03.2009 | 01:00
«Undershakers», en 1995. De izquierda a derecha, Sandra, Lara, Cristina, Mar y Alicia.

Mar Álvarez, que forma con su hermana Alicia el dúo «Pauline en la Playa», se matriculó en Musicología con poca vocación, pero descubrió lo que quería ser en el bar del campus del Milán (Oviedo), donde, a principios de los noventa, estudiaba la mayoría de los músicos de lo que se etiquetaría como «Xixon Sound».

Cuando se subió a un autobús gris en la estación de la calle Magnus Blikstad de Gijón, Mar Álvarez iba a matricularse en la Universidad y no tenía idea de qué carrera iba a escoger. Era una estudiante vaga y pasaba a la enseñanza superior porque en su casa era el recorrido natural.


De camino a Oviedo, con el sol pegando en las ventanillas y fumando un Lucky, pensó que, como había estudiado algo de piano, se matricularía en Musicología, una carrera nueva en el flamante campus de Humanidades.


En la cola de la secretaría para convertirse en alumna de Historia y Ciencias de la Música encontró conocidos de sus años en las Ursulinas y en el Instituto n.º 7 y lo consideró buena señal.


Las clases universitarias no le sorprendieron: eran un COU con profesores que daban más miedo. El descubrimiento sucedió un día de octubre de 1992, bajo los soportales de un edificio de tres plantas pintado de color crema que había sido residencia de suboficiales cuando el Milán era un cuartel militar. En 1992 era el bar del campus y dentro estaban Roberto Nicieza, que estudiaba Historia, y Lato, de «Australian Blonde»; Félix A. Domínguez, bajista de «Doctor Explosion», que hacía Filología (inglesa), como Nacho Vegas (española), que tocaba con «Manta Ray». Otros parroquianos eran Roberto, el teclista de «Los Buges», de Mieres, matriculado en Historia; Marcos Montoto, de «McCoy Son»; Luis Mayo, el cantante de «Screaming Pijas», Igor Pascual y Cristina Jareño, luego tan activa en la organización de conciertos.


En aquel ambiente ahumado y dulzón, junto a una cerveza o un vino, no era raro que alguien estuviera tocando la guitarra y alguien cantara. En el campus estaba pasando algo y Mar quería participar.


Tenía antecedentes: hija de José Luis Álvarez, que fundó Paradiso en 1976, donde libros y discos hacían el mosaico de una misma cultura, Mar había tenido un grupo «hippie» en COU y en Navidades habían tocado en la calle Corrida y conseguido una pasta.


Cuando Mar se aventuró en el primer piso del bar descubrió una sala rectangular y grande para ensayos. Con ese espacio y todo el tiempo que da no ir a clase, supo que aquello daba más de sí que tocar la guitarra y que Sandra Tocino, de Turón, estudiante de Filología inglesa, cantara a Janis Joplin y «Jefferson Airplane».


Los tres conocimientos prácticos de aquel primer curso fueron:


1) Clases, las menos; aburrirse, nunca.


2) Los conciertos no sólo eran algo macro que se hacía en El Molinón, Las Mestas o la plaza de toros sino también algo micro que sucedía en La Calleja de la Ciega o La Noceda, de Oviedo, y en el Zero y La Fábrica, de Gijón, y otros garitos.


3) El ochenta por ciento de la gente interesante tenía grupo.


Se fabricó un desaliño «indie» con una vieja pelliza de ante de su padre y algunas «chupas» de cuero rescatadas del fondo de armario familiar. Se hizo con un órgano Hammond de doble teclado de segunda mano que pasó a formar parte del instrumental del primer piso del bar y, siamesa de Sandra, ambas formaron su primer grupo, que no tuvo nombre. Hacían versiones y contaban con chicos como Javi Manzanares y el batería de «Babylon Chat».


Las chicas quisieron seguir por su cuenta y juntaron a las amigas que sabían tocar: Alicia, la hermana cinco años más pequeña que Mar; Cristina Gutiérrez, a la que había conocido en el Instituto cuando era una loca de Elvis Presley con pinta «rockabilly», y dos alumnas del Cristo que buscaban pop en el Milán: Teresa, que estudiaba Medicina, y Lara González, que hacía Económicas.


Y se llamaron «Undershakers».


Como Mar lo ve, de no haber decidido matricularse en Musicología mientras echaba un pitillo en un Alsa, nunca habría sentido la pasión de la música de garaje, no habría gozado igual de la semana cultural Campus de Humanidades, ni vivido uno solo de los días que van desde aquel 17 de diciembre de 1994, cuando debutaron en Muros de Nalón con «Babylon Chat» de teloneros, hasta una fecha imprecisa de 2002 en la que fueron contratadas como regalo de bodas por los amigos de una «fan» que se casaba en un casoplón de Alicante.


No habría tardado cinco años en sacar los tres primeros cursos de la carrera ni diez en acabarla, no habría ido a Madrid a estudiar técnico de sonido ni a aprender composición, armonía e informática musical en la Escuela de Música Creativa con profesores de medio mundo curtidos en el jazz y volcados en formar en la música moderna. Nunca lo habría pasado tan bien.

«Undershakers» ganó en 1995 el II Concurso de rock universitario Ciudad de Oviedo y eso les sirvió para grabar un EP con Subterfuge. En los noventa fueron uno de los grupos más populares del pop alternativo y grabaron 5 discos de larga duración.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook