16 de junio de 2009
16.06.2009

Juan Luis Suárez, músico. «La música y el fútbol son como una medicina para mí»

«Me gustaría que el dineral que ganan algunos futbolistas fuese para gente como Carlos López Otín»

15.06.2009 | 02:00
Juan Luis Suárez pisa el balón junto a la playa de San Lorenzo, en Gijón.

Gijón, Mario D. BRAÑA


Futbolísticamente, el sueño de Juan Luis Suárez, la tercera parte de «El Sueño de Morfeo», es volver un día con su padre a la Tribunona de El Molinón, para revivir aquellos recuerdos de niño, cuando los domingos eran fiesta de guardar. De guardar en la memoria. Porque, más allá de su 90 por ciento sportinguista y su 10 barcelonista, para el músico el fútbol es sobre todo un lugar de encuentro y disfrute familiar. Él, acostumbrado a rasgar las cuerdas de su guitarra ante unos pocos miles de personas, se pone en el lugar de los futbolistas, aunque en su escala de admiración pondría en primer lugar a personas como Carlos López Otín, al que ve como un galáctico de la investigación.


Juan Luis Suárez Garrido nació en Gijón (4 de abril de 1976), pero se crió en Avilés por el traslado laboral de su padre, del que heredó hasta el nombre. Por eso sus primeras patadas a un balón tuvieron como escenario el patio del Colegio Paula Frassineti y del San Fernando. Se autodefine como «un extremo derecha o mediapunta pequeño y delgadín, rápido», al que le gustaba más dar pases de gol que marcarlos. Como Juanele, su ídolo de entonces, «un jugador diferente, con una sensibilidad especial dentro y fuera del campo».


Todavía en la adolescencia, Juan Luis tuvo que olvidarse de las canchas, ya que también jugó a baloncesto. Un problema de espalda le jubiló como practicante y pasó a ser un simple espectador. Ya lo era desde muy pequeño, cuando El Molinón era parada obligatoria cada dos domingos: «Iba con mi padre ya por la mañana. Comíamos en casa de mis tíos, que también eran socios y después íbamos juntos al campo. Recuerdo incluso el orden en que nos sentábamos en la Tribunona».


De lo que pasaba en el césped, en esos primeros años, poca cosa: «Algún remate de cabeza de Abel». Ni siquiera de su primera participación en una Mareona, en la final de Copa de 1982 en Valladolid: «Tenía seis años y sólo me quedó grabado el frío que hacía y que me taparon con una manta». En cualquier caso, Juan Luis Suárez hijo siempre asoció el fútbol con alegría hasta que una noche vio a Juan Luis Suárez padre fuera de sí: «Mi padre es una persona tímida que en el campo se transformaba. Pero nunca lo vi como el día que expulsaron a Ablanedo después de que Hugo Sánchez lo pisara adrede. Se puso como loco y me impresionó tanto que me eché a llorar. Mi padre lleva el Sporting muy adentro».


Sin que tuviese nada que ver el incidente, un buen día el adolescente Juan Luis decidió cambiar el asiento familiar por la grada de pie del fondo sur de El Molinón: «Íbamos juntos tres o cuatro amigos cerca de los ultraboys, pero sin meternos en el mogollón. Sólo queríamos cantar y saltar. Pero estoy en contra de los lemas racistas, o contra el Oviedo. Por encima de todo está Asturias. Me prestó mucho que ascendiera y ojalá nos podamos juntar en Primera».


Pasada la adolescencia, Juan Luis volvió al redil y a la butaca -«me pasa como en los conciertos, que estoy más a gusto sentado»- hasta que en la temporada 1997-98 la familia Suárez vivió un drama mucho mayor que el descenso del Sporting: «Al morir mi tío, mi padre se borró de socio porque siempre asoció el fútbol con sus hermanos. Yo también dejé de ir porque mi padre y yo pensamos de forma parecida y es con quien mejor comparto el fútbol. No me prestaba ir al campo sin él».


Con el tiempo, como un guiño del destino, Juan Luis volvió a El Molinón porque los padres de su novia, Bea, también eran socios. Para disfrutar del fútbol con su padre tuvo que conformarse con la televisión, aunque el éxito del «Sueño de Morfeo» le obligó a desdoblarse entre sus dos grandes pasiones: «La música y el fútbol son como una medicina para mí. Si me las quitasen, me quitarían salud». Por eso comprende las pasiones que desata y el dinero que mueve, con un matiz.


«Me gustaría que esas cantidades astronómicas las ganara un científico como Carlos López Otín, por ejemplo», explica Juan Luis. «Conozco a Carlos y es una de las personas a las que más respeto y admiro. Para mí es un héroe, igual que otros científicos, médicos o gente que trabaja en ONG. Ya sé que no mueven masas, pero deberían de tener un reconocimiento por lo que ayudan a la gente».


Dice que la vida de los futbolistas es «más sufrida» que la de los músicos y, en cualquiera de los dos casos, va más allá del éxito: «Los futbolistas que conozco son gente muy maja. En la música, los que están más arriba son los más humildes, como los de "El Canto del Loco", que son encantadores. Iniesta, Messi y Xavi serían lo más parecido a lo que es "El Canto del Loco", más que Cristiano Ronaldo, por ejemplo».

El 15 de junio de 2008 fue un fecha inolvidable para Juan Luis Suárez. Y no sólo por ser el día de la vuelta del Sporting a Primera División: «Me acordé mucho de mi tío y me alegré especialmente por mi suegro, que ya estaba muy enfermo. Casi no podía ni subir las escaleras del campo y unas semanas después falleció. Era una persona muy fuerte, aprendimos mucho de él». Los casos que ha conocido en su familia son sólo una muestra de lo que supone el fútbol: «No es importante sólo para los que van al campo, ya que influye en la vida de mucha gente». Lo que detesta del fútbol es la violencia, «ni siquiera la verbal».

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