07 de septiembre de 2009
07.09.2009

Busby hace grande al fútbol

Después de casi 60 años trabajando con los equipos de base, José Antonio Álvarez es una institución

07.09.2009 | 02:00

Para que haya Cristianos Ronaldos, Contadores, Alonsos o Nadales hacen falta personajes anónimos, gente que trabaja el deporte desde la base, casi siempre por amor al arte. En Asturias hay numerosos ejemplos de estos personajes altruistas, fundamentales para que la rueda deportiva no se detenga. Aquí tendrán un escaparate. Contamos con ellos.

Oviedo, Mario D. BRAÑA

José Antonio Álvarez Alonso empezó a ser «Busby» a comienzos de los sesenta, cuando él y el periodista Ricardo Vázquez-Prada se cruzaron en un hotel de Madrid con el verdadero Busby, sir Matt, el forjador del mejor Manchester United de la historia. Antes y después de aquel encuentro, el Busby asturiano (Muros de Nalón, 25 de julio de 1936) no ha parado de formar futbolistas, pero su fama no va más allá del mundillo de los equipos modestos. A estas alturas, con 73 años, no le importa mientras tenga el cariño de los suyos, especialmente de los «guajes» del CD Los Arcos.


Busby no presume de resultados, ni de número de licencias, ni de un gran seguimiento del club que fundó en 1956. Le basta con los detalles. Con el saludo de un adolescente que lo trata como si fuera su abuelo. O con el ambiente de cualquier tarde en las instalaciones de La Pixarra: «Fíjate, como si no hubiera nadie en el campo», dice sobre el silencioso entrenamiento de uno de los equipos cadetes de Los Arcos.


Después de casi 60 años en torno a un balón, no hay mayor trofeo para Busby que el respeto por los grandes valores del deporte. «Nunca en la historia de Los Arcos hubo un expulsado por agresión a un contrario o al árbitro», explica con orgullo antes de descubrir su secreto: «La clave es elegir bien a los que tienen que enseñar a los chavales. Prefiero a uno que sea mejor persona que entrenador».


Él mismo hizo sus pinitos en el banquillo. A los 14 años dejó de jugar y se volcó en el fútbol modesto del Oviedo de la posguerra. Entrenó a varios equipos de Regional en Asturias hasta que le salió de rebote una oportunidad en Madrid. Llegó a estar en las oficinas del Bernabeu para hacerse cargo de un filial del Real Madrid, pero la cosa no cuajó y, tras una breve experiencia en Les Corts de Barcelona, volvió para quedarse.


En 1971 Busby olvidó los sueños de grandeza y alimentó su aureola de puntal del fútbol modesto ovetense, con una breve y provechosa incursión en el ciclismo con el equipo Gaylo. Volvió a sus orígenes y ahí sigue, al pie del cañón de Los Arcos: «El día que yo me muera el club desaparece». Y así, de repente, recita tres o cuatro nombres de entusiastas que se dejan el tiempo y más cosas en equipos modestos: «En Los Arcos puse dinero».


Ya no. Salvo alguna merienda a sus chicos, Busby no pone ni un euro gracias a apoyos institucionales, sobre todo del Ayuntamiento. «Este alcalde es un mito porque es un pionero en las ayudas a los clubes», dice en referencia a Gabi, como él llama a De Lorenzo desde hace cuarenta años. Por ésas y otras cosas, entre las que cita a sus colaboradores, se siente un privilegiado: «Antes el fútbol para mí era un sacrificio y ahora una satisfacción. El fútbol ha sido mi vida y no me arrepiento. Escogí yo».


Aunque su labor es otra, Busby presume de su olfato futbolístico y humano. Así se lleva satisfacciones como la de este verano con Rubén, un ex pupilo al que le recomendó dejar el fútbol con 18 años, cuando era un prometedor portero. Ahora es capitán de la Guardia Civil.

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