13 de septiembre de 2009
13.09.2009
Un momento vital

Luis Ricardo Alonso en la tribuna contra el dictador Batista

El periodista trabajó en la plataforma democrática que quiso sacar del poder al presidente cubano sin sangre y fuego
Escritor y profesor en EE UU

13.09.2009 | 02:00
Luis Ricardo Alonso, en 1955. Es la mejor foto que encontró en Asturias. La mayor parte de las fotografías de aquel tiempo quedaron en la casa de La Habana, a la que no ha podido regresar desde hace 44 años.

A Luis Ricardo Alonso, escritor astur-cubano, le gusta recordar este momento vital por lo que fue y por lo que pudo haber sido. En 1956 él tenía 26 años, era abogado y periodista y se afanaba en sus dos oficios contra el Gobierno dictatorial de Fulgencio Batista.

En la avenida del Puerto, a un lado, mar; al otro, casas viejas de La Habana Vieja, hay un estrado con veinte hombres. Frente a ellos, unas 15.000 personas. El mitin ha sido entorpecido por la Policía con barricadas en algunas entradas y cierre del paso a algunos autobuses.


En esa grada destaca la figura atildada de don Cosme de la Torriente, coronel de la guerra de Independencia cubana, muy erguido a sus 84 años. Después de haber sido senador en la República democrática, ministro de Exteriores, embajador, presidente de la Asamblea de la Liga de las Naciones y de 20 años de retiro ha regresado a la vida política con la Sociedad de Amigos de la República (SAR) que plantea un arreglo nacional para evitar una guerra civil. Los reunidos esta tarde en la avenida del Puerto quieren presionar para que Fulgencio Batista, «El hombre», robusto, cincuentón, que lleva más de 20 años dando golpes de Estado y ganando, perdiendo y amañando elecciones, reciba a Cosme de la Torriente en palacio.


El viejo héroe, apoyado por veteranos de la guerra de la independencia y por hijos y nietos del Ejército liberador, quiere proponer al dictador que recorte el tiempo de su mandato, cuatro años logrados en una elección fraudulenta, y convoque elecciones libres bajo supervisión judicial. A cambio, la oposición democrática abandonará los hechos de sangre.


El más joven en ese estrado es Luis Ricardo Alonso, un abogado que ejerce el periodismo en la popular revista «Bohemia» para hacer política contra el Gobierno. Procede del Partido Ortodoxo, como Fidel Castro, una escisión radical y popular de Partido Auténtico, al que pertenecía el derrocado Carlos Prío, un hombre de izquierda democrática respetuoso con los derechos pero que gobernó con mucha corrupción administrativa.


En la oposición a Batista colaboran todos los partidos de izquierda menos el comunista. Fidel Castro tiene su Movimiento 26 de Julio, que toma su nombre de la fecha en que asaltó el Cuartel de Moncada, tres años antes, con 150 guerrilleros. Entonces cayó preso pero, merced a una amnistía, Fidel está ahora exiliado en México. Su grupo está en contra de la SAR pero uno de sus dos hombres importantes en La Habana, Pedrito Miret, en primera fila, mira con pasmo a Luis Ricardo Alonso porque no entiende qué hace allí arriba. El periodista es su contacto en la prensa y les ayuda.


Miret ignora que cuando Enrique de la Osa, jefe de política de «Bohemia», mandó a Alonso que entrevistara a don Cosme, el viejo le impresionó. Y también su diagnóstico: «Habrá acuerdo o guerra civil».


«Bohemia» le pidió que siguiera la campaña de la SAR. En el cuarto de estar de su apartamento del barrio de El Vedado, donde vive con su mujer y con su hijo de dos años y su hija de uno, tecleando en su Remington informaciones de 400 palabras, empezó a trabajar el periodista testigo contando cómo se iban sumando asociaciones, colegios profesionales, personalidades. Pero en algún momento, en la calle, rompió el tabú y, entre otras cosas, intentó convencer de que apoyase a la SAR al presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), José Antonio Echeverría, que lo era del directorio revolucionario. A Echeverría, estudiante de arquitectura, 23 años, bastante católico, partidario de la acción directa, Luis Ricardo Alonso, actuando como abogado, lo había sacado de la cárcel con un «habeas corpus» cuando lo detuvieron por un alijo de armas capturado por el Gobierno.


La FEU acabó apoyando la iniciativa de don Cosme, aunque Alonso cree que fue porque el jefe de acción del directorio estudiantil revolucionario, Juan Pedro Carbó, no se opuso.


Alonso está orgulloso de lo que tiene ante sus ojos y de formar parte de la organización de este acto que tendrá consecuencias que hoy nadie puede saber.


Batista accederá a entrevistarse con don Cosme pero apenas le dejará exponer la propuesta que incluía que acortara su mandato. Antes de cinco meses, De la Torriente morirá del corazón. La última vez que Luis Ricardo le vea le declarará alicaído: «Viene el desastre».


Con el fracaso de la SAR se considerará que sólo queda la insurrección. El estudiante Echeverría morirá a la puerta de la Universidad el 13 de marzo de 1957 después de tomar Radio Reloj y dirigirse al pueblo. La Policía le disparará y le dejará morir desangrado.


Fidel Castro regresará a la isla con ochenta y tantos hombres. En su desembarco en Las Coloradas serán atacados. Los supervivientes huirán a la Sierra Maestra donde les estarán aguardando elementos civiles y guías campesinos. Frank País enviará a la sierra 60 jóvenes armados que quintuplicarán los efectivos de Castro.


El 1 de enero de 1959 triunfará el movimiento revolucionario con Fidel Castro al frente. Y hasta hoy.

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