12 de febrero de 2010
12.02.2010

El primer traidor de la democracia

La Audiencia de Madrid impone doce años de cárcel al ex espía asturiano Roberto Flórez por vender secretos a los rusos - El gradense recurrirá la sentencia por «desproporcionada»

13.03.2018 | 10:53
El ex guardia civil y ex espía asturiano Roberto Flórez, camino de la Audiencia Provincial de Madrid. / efe

El gradense Roberto Flórez tiene suerte de haber cometido su delito de traición en un Estado democrático, como presume de ser España. Otros espías que vendieron secretos a los rusos pagaron su atrevimiento con un tiro en la sien. Como el coronel austro-húngaro Alfred Redl, que se perdió por su amor al lujo y los jóvenes tenientes. O terminaron languideciendo, solos y alcoholizados, en el frío Moscú de la «guerra fría». Ahí, por ejemplo, el británico Kim Philby, el dandi cosmopolita convertido en un guiñapo que tropezaba contra todas las paredes que se ponían a su alcance.

El destino de Roberto Flórez será más prosaico. La Audiencia Provincial de Madrid acaba de condenarle a doce años de cárcel, de los que casi ha cumplido tres. Se trata del primer condenado por traición de la democracia, como rimbombantemente han anunciado los medios. Saldrá de prisión en la presente década e incluso es posible que le escriban algún libro, pero no generará la marea de tinta, ni por supuesto la leyenda, que se construyó en torno a sus ilustres antecesores. El oro de Moscú ha dejado de tener su encanto y tiene el hedor de las mafias, los niños de la calle que se colocan con pegamento y la trata de blancas.

El abogado de Flórez, Manuel Ollé, ya ha anunciado que presentará un recurso contra la sentencia, por considerarla «desproporcionada». Choca ver a un letrado que se ha hecho conocido sobre todo por su actividad en defensa de los derechos humanos, cambiando los procesos contra el dictador Pinochet y el torturador Scilingo por la defensa de un antiguo guardia civil asturiano que quería sacarse 200.000 euros con la venta de los papeles del CESID, hoy el CNI. Pero como ha señalado alguna vez, su profesión es la de abogado, que es tanto como decir que hay que ganarse la vida de algún modo, incluso defendiendo casos con escasos márgenes de defensa.

La Audiencia no se ha tragado los anzuelos puestos por el asturiano para intentar librarse de una condena. Por ejemplo, aseguró que las cartas que le encontraron en su casa, en las que se postulaba como agente doble a cambio de dinero, formaban parte de un supuesto práctico que le habían encargado sus superiores. Pero los magistrados estiman que ese «supuesto práctico» no guardaba relación alguna con el objeto del encargo. Para desgracia del gradense, la Audiencia considera probado que «un nacional español se procuró información legalmente clasificada como secreta y susceptible de perjudicar la seguridad nacional y lo hizo al margen de los cauces permitidos y con la finalidad de favorecer a una potencia extranjera». Además, «el procesado no sólo estaba en posesión de información clasificada del CNI cuando se llevaron a cabo los registros domiciliarios, sino que se la había procurado de forma indebida y no autorizada». El fallo recoge también que lo hizo «de una manera no natural, al no estar vinculada a las funciones que tenía encomendadas». La sentencia sella la carrera de Flórez, un tanto llena de altibajos. Pero puede contarlo. Otro espía, en otro país, quizá no habría conseguido sobrevivir.

«Ya toy al tanto de la sentencia del sobrino. ¡Pero al final seguro que no serán tantos años, ho!». Así de optimista se mostró ayer el tío y padrino de bautismo de Roberto Flórez, el moscón Roberto García, al comentar, a primera hora de la tarde, por teléfono con su otro sobrino, José Flórez, hermano del condenado, la sentencia del ex agente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) a 12 años de prisión e inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena por un delito de traición.

Habla su familia asturiana

El anciano, de 86 años, vive junto a su mujer, Amelia, en la residencia de la tercera edad Santa Isabel de Berció (Grado). Una de sus mayores ilusiones es que «Robertín» les visite pronto. Él ya se lo ha prometido. El tío echa de menos a un sobrino al que últimamente le cuesta descolgar el teléfono para comentar cómo le va la vida. Sí mantiene el contacto, prácticamente semanal, con su tía Pura, que vive en Oviedo. «La semana pasada nos llamó muy confiado, estaba convencido de que todo iba a salir bien y ahora le caen 12 años. Lo que pasa es que pagan justos por pecadores», lamentaba ayer su tía, hermana de su madre, Rosita, fallecida hace más de una década.

Tan seguro estaba el espía de su inocencia que no dudó en hacer planes para los próximos meses. «Nos íbamos a ver en la boda de un sobrino en Burgos el próximo mes de abril, ¿quién iba a contar con esto?», comenta su tía Pura García, contrariada.

A los tíos de «Robertín» les cuesta creer que su sobrino haya hecho algo malo. Ellos lo definen como «muy cariñoso, nunca hubo que reñirlo. Hacía alguna travesura, pero ¿qué niño no la hace?», explican.

Su tío Roberto, por el que le pusieron su nombre, recuerda la infancia de su sobrino en su pueblo natal, Bayo. «Con nosotros siempre se portó muy bien. Una vez marché yo de excursión y se empeñó en ir a dormir a nuestra casa para que su tía no se quedase sola». Ahora el anciano sólo tiene un deseo: «Que la situación de mi sobrino mejore». La sangre tira.

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