20 de febrero de 2010
20.02.2010

Hernández, el marcador implacable

l Cuñado del delantero Paquito, fue un central serio y efectivo que de 1970 a 1972 jugó 46 partidos sustituyendo al lesionado Alonso
l «Quini ya era muy listo cuando llegó del Ensidesa; el dribling de Amancio y el fútbol de Cruyff impresionaban», rememora el madrileño

20.02.2010 | 01:00

Gijón, J. E. CIMA

Máximo Hernández (Madrid, 1944) fue un central espigado y marcador implacable que llegó de urgencia al Sporting en 1970 para suplir la grave lesión de rotura de cuádriceps de Alonso y disputó 46 partidos oficiales hasta 1972. Cuñado del delantero Paquito, que le había ayudado a recalar en Gijón, tuvo que abandonar el Sporting porque «había sido un líder de vestuario y no sentó bien al club, que presidía Méndez Cuervo, que solucionara unos problemas de los compañeros. Me dolió, porque el técnico Mariano Moreno me quería, tras recuperarme de una fractura de tobillo» explica. Formado en la cantera del Real Madrid, luego jugó cedido en el Rayo Vallecano y el Celta antes de venir a Gijón. Del Sporting regresó al Rayo para acabar en el Eldense.


Tras colgar las botas inició carrera de entrenador, con amplísimo bagaje: Carabanchel, Atlético Madrileño -lo ascendió a Segunda B-, Ceuta, Albacete, Getafe, Moscardó -lo subió de Regional a Segunda B-, San Sebastián de los Reyes, Aranjuez, Rayo Vallecano -director deportivo que llevó al club a Juande Ramos-, Xerez, Talavera, Numancia -director deportivo y entrenador durante 5 años- y Albacete -director deportivo y entrenador- hasta junio. Ahora está a la espera de encontrar equipo. «A los técnicos no se nos valora el bailar con la más fea en el cargo de director para que luego te pongan de entrenador. Soy especialista en salvar equipos», explica.


Hernández mantiene un recuerdo imborrable de aquel Sporting de los primeros años 70, un equipo «muy interesante con los Susi Castro, Miera, Echevarría, Fabián, Puente, José Manuel, Valdés, Churruca, Lavandera y Paquito. Y también Quini, que venía del Ensidesa y era un jugador de mucho trabajo y sacrificio, salió como un meteoro para arriba. Recuerdo que "El Brujo" y su hermano Susi Castro llegaban media hora antes del entrenamiento y se ponían a disparar uno y a parar el otro. No me extrañó que Quini luego fuera una estrella en el Sporting y en el Barcelona, porque ya era muy listo. Fue el más grande».Hernández hizo pareja como central derecho con José Manuel. La radiografía personal de su etapa de jugador es «la de un marcador impecable e implacable. Al que me mandaba cubrir el entrenador, lo tenía complicado. Era un trabajador nato y sacrificado que iba bien por alto y en el cruce y no me complicaba la vida porque hacía el fútbol fácil: entregar el balón a Tati Valdés».


De los rivales a los que se enfrentó, el madrileño recuerda que los corpulentos y altos «me venían bien y eso que había algunos con un salto espectacular, como Santillana. También estaba Gárate, de enorme calidad y buen finalizador, que era un señor. Muchos problemas daba Amancio con su dribling eléctrico o la velocidad de Fleitas. Pero quedé contento de cómo salí de esos duelos. También me impresionó Cruyff cuando empezaba, por la velocidad que imprimía a su juego». De entre los mejores partidos con la camisola rojiblanca, Hernández se queda con uno ante el Celta en Gijón: «Nos pitaron penalti y le indiqué a Castro para donde lo tiraba Jiménez, y se lo paró. Luego ganamos 4-0».


Como técnico rival vivió numerosos duelos contra su ex equipo con el Numancia y el Rayo en Primera y Segunda División. Hernández reconoce que el Sporting «supo salir de su crisis económica y tiene mucho mérito la labor del presidente Vega-Arango. Antes era un equipo grande, ahora es modesto y los jugadores jóvenes tienen que luchar y correr mucho para compensar la calidad que tienen otros comprados con mucho dinero. Se salvarán, siempre que no se duerman».

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