07 de marzo de 2010
07.03.2010
Un momento vital

Cuando Chema pasó a ser «el gaiteru»

El artista J. M. Legazpi le dio a probar un instrumento con el que Chema el de Ceceda vivió cinco años de bohemia en Europa
Del Tigre a La Mar del Medio

07.03.2010 | 01:00
Chema tocando la gaita del legendario Fred Morrison en Lewis, en las islas Hébridas, Escocia.

José María González Díaz era el universitario «Chema el de Ceceda» hasta que el artista Pepe Legazpi le dio a probar la gaita, en Tapia de Casariego, y pasó a convertirse en «Chema el gaiteru», un buen comunicador más que un buen músico, que vagabundeó por Europa antes de abrir negocios hosteleros en Oviedo.

Bajo la higuera del restaurante La Terraza, de Tapia de Casariego, el escultor, dibujante y escritor Pepe Legazpi sacó una gaita e invitó a Chema el de Ceceda a que soplara. No le gustó al dueño que tocaran el instrumento sin saber, pero aquella tarde de otoño de 1974, ante los excelentes anfitriones Legazpi y su mujer, Alicia, profesora en Tapia, nació «Chema el gaiteru», que de aquel instrumento sacó dinero para vivir y metió mucho ruido en momentos destacados, en países lejanos y en compañía de grandes.


En 1974 Chema era un universitario que había dejado Ceceda siete años antes para estudiar Químicas en Oviedo. En tercer curso, cansado de que en la Facultad de Ciencias la vida consistiera en estudiar y leer el «Marca», se pasó a Filosofía y Letras, porque había muchas mozas y resistencia política.


Unos meses después, en un bar de la calle San Francisco de Oviedo, sería La Viuda de Basilio o Casa Tuto, Chema conoció a Manolo Quirós, que ponía el corazón en todo, y en una conversación acalorada concluyeron que quedaban pocos gaiteros, menos de cincuenta, y que la mitad de ellos ya se mexaban los zapatos, y decidieron que había que sacar la gaita a la calle.


En la primavera de 1975 Manolo llevó a Chema al tallerín de Agapitu, «el Coxu», de Caborana, un viejo tuerto que afinaba a oído y alardeaba de tener la plantilla para punteru de El Cogoyu, un afamado constructor de Les Regueres de la primera mitad del siglo. El Coxu hacía gaitas muy buenas y gaitas muy malas. La de Chema salió mala.


Sin ponerse de acuerdo ni conocerse, en aquel entonces salieron gaiteros como Gelu el de Ribadesella; Chema Castañón, fíu, y los Pellos, de Mieres, que ahora son luthiers; Pipo, el de Moreda, que en la actualidad es dueño de Casa Pachu, en Oviedo, y Xuacu Amieva y Manolo Quirós, que llegaron a la excelencia.


Chema tomó al pie de la letra aquello de sacar la gaita a la calle. La primera vez que la llevó consigo fue en enero de 1976, en el cuartel de Rubín, con 600 mozos más que esperaban destino militar obligatorio. Cuando preguntaron si alguien tenía algo que alegar que le impidiera cumplir el servicio militar casi la mitad levantó la mano.


Encomendados a un sargento y trasladados andando al hospital militar, al final de Pumarín, en un día frío, Chema sacó la gaita y la hizo sonar todo el trayecto sin que nadie protestara, dándole al paseo algo de cuento de Hamelín y algo de marcialidad escocesa. Chema libró la mili, pero no por eso, sino por enchufe.


La segunda ocasión memorable fue cuando el cantautor de la Nova Cançó Pi de la Serra vino a dar un concierto al Palacio de los Deportes y fue suspendido por orden gubernativa. Jesús Pedro, de «Camaretá», lo comunicó a los 700 espectadores que eran rodeados por un despliegue de «jeeps» policiales y acabó con un grito de «¡Chema, saca la gaita, cagun la puta!». Y Chema, ya Chema el gaiteru, salió tocando la gaita por la rampa principal entre dos filas de sesenta «grises», embocó hacia la Tenderina alta y, como los demás le seguían, cortaron el tráfico e inmovilizaron a los policías. Se le sumó con otra gaita Beni Millares, que tocaba la quena en el grupo «Mate», y organizaron la primera manifestación con gaita desde la Guerra Civil haciendo sonar el «Asturias, Patria Querida», «En Oviedo no me caso» y otras piezas de las cuatro fáciles del repertorio tradicional.


Con la carrera acabada y un Citroën «dos caballos», Chema vivió durante cinco años de la gaita en Bretaña, en París -donde habitó una buhardilla que le había pasado un desertor de Soto del Rey- y en Heidelberg, donde los floreos agudos rompían el hielo en los pubs, provocaban un silencio respetuoso y llenaban la gorra para beber en Alemania y vivir en Francia. Heidelberg es una ciudad universitaria donde había mucho estudiante de español, y el habilidoso Chema, sabedor de la cercana base estadounidense, había aprendido a la gaita el himno de los marines, que le reportó muchos marcos. También pasó un invierno en Cadaqués.


Regresó a España en 1982 para ver el Mundial de fútbol, que tuvo una de sus sedes en Asturias, porque en Ceceda se hospedaba la selección argelina y daban entradas para los partidos a todo el pueblo. Se quedó en España porque Rosy, una de Ceceda, tenía una amiga que se llamaba Pelita, y Chema empezó a cortejarla y enfundó la gaita y se acabó su vagabundeo.

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