01 de mayo de 2010
01.05.2010
El Trasluz

En el parque no hay cajeras

01.05.2010 | 02:00
En el parque no hay cajeras

La primavera tiene algo de delirium tremens. De súbito, el aire se llena de moscas, moscardones, avispas, abejas, pájaros? Te pasas el día viendo bichos, en fin. Sólo falta que escuches voces para que te ciñan la camisa de fuerza. Pongamos que todo esto es normal, te dices mientras paseas por el parque, que hasta hace cuatro días permanecía yermo. También las hormigas han abierto las puertas de sus habitáculos y se manifiestan en filas paralelas. Ahí están las que van de vacío y las que regresan cargadas con alguna semilla. ¿Y esto que acaba de estallar, te preguntas, dónde estaba? ¿Dónde se encontraban las pequeñas bombas de racimo productoras de toda esta metralla biológica?


El delirium tremens no llega a los despachos de contabilidad, ni a las notarías, ni al Congreso de los Diputados, ni al Senado. Hay lugares que permanecen idénticos a sí mismos, como si no ocurriera nada. Algunas crías de pájaros caen al suelo desde sus altos nidos y fallecen, implumes, sobre el césped. De sus cadáveres dan cuenta los gatos callejeros y las hormigas, que se los comen a pellizcos. Mientras nosotros vamos a la oficina, una pareja de gorriones vigila las primeras salidas de su prole. Piensa uno que el primer vuelo debe de crear una inquietud semejante a la que en los humanos produce la primera salida sin tutela del hijo adolescente. ¿Sabrá manejarse en el metro?


Bien visto, el invierno fue un delirium tremens inverso. No se escuchaba un zumbido. Ese silencio cósmico que acompañaba al frío era tan exagerado como este despertar. El comportamiento de la naturaleza, si lo piensas, no deja de ser un poco maniaco depresivo. Ni el invierno debería ser tan silencioso ni el verano tan alborotador. Este pasar de un extremo a otro en cuestión de días resulta desconcertante para quienes desarrollamos la misma actividad durante todo el año. No hay derecho a que el campo esté como está y que la cajera del supermercado tenga que trabajar las mismas horas y los mismos días que en enero. Sería magnífico que el parque se llenara estos días también de cajeras de supermercado y de registradores de la propiedad y de notarios y de viudas recientes. Pero un servidor, que va al parque todos los días, no nota otro movimiento que el de los animales.

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