24 de mayo de 2010
24.05.2010
Sólo será un minuto

Esclava

24.05.2010 | 02:00
Esclava

Fátima: «Mi padre solía decirme: los pesimistas también se equivocan. Quería convencerme de que es absurdo dejarse llevar por la tentación de esperar que todo vaya mal en la vida. Y como él odiaba la palabra optimista porque le sonaba a pancarta de bobos, me lo retorcía para que yo me lo tragara. Y así fue. Mi infancia fue feliz y mi adolescencia se puede calificar de aceptable. Aburrida, pero aceptable. Hasta que cometí el error de enamorarme del hombre equivocado. Suele ocurrir cuando tienes demasiadas esperanzas puestas en los asuntos sentimentales. No es que esperase a mi príncipe azul, porque mi madre se preocupó por quitarme esa idea de la cabeza en cuanto tuve uso de corazón, pero mi mente estaba contaminada por las películas. Mi padre era acomodador de cine, así que tenía vía libre para ver una y otra vez lo que me gustaba. Y, por desgracia, me gustaban demasiado las historias en las que la protagonista conoce a un hombre que la rescata de su cautiverio. En mi caso, mi cautiverio era una ciudad agarrotada por la crisis industrial, unos padres que no se hablaban y que mantenían la farsa de la convivencia por el qué dirán, unas amigas a las que sólo me unía el alivio de tener compañía las tardes de los domingos y evitar que me considerasen un bicho raro.


Lo cierto es que cuando conocí a José, fue inevitable que me dejara caer en sus redes de pecador sofisticado. Digo pecador porque eso explica que me resultara tan atractivo, con su imagen de galán de mirada turbia, con su chulería siempre humeante? y a mí me volvían loca los hombres que sabían fumar un cigarrillo como las estrellas del cine. Y digo sofisticado porque era un hombre que sabía mucho de cine, que veía películas raras en blanco y negro, que leía libros de poesía en francés, que iba a conciertos de música clásica y visitaba exposiciones de arte húngaro. Y yo, con mis 17 años ingenuos y falsamente osados, me dejé cautivar para convertirme en su esclava».

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook