05 de junio de 2010
05.06.2010

Emery: hijo de portero, padre de entrenador

l El guardameta vasco, que jugó 49 partidos oficiales con el Sporting (1962-64), era muy decidido en las salidas por alto
l Progenitor del actual técnico del Valencia, brilló en Segunda en otros equipos, como Dépor, Recre, Alavés, Irún, Granada y Jaén

05.06.2010 | 14:06

Gijón, J. E. CIMA

A Juan Emery (Irún, 1933) se le recuerda en Gijón por ser un portero relativamente bajo (1,73 metros de estatura) pero de grandes reflejos bajo los palos y decidido en sus salidas. Militó en la década de los sesenta en equipos punteros de Segunda División como Real Unión de Irún, Alavés, Logroñés, Deportivo de la Coruña, Recreativo de Huelva, Granada, Jaén y por supuesto en el Sporting (1962-64), del que guarda una grata experiencia deportiva y personal.


Era hijo del mítico portero vasco Antonio Emery, del Real Unión de Irún, del que «adquirí muchas de sus cualidades bajo los palos, aunque no era tan bueno como él despejando de puños. Eso me lo recriminaba mi padre, pero sí tomé la decisión de ser valiente saliendo para tocar con la punta de los dedos el balón, evitar el remate del delantero y luego bloquear la pelota. Me gustaba esa forma de dominar mi área pequeña. Por donde pasé se me apreciaba».


También es padre del técnico Unai Emery, entrenador del Valencia, al que elogia porque «tiene una gran visión del juego, como la que yo tenía, y sobre todo mucha psicología para actuar con los jugadores y sacarles el mayor rendimiento. En esto no le tengo que dar consejos. Para mí Guardiola y Unai son los que mejor filosofía tienen y saben tratar bien a las canteras y a los jóvenes. Sé que en algún tiempo el Sporting lo quiso y me hubiera gustado que fuese a Gijón, porque yo allí lo pasé muy bien».


La llegada del portero donostiarra al Sporting en el verano de 1962 se debió a que el Deportivo fichó al portero Betancourt, de gran envergadura y que llegaba del Madrid, y también a Padrón, procedente del Celta, «y tras subir el equipo a Primera no me iba a tocar jugar mucho. Aún tenía un año de contrato, pero me busqué la salida a otro equipo puntero de Segunda como el Sporting y encima estaba más cerca de casa», asegura.


De aquella primera campaña de rojiblanco, en la que disputó 36 partidos, Emery destaca: «Me encontré un equipo de transición con gente muy joven que aún se estaba formando. Se acababa de renovar el equipo y la forma de entrenar era muy distinta de la de ahora porque se hacía sólo una hora y no había trabajo específico. Los porteros teníamos que correr mucho y, cuando ya estábamos agotados, empezaban a entrenarnos. Salieron buenos jugadores de aquel Sporting como Alberto Fernández, «el Candasu», que se ponía siempre a mi lado y luego triunfó en el Atlético de Madrid. Y también el central Alonso, que era muy rápido y eficaz».


Su segunda campaña ya no fue tan buena: sólo pudo jugar 13 partidos. Juan Emery argumenta: «En un disparo raso me rompieron un dedo de la mano y entonces tomó ya definitivamente el puesto Cobo, que venía de fuera con nombre. Pero me queda el gran recuerdo de que al final jugamos la promoción de ascenso a Primera con triunfo en El Molinón (1-0) y luego nos eliminaron en Barcelona (0-3). Teníamos buen equipo y el simpático central Florín hacía mucho grupo. Molinuevo era el entrenador del aquel Sporting».


Se vio obligado entonces a cambiar de aires, aunque «lo pasaba muy bien en Gijón. Por las tardes iba al teatro, a conferencias, a conciertos y a clase de inglés. Tenía un gran grupo de amigos, aparte del fútbol. Al tener el puesto de portero complicado, decidí irme al Recreativo de Huelva, que preparaba un equipo para ascender y si lo lográbamos nos regalaban un coche. Por desgracia, no se consiguió y es una pena que me queda no haber jugado en Primera», comenta.


De su carrera deportiva se queda Emery con «los muchos amigos que hice. Los mejores recuerdos son de cuando ganamos dos Copas de España con el Real Unión, el ascenso a Segunda con el Jaén y estar en equipos punteros de Segunda. Tampoco se me olvidará que veía bien el fútbol y así, un año en el Deportivo, al llegar un entrenador nuevo, me pidió opinión y le dije que los jóvenes Amancio y Veloso debían jugar solamente arriba y no bajar a trabajar. Acabaron marcando 32 goles y luego se los llevó el Madrid. En el Granada el veterano técnico Kalmar me pidió que lo sustituyera en un viaje a Valencia por estar enfermo, y ganamos. Con ese sistema luego ascendimos ante el Málaga».


Tuvo pasión por ser entrenador y en 1967 decidió dejar el fútbol en el Jaén porque le ofrecieron ser técnico en su Real Unión de Irún. «Tenía buena visión del fútbol pero también me dieron un puesto de trabajo de director en una gran empresa de transporte. No tenía carné y al final aposté por ese trabajo».

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