18 de septiembre de 2010
18.09.2010

El primer coche que circuló en Asturias

En octubre de 1890 llegó a Oviedo, comprado por el marqués de Vista Alegre, un Benz cuya velocidad máxima era de 20 kilómetros a la hora

18.09.2010 | 02:00
La réplica del Benz, en el Museo del Automóvil de Salamanca, que será expuesta desde hoy en la I Feria del Automóvil «Ciudad de Oviedo».

Oviedo, Ángel FIDALGO

El primer coche que llegó a Asturias pagaría viñeta en Oviedo si alguien hubiese llegado a concebir entonces que por semejantes artefactos de tracción mecánica habría, con el tiempo, que pagar al Ayuntamiento. Lo compró el marqués de Vista Alegre, Luis María de Unquera y Antayo, en la Exposición Universal de París. En los primeros días de octubre de 1890 llegó a la capital del Principado, donde causó sensación. Se trataba del primer Benz fabricado en serie, del que sólo se hicieron cinco unidades, y el del marqués de Vista Alegre fue el primero en tener comprador.


Lamentablemente el automóvil se destruyó en el palacio familiar , en la plaza del Fontán de Oviedo, durante la Guerra Civil.


El vehículo, de tres ruedas, construido en Alemania, alcanzaba los veinte kilómetros a la hora en las bajadas, quince llaneando y diez en las subidas. El marqués tuvo que pagar cuatro mil pesetas por el ingenio mecánico.


Una réplica del primer automóvil que circuló por Asturias se presenta hoy, en el Palacio de los Deportes, en la Feria Internacional del Vehículo Clásico «Ciudad de Oviedo», que dirige Francisco de la Hoz, autor del libro «Historia del automóvil en Asturias. 1890-1965».


Este Benz no fue sólo pionero en Oviedo sino que también pasa por ser uno de los primeros que rodaron por España. Eso sí, sin matrícula, ya que los coches no comenzaron a identificarse en Asturias hasta 1907. El primero, O-1, fue un Mors que perteneció al conde de la Vega del Sella.


El Benz del marqués de Vista Alegre causó de nuevo una gran expectación en septiembre de 1925, durante la I Feria del Automóvil que organizó el Real Automóvil Club de Asturias con motivo de las fiesta de San Mateo, en Teatinos, muy cerca de donde ahora se expone su réplica. El histórico Benz parecía una calesa, a no ser por la tercera rueda que tenía en la parte delantera y por el depósito en el centro del vehículo, que contenía la bencina que movía su sencillo y pequeñísimo motor de explosión, instalado en la parte trasera. Estaba abierto por delante y a sus dos ocupantes los resguardaba de la intemperie una capota. Un automóvil que ya es historia.

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