13 de diciembre de 2010
13.12.2010

Inauguraciones a palo seco

La crisis obliga a los ayuntamientos a suprimir vinos de honor, cervezas y pincheos en aras de la austeridad total que reclaman los tiempos

13.12.2010 | 01:00
sin rioja en el «nuevo barajas». El ministro de Fomento, José Blanco, inauguró ayer la ampliación de la estación de Atocha, que denominó el «nuevo Barajas». Le acompañaron en el acto la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón. Las obras han costado 171 millones de euros, pero, como manda la crisis, no hubo ni un «riojita» ni unos pinchos para celebrar el magno acontecimiento.

Madrid, Patricia CRESPO

«¿No hay ni una cerveza? Nada, nada, ¡austeridad total, Alberto!». Así bromeaba el pasado martes el vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba, con el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, sobre si había algún aperitivo tras la inauguración de una comisaría en la capital.

«Supongo que a pesar de las restricciones de Elena Salgado algo quedará para una cerveza». ¿O no hay ni cerveza»?, preguntó el también ministro del Interior a los anfitriones una vez concluido el acto, y al no encontrar respuesta, se despidió diciendo con media sonrisa: «Ni cerveza, ni Navidades. Nada de nada. ¡Austeridad total, Alberto!, así que nos vamos. Buenos días».

La situación que dio origen a esta anécdota de Rubalcaba y Gallardón, cuyo Ayuntamiento es el más endeudado de España, no es, sin embargo, una excepción, sino que se repite en otros muchos consistorios y gobiernos autonómicos que, ahogados por la crisis, buscan recortar gastos de donde sea.

En La Rioja, la comunidad que tiene al vino como seña de identidad, el Gobierno regional ha decidido no celebrar «vinos de honor», mientras que el Ayuntamiento de Logroño ha seguido sus pasos y ha suprimido el convite en las fiestas patronales de San Bernabé, que se celebran en el mes de junio.

San Saturnino, patrón de Pamplona, tampoco se ha librado de los recortes, que han obligado a los concejales del Consistorio navarro a pagar «a escote» la comida de la festividad del santo, el pasado 29 de noviembre.

¿Cuánto se puede ahorrar con este tipo de medidas? Pues mucho si nos atenemos a los datos ofrecidos por los socialistas en el Consistorio de Castellón, que han denunciado que sólo en un mes el Ayuntamiento presentó facturas que sumaban 26.653 euros por comidas, recepciones, cócteles, vinos de honor, servicios de catering, desayunos y refrescos consumidos.

Pero este no es el único apartado curioso en el que se puede recortar. Los coches oficiales y la iluminación son también un capítulo sobre el que ayuntamientos y comunidades actúan para reducir algo sus deudas. Si el alcalde de Lorca (Murcia), Francisco Jódar, ha decidido prescindir del coche oficial para viajar en su propia motocicleta con un ahorro para las arcas municipales de 24.000 euros al año, en Valencia han optado por reducir los gastos en lavado de vehículos oficiales en un 18 por ciento.

En Madrid, donde se ha suprimido el servicio de recogida de las hojas que caen de los árboles, han decidido, además, sustituir los coches oficiales por otros de gama más baja y de menos emisiones, con un ahorro aproximado de 352.101 euros, mientras que en Barcelona sólo dejan usar este tipo de vehículos al alcalde, los tenientes de alcalde y los presidentes de grupos municipales. Y también en Castilla y León se ha puesto en marcha un plan para coordinar el uso de los vehículos oficiales por parte de los altos cargos.

La luz es igualmente una de las obsesiones de los ayuntamientos a la hora de recortar gastos hasta ahora considerados imprescindibles.

Para ahorrar energía, el Ayuntamiento de Valladolid ha apagado las farolas que antes alumbraban varias rondas exteriores de la ciudad; los de Murcia y Bilbao han cambiado las lámparas de las suyas por otras de menor consumo, y el de Valencia ha instalado reguladores para reducir la intensidad luminosa cuando haya menor afluencia de peatones y vehículos.

Otros cierran antes sus oficinas, como el Ayuntamiento de Madrid, y la Diputación de Álava obliga a los funcionarios a imprimir los folios por ambas caras y se les invita a no utilizar el color si no es necesario. Y también hay que ahorrar en Navidad. Menos luces, bombillas de bajo consumo, reciclado de la iluminación y adornos de años anteriores. Como dice Rubalcaba: «Ni cerveza, ni Navidades. Nada de nada». La crisis no perdona.

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