17 de abril de 2011
17.04.2011
Un momento vital

Pachi Poncela, los adolescentes vienen de Londres

El radiofonista dejó de mearse en la cama en el viaje que ganó en el concurso de cuentos de Coca-Cola
La radio, la música y el dibujo son suyos

17.04.2011 | 02:00
Pachi Poncela, en Londres, en 1994, con 24 años, diez después del viaje de Coca-Cola.

El radiofonista Pachi Poncela tuvo el verano de su vida en 1984. En siete días de julio aprendió lo que se le había resistido durante siete años. Fue en un viaje a Londres con una decena de adolescentes premiados en el concurso de redacción de Coca-Cola.

El hombre vivía en el pueblo y su mujer en la ciudad, no se aclaraba por qué. En la carta a su esposa, él explicaba que vendría un desastre y se quedaría sin vacas con la entrada en la Comunidad Económica Europea. En 1984 España todavía no se había adherido a la CEE, pero ése fue el tema del concurso de redacción de Coca-Cola. El texto pesimista de Pachi Poncela mereció el primer premio del concurso literario en Asturias y el segundo en España. Por la victoria regional ganó un televisor portátil Sanyo en blanco y negro, y por la nacional, un viaje a Londres.


A la ilusión loca por el premio le siguió el pánico a la estancia fuera de casa porque Pachi Poncela tenía 14 años y se meaba en la cama. No le pasaba todas las noches, pero le daba mucha inseguridad. A diferencia de sus hermanos mayores, Jaime y Nacho, nunca había ido de campamento. Todos los días hacía pis un instante antes de meterse en la cama. Todas las noches le despertaba el último en acostarse para que volviera a orinar. Había probado a frotar el meñique antes de dormir y otros remedios domésticos para enuréticos. Sin resultado.


La responsabilidad de representar al Colegio Sagrado Corazón de María de Gijón y la aceptación de los hechos le subieron a un autobús una mañana de comienzos de julio, bien temprano, cargando una bolsa de deportes alargada y ancha, llena de ropa a la que su madre había cosido bolsillos especiales para que llevara el dinero donde no pudieran robárselo.


Alfonso, su profesor de literatura, y una mujer encantadora de la organización le acompañaron en el largo y sinuoso viaje hasta Pontevedra.


Antes de volar a Londres, los premiados de España y de la fase catalana, una decena de chicos y chicas, se reunirían y hospedarían unos días en el Gran hotel La Toja. La primera noche de hotel en la vida de Pachi Poncela fue en un cinco estrellas, en una habitación grande, la 605, que compartió con Ángel, un concursante de Jaén.


Pachi, que todavía tenía formato de niño, era bajito y gordín.


Ángel, que había dado el estirón, era alto, muy moreno y tenía nuez.


La excitación y las emociones fueron más fuertes que el cansancio y no durmió bien.


A la mañana siguiente Ángel, Sergio, de Málaga; Chitina, de Salobreña (Granada); Antonio, de Granada; las cuatro chicas de Cataluña, e Icíar, de Soria, gozaron de la piscina del elegante balneario. Pachi no sabía nadar y le daba mucha vergüenza reconocerlo.


El día de la excursión a Santiago, Pachi bajó temprano al vestíbulo y se hizo el adormilado en un sofá para no tener que hablar con nadie. Le preocupaba, como siempre, cómo le veían, si le aceptarían...


La última noche en La Toja, sin planearlo, la pasaron en vela, de habitación en habitación, contándose historias de miedo. Cada uno eligió sus simpatías pero hicieron piña.


Chitina, que se hizo novia de Ángel, tenía manía a Pachi. Sólo hablaba bien de él cuando dibujaba, su técnica para romper barreras.


-Hay que vé cómo dibuja.


La niebla espesa hizo magia sobre la ría de Arosa la mañana en que partieron hacia el aeropuerto de Lavacolla (La Coruña). El vuelo a Londres con Iberia fue el primer viaje en avión de Pachi.


Heathrow, hotel Bedford en Southampton Row, taxis altos, cabinas rojas, «bobbies» con casco, negros, chinos, indios con turbante, subida al segundo piso del autobús, bajada al Metro, los cuervos de la Torre de Londres, el orador del Speakers Corner, el olor a neumático quemado de la circulación incesante, el sabor amargo del bitter lemon Schweppes, no saber inglés, manejar pocas libras, el robo del dinero en la habitación, el préstamo de 2.000 pesetas de Sergio; la goma grande de Snoopy de regalo para Elvira, la hermana pequeña, el Museo de Cera de Madame Tussauds, el palacio de Buckingham, el Royal Albert Hall, Regents Park, Picadilly, el zoo, el regreso de Oxford en el autocar, con el sol poniente detrás, hablando con Teresa, leridana, alta, delgada, ojazos claros, media melena negra y rizosa...


Casi en la despedida, Chitina preguntó a Pachi:


-¿Tú sabe nadá?


-Sí, pero muy mal.


Ese verano Pachi Poncela aprendió a nadar en la piscina del chalé de su tía Eloína en Almuñécar.


Nunca más se meó en la cama.

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