05 de julio de 2010
05.07.2010

Medio siglo viajando sobre dos ruedas

Una caravana de motos antiguas deja su espectacular huella en una ruta de ida y vuelta a Ribadesella

05.07.2010 | 02:00
Las motos antiguas, aparcadas en Ribadesella. / m. t.

Ribadesella, María TORAÑO


«En mi pueblo, cuando yo era un guaje, el cartero tenía una igual», decía ayer Esteban Sánchez, vecino de Luarca de 67 años, mientras observaba las motos antiguas aparcadas en la plaza de María Cristina, frente al Ayuntamiento de Ribadesella. La IV Reunión de Motos Clásicas y Antiguas congregó ayer, alrededor de las 11 de la mañana, en el centro riosellano, unos sesenta vehículos de dos ruedas con varias décadas acumuladas en cada rueda pero en perfectas condiciones para seguir recorriendo cualquier carretera que se les ponga por delante.


Y a los cerca de 80 participantes que acudieron a la cita organizada por la Agrupación Motorista Asturiana (AMAC) lo que se les puso por delante fueron las curvas y recovecos de algunas de las carreteras comarcales más emblemáticas del Oriente de la región. Los conductores, en riguroso orden y perfectamente organizados, emprendieron un camino de casi 100 kilómetros. Desde Ribadesella avanzaron por la carretera vieja hacia Llanes, la AS-263, hasta Posada, donde por la AS-115 -más conocida como carretera del Ríu de las Cabras- llegaron hasta el alto de Ortiguero. Una vez en ese punto emprendieron el descenso hacia Benia de Onís, hasta llegar a Corao, donde efectuaron una «parada técnica» para tomar un tentempié y seguir la ruta por otra vía comarcal, en este caso la As-339 hacia Labra e Igena, hasta llegar a Nueva de Llanes.


En este punto retomaron la carretera vieja hacia el Oeste, rumbo de nuevo a Ribadesella, donde los vehículos quedaron expuestos hasta media tarde, mientras los participantes comían todos juntos en un restaurante riosellano. Los curiosos y turistas que se acercaban a la plaza del Ayuntamiento pudieron disfrutar con motos DKV de 1937, una BMW de la década de 1940, dos Harley-Davidson de 1942, un sidecar, Montesas, Vespas y Lambrettas de todos los colores pertenecientes a aficionados de diferentes rincones de Asturias, Cantabria y León que, a pesar de la amenaza de mal tiempo, lustraron sus preciadas motos para presumir de su buen estado de conservación y funcionamiento.

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