04 de julio de 2011
04.07.2011
 

Galgo corredor y muy poco ladrador

Los propietarios de una decena de perros de carreras se citaron en el Museo de las Anclas de Salinas para reivindicar la vitalidad de una raza de canes tan tranquilos como singulares

04.07.2011 | 03:30
Gael Albana, en la puerta del Museo de las Anclas, juega con un galgo.

Salinas (Castrillón), Alba D. COSGAYA

Los galgos son una de las razas de perros con un mayor historial de malos tratos. Cuando dejan de ser capaces de cazar o de correr sufren abandonos, en el mejor de los casos. En el peor, ahorcan. El grupo de acogida Galgoastur se encarga de encontrar un hogar para estos perros tan singulares. _«"Bimbo", uno de los galgos que acogimos, acaba de ser adoptado en Bélgica», explicó María López, colaboradora de la entidad, que _organizó ayer un paseo con los _perros que partió del Museo de las Anclas y recorrió Salinas.

Todos los participantes coincidían en que los galgos son animales muy dóciles y tranquilos. «Son como gatos», explicó Beatriz Fernández, que junto a su marido tiene adoptados dos de estos perros: «Brujo» y «Sira». «A "Brujo" lo trajimos de Zamora, ya no valía para cazar y su dueño quería sacrificarlo», contó Ramón Antonio, el marido de Beatriz.

Rafael Ávila también rescató a su galga «Morita» cuando unos cazadores iban a «hacerla bailar» en el Puerto de Santa María. Ahorcar a los galgos o hacerles «tocar el piano» es una de las maneras en que algunos cazadores se deshacen de sus perros. Les arrancan el microchip de identificación del cuello y les anudan una cuerda al cuello. «Por suerte, yo iba con todos los veteranos del equipo de rugby. Sus dueños decidieron no discutir y "Morita" se vino en el autobús del equipo conmigo», contó Rafael.

El grupo Galgoastur lleva funcionando desde principios de año. Adoptan y acogen a galgos de todas las asociaciones. Pero también quieren cambiar la imagen de _perro de caza que necesita mucho ejercicio. «Son muy tranquilos. Pegan un par de carreras muy rápido y ya están cansados», señaló David Velasco, organizador del paseo. «No les tengo miedo, son mis amigos», dijo Roberto Ávila, uno de los niños que acudieron al paseo.

El objetivo de Galgoastur es conseguir abrir un albergue para estos animales en Castrillón, que carece de él desde hace veinte años. El último proyecto fue echado para atrás por las protestas de algunos vecinos del concejo.

La peor época para las asociaciones y grupos de acogida empieza estos meses. «Ahora comenzarán a aparecer muchos galgos abandonados. Los galgueros se deshacen de los cachorros que no les interesan, lo que ellos llaman exceso de crianza», lamentó David Menéndez. Esta semana incendiaron las instalaciones de Terracan en Ferrol, diecisiete perros murieron y las nuevas camadas de cachorros murieron asfixiadas.

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