06 de julio de 2012
06.07.2012

El bosque intacto

La reserva natural integral situada entre Cangas del Narcea e Ibias guarda una vasta superficie forestal inalterada desde hace medio siglo, llena de vida y de acceso restringido para favorecer su conservación

06.07.2012 | 02:00
Cerámina negra de Llamas del Mouro. / ANA PAZ PAREDES

Luis Mario ARCE

Bosque entre los bosques, Muniellos, reserva natural integral desde 2002 y previamente reserva biológica (fue el segundo espacio protegido en Asturias, en 1982, tras el parque nacional de la Montaña de Covadonga), reúne unos valores naturales excepcionales que no son ajenos a su belleza paisajística, acreedora a la segunda posición entre los lugares más bellos de Asturias votados por los lectores de la edición digital de LA NUEVA ESPAÑA. Sin embargo, la importancia de Muniellos va más allá de su apariencia, producto de la frondosidad de su arbolado (principalmente robledal albar y orocantábrico, aunque también es un bosque de bosques, en el que caben hayedos, abedulares, rebollares y alisedas) y de su extraordinario estado de conservación, evidenciado en la gran abundancia de musgos y líquenes, indicadores de calidad ambiental.

Muniellos es el robledal albar más importante de la península Ibérica y uno de los bosques mejor conservados de Europa occidental, inalterado desde hace más de cinco décadas (hasta 1960 y desde el siglo XVIII estuvo sometido a explotación, si bien, afortunadamente, esta no menoscabó en demasía su calidad natural). Asimismo, está considerado como uno de los espacios con mayor variedad de formas de vida (un «punto caliente» de biodiversidad) de la vertiente atlántica del continente: 396 plantas vasculares, 504 líquenes, 335 musgos, 1.149 invertebrados (de los cuales 755 son insectos y 100, arañas) y 144 vertebrados (93 aves, 35 mamíferos, ocho anfibios, siete reptiles y un pez), en un territorio de 5.542 hectáreas repartidas entre los concejos de Cangas del Narcea e Ibias. Una riqueza biológica abrumadora que, sin embargo, no resulta fácil de ver. Muniellos es un bosque celoso de sus secretos.

Como todos los bosques caducifolios (el arbolado predomina, pero no hay que olvidar las superficies de matorral ni las lagunas), Muniellos cambia radicalmente de aspecto con las estaciones. La primavera y el otoño son las épocas en las que se manifiesta en todo su esplendor, verde y lleno de vida en mayo y junio, y convertido en una sinfonía de colores (ocres, dorados y rojos) a finales de año. Esa variación se traslada a la fauna, que alcanza su máxima riqueza durante la estación reproductora y se empobrece a medida que el bosque se deshoja. El encuentro con el picamaderos negro, el mayor de los pájaros carpinteros europeos, o con el rebeco cantábrico, que vive aquí en el extremo occidental de su área de distribución, en número escaso, es buscado por muchos visitantes interesados en la fauna, que anhelan tropezarse con un oso y saben que, ocultos en la espesura, habitan algunos de los últimos urogallos.

Es uno de los bosques en mejor estado de toda Europa occidental y el mayor robledal albar de la Península

Los productos artesanales más característicos del entorno de Muniellos son las madreñas, los trabajos de cestería con salgueras y avellano (Rebollar, en Degaña) y la cerámica negra de Llamas del Mouro, elaborada en el pueblo cangués de San Martín de la Sierra por el único alfar superviviente de la veintena de ellos que se conocían.

Existen algunos restaurantes en el propio entorno de Muniellos que ofrecen cocina casera (en Vega de Rengos, por ejemplo), aunque la oferta más amplia y variada se encuentra en la villa de Cangas del Narcea, donde es posible degustar desde las preparaciones más tradicionales hasta la cocina más creativa. Los productos estrella de la zona son los derivados del cerdo y, en particular, el chosco, el botiellu y la andoya, tres tipos de embutidos adobados y ahumados, junto con la carne «roxa» (Cangas tiene una importante cabaña ganadera de vaca asturiana de los valles), el pote de berzas y los platos de caza. A los postres, feixuelos y queso de Genestoso. Y, para beber, vino de la tierra de Cangas. En la zona también se elaboran afamados orujos.

Desde Cangas del Narcea se sigue la carretera AS-15 hasta Ventanueva; aquí se toma la AS-348 al puerto del Connio y, poco después de rebasar el pueblo de Moal, se encuentra una pista señalizada a la izquierda que conduce a Tablizas, punto de salida de las rutas. Siguiendo por la carretera se accede, a la derecha, al centro de interpretación de Oballo.

Dos caminos conectados entre sí se adentran en Muniellos. El más largo y arduo recorre a media ladera la vertiente norte del valle, por la ruta de Fonculebrera; el otro discurre parejo al río, con un tramo inicial adaptado para discapacitados. Confluyen en la subida a las lagunas, al cabo de 10 y 6,5 kilómetros, respectivamente.

La visita de la reserva natural integral de Muniellos está sujeta a un cupo de 20 personas diarias. Sólo se puede acceder con autorización previa del Principado (reservas en la web https://sede.asturias.es), cuya solicitud se abre el 15 de diciembre. Las rutas deben realizarse entre las 09,00 y una hora antes de la puesta de sol.

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