10 de agosto de 2014
10.08.2014

El Carnaval acuático del Sella

Ángeles, "majorettes" masculinas, piragüistas con equipación de pega y un dragón de cartón piedra animaron las horas previas a una multitudinaria fiesta en la que los rayos del sol deshicieron los augurios de mal tiempo

10.08.2014 | 02:08
El Carnaval acuático del Sella
Aficionados disfrazados de palistas, en la salida de Arriondas.

Pelucas, maquillaje, disfraces de mujer... y de hombre. No se trata de una película de transformismo de serie B, sino de la calle Argüelles, la travesía de Arriondas a una hora de la salida del septuagésimo octavo Descenso Internacional del Sella. Desde primera hora de la mañana, miles y miles de personas llegadas de todos los rincones de España y del extranjero abarrotaron la capital parraguesa para disfrutar de la competición y además, o exclusivamente, de la fiesta que rodea el evento.

Abrían la marcha festiva, a las once, los antiguos monarcas del Reino de Asturias, encarnados por adultos disfrazados precedidos por niños caracterizados como pajes. Los acompañan una banda de gaitas y un hombre disfrazado de pila verde, representando a uno de los patrocinadores. El pueblo entero se volcó con la celebración, participando y observándola desde sus balcones engalanados con banderas de Asturias y de España. La nota más chisposa la pusieron las tonadas populares de los "tritones", la charanga de Piloña compuesta por gente de todas las edades, incluso familias enteras armadas con tridentes plateados de pega y camisetas amarillas, blancas y verdes. Iban seguidos por numerosos parragueses adornados con guirnaldas al cuello y sombreros de paja.

Pero sin duda quien más emoción despertó fue la peña "Los botijos", de Cangas de Onís. A la comitiva de gaiteros y paisanos ataviados con trajes tradicionales la acompañó una camioneta con estandartes, flores y palas de piraguas, un "majorette" masculino y un peculiar ángel de alas moradas y negras y aspecto varonil. Los asistentes bailaron animadamente al son de "Dragostea din tei", "Happy", "La bomba" y otros clásicos de la pachanga veraniega.

A continuación desfilaba un coche con gaiteros en el techo y un escanciador bromista que derramaba la sidra sobre el parabrisas, seguido de un tractor que portaba una banda musical. Eran los paisanos de Ribadesella, que se distinguían por sus pañuelos rojos y la montera picona, sus pancartas y los vítores a su tierra.

Un camión con el cartel "guarde el público silencio" -aunque en mitad del barullo tuviera cierta sorna, es el primer verso del pregón escrito para el Descenso por su fundador, Dionisio de la Huerta- anunciaba la presencia de la peña de lugareños. Acudieron con un dragón de pega y chaquetas negras con la bandera de Asturias bordada en la parte trasera. Muchos llevaban consigo imitaciones de piraguas, con sus propios dorsales y palas. A menudo se paraban y en plena carretera hacían como que remaban, para regocijo del público.

Cerraron la parada, animando a unos asistentes ya de por sí muy motivados, los cabezudos y la fanfarria "El Felechu", de Corvera, al son de la mítica canción "In the navy" de los "Village People". Las calles de Arriondas se convirtieron por unas horas en el reino del color, la sidra y la folixa, bajo la atenta mirada de la Guardia Civil a caballo.

Al mismo tiempo, o antes de que terminara el desfile, una multitud abarrotó la ribera y el puente sobre el río Sella para presenciar la salida de los 895 piragüistas de 17 países (cuatro más que la anterior edición) en liza. Al ambiente festivo contribuyó el tiempo: a medida que avanzaba la mañana, el sol brillaba con más fuerza, deshaciendo las nubes y los pronósticos de lluvia. Dentro del agua, los tritones se divertían y animaban.

Este año, el honor de la leer el pregón recayó sobre José Alberto Álvarez, vicepresidente primero del Comité Paralímpico Español. El texto llama a la celebración, el amor y la exaltación de Asturias. Tras la lectura, llegó un momento de gran solemnidad y emoción. Con las gaitas de fondo, los presentes entonaron el "Asturias, patria querida". Con los aplausos llegó la locura: la vertiginosa carrera de los piragüistas hasta el agua, escoltada por los vítores y los móviles del público que la grababa. Los más empedernidos bajaron hasta la misma orilla, con una gran bandera, para apoyar a los deportistas.

Con las últimas piraguas profesionales y las primeras de los aficionados, el público comenzó a irse. La retirada de los carteles promocionales que colgaban del puente fue el cierre simbólico del acto. Rápidamente la gente se dispersó por las calles, dirigiéndose al tren o al coche para volver a casa o ir a Ribadesella a ver llegar las piraguas . Los que se quedaron en Arriondas veían la carrera en los bares, o se retiraban a las tiendas de campaña. Por la tarde se reactivó la folixa, que duró hasta que aguantó el cuerpo y las ganas, igual que durará el Descenso del Sella.

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