16 de julio de 2018
16.07.2018

Música antigua entre tiorbas y laúdes

Los artistas del festival gijonés reivindican un mayor protagonismo para un arte "sin parangón"

16.07.2018 | 02:01

Tiorbas, laúdes, violas de gamba y hasta guitarras barrocas. Instrumentos de otra época que supusieron una auténtica delicia para acariciar los oídos de las decenas de personas que ayer acudieron al Centro de Cultura Antigua Instituto para ser testigos de la clausura del XXI Festival de Música Antigua de Gijón tras una semana de cursos, talleres, concursos, charlas y, sobre todo, mucha música que hizo disfrutar tanto a niños como adultos sin límite de edad. Todos ellos con la misma consigna: demostrar la importancia de un pasado que influye sin parangón en el presente musical que conocemos.

La ceremonia estuvo protagonizada por el concierto de los alumnos de iniciación a la música antigua y a la danza histórica. Niños y adultos pusieron ayer en práctica todos los conocimientos adquiridos en una corta pero intensa semana de formación. Eduardo García Salueña, director del Festival de Música Antigua de Gijón, fue el maestro de ceremias de una muestra que se dividió en seis secciones, las cuatro primeras dedicadas a los cursos de iniciación en la música antigua, por especialidad instrumental.

El grupo especializado en cuerda pulsada, coordinado por Iván Fernández Prieto, fue el encargado de romper el hielo. "Esta es una muy prometedora cantera de músicos", advirtió Fernández Prieto. Uno de sos virtuosos es Manuel Mejido Noriega, de doce años, siempre con su guitarra a la espalda. "Me apunté a este curso después de haber asistido a otro en el conservatorio del Valle del Nalón; eso hizo que me gustase este tipo de música clásica, es muy bonita", confiesa este joven que antes del concierto no tenía muchos nervios, a pesar de que sus padres y alguno de sus amigos habían ido a verlo. Al contrario, asegura que le encanta tocar para un público y, sobremanera, acompañar al grupo de baile. "La de los bailarines es música muy 'electrizante', y ya sabes, está guay", apunta. Los instrumentos con los que han estado trabajando estos alumnos son la tiorba, el laúd renacentista y la guitarra barroca.

Acto seguido tomaron el escenario los alumnos de cuerda frotada, viola da gamba y violón, coordinados por el profesor Marc Sunyer i Pelegrí. Su intervención provocó un aluvión de aplausos. "Es vuestra labor, de padres, abuelos y vecinos, la de manifestaros, solicitar y exigir al Ayuntamiento y a los conservatorios que esta no sea la única semana de música antigua. Queremos música antigua en Asturias todo el año", reclamaron a los presentes.

Los alumnos de clavicémbalo, dirigidos por Samuel Míllo de Pablo, tomaron luego el testigo. "Cada país tiene su propio lenguaje, y el curso ha servido para que los alumnos se adaptasen a estos lenguajes", valoró. Dos de sus pupilas son Catalina y Camila Monsalve, de 17 y 15 años y ambas del Conservatorio de Gijón. Se enrolaron en el festival para completar sus conocimientos de piano tocando el clave. Están de acuerdo en que "el mayor reto ha sido acompañar a la viola de gamba, a la guitarra, a las flautas? Porque todos tienen que ir a la vez, y no te puedes preocupar solo de ti misma, sino también de los demás". Hugo Luarca, de 16 años, estudia piano con sus dos amigas, y es la segunda vez que asiste a este curso: "Repetí porque me gustó mucho, lo que más la improvisación y el bajo continuo".

Este bloque se cerró con la actuación de los alumnos de flauta de pico, coordinados por Gonzalo LLao Díaz, integrante, a su vez, del grupo "Vox Tremula", que se llevó el Gran Premio del Jurado. Y a continuación, todos los alumnos y profesores se subieron al escenario para acabar la velada con unas obras para orquesta y la actuación del grupo de baile de Iniciación a la danza histórica, liderado por la profesora Pilar Montoya. La bailarina despidió el concierto con unas palabras al público: "Ha sido una inolvidable semana de la música antigua, que 'no es antigua', es más actual que nunca. Hemos bailado y tocado música y danzas de los siglos XVI, XVII, XVIII, nuestro patrimonio, por el que todos debemos velar para que siga creciendo, sobre todo en este entorno magnífico del patio del Antiguo Instituto Jovellanos".

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