11 de agosto de 2018
11.08.2018
Feria taurina de Begoña

Diosleguarde: a matar o Morir en El Bibio

El novillero salmantino abre la puerta grande en el inicio de feria tras cortar dos orejas

11.08.2018 | 01:33
Diosleguarde: a matar o Morir en El Bibio

Primera de abono. Novillada con picadores. Casi media plaza en tarde soleada y ventosa. Se han lidiado seis novillos de Zacarías Moreno, correctos aunque desiguales de presentación y juego. Bueno resultó el sexto. Rafael González (azul marino y oro): estocada desprendida y perpendicular -aviso- (oreja). Estocada y descabellos (silencio tras dos avisos). Francisco de Manuel (burdeos y oro): estocada trasera (ovación con saludos). Pinchazo y estocada tendida (vuelta al ruedo tras aviso). Manuel Diosleguarde (azul marino y oro): tres pinchazo y estocada corta y baja (ovación con saludos). Estocada (dos orejas).

A matar o morir se lanzó a ejecutar la suerte suprema Manuel Diosleguarde en el sexto, justo cuando la tarde, aunque entretenida, tendía al olvido y la desazón. Lo hizo sin reservas, recto y por derecho. Tan de verdad se fue sobre la testuz del novillo para enterrar el acero que "Nigeriano" -así se llamaba el buen ejemplar de una desigual pero nobilísima novillada de Zacarías Moreno- le prendió con virulencia al saberse muerto. El susto no pasó de una contusión en la rodilla, pero su manera de enrabietarse mientras el toro doblaba, quedándose solo ante su antagonista, hizo brotar los pañuelos en los tendidos para pedir con ansia el doble trofeo que le abrió la Puerta Grande. Le supo a gloria por cómo agarraba los apéndices auriculares, que diría Fernando Guerra.

Fue la tarde de Manuel Diosleguarde un claro ejemplo del hambre de los novilleros. Pocos festejos al año y muchas "novias" para anunciarse en ellos. Tal era su necesidad que se entregó de principio a fin toda la tarde. Tanto que se precipitó en algunas de sus decisiones y, la verdad, fallos haberlos "húbolos", pero ¿qué quieren? el chaval salmantino hace apenas dos meses que debutó con caballos -tras una ilusionante trayectoria como novillero sin los varilargueros- y el de ayer fue su segundo paseíllo del año. Pero ojo, los suyos fueron ayer los mejores muletazos de la tarde, los naturales por largos y profundos, y los derechazos por su empaque y temple. Casi nada.

En ese sexto, Diosleguarde derrochó entrega ya desde el quite por tafalleras y caleserinas. Se entendió de principio a fin con su oponente, lo exprimió y lo toreó a placer por ambos pitones, aunque pecó de acortar el muletazo en lugar de prolongar su embestida a final de viaje. Estaba para ello.

Antes, había recibido a su primero con una larga cambiada, se estiró a la verónica y las alternó con chicuelinas y una larga afarolada. No iba sobrado de fuerza el novillo y optó por cambiar el tercio con dos pares de banderillas. Su inicio genuflexo hacían presagiar faena de triunfo, pero a su oponente le costó un mundo humillar. Con la cabeza a media altura fue tomando la tela que le ofrecía Diosleguarde, que dejó muletazos cortos por el derecho antes de que a Eolo le diese por incordiar. El novillo se iba quedando rezagado en su embestida, le avisó un par de veces y no perdonó a la tercera, que le prendió por el pecho durante unos angustiosos segundos. Sólo le destrozó la taleguilla. Luego se le atragantó la espada y sabe Dios por qué saludó una ovación desde el tercio, jaleado por su peña.

Rafael González, el más hecho de la terna, plantea otro concepto del toreo, un estilo más clásico y tiene facilidad para cruzarse y ofrecer el pecho en el cite. Rara avis. Lo demostró en el primero del festejo, un animal que salió abanto y pregonando sus manías de manso. Resultó noble y soso en su embestida, y cierto es que tardó más en acomodarse en tablas de lo que se preveía. En parte, lo evitó Rafael González sometiéndolo por abajo en una tanda a derechas, de buen corte, y otra más lenta al natural con el toro embebido en la muleta. Luego, su oponente se acobardó en tablas, y allí, en la distancia corta, el joven diestro hilvanó varios cambios de mano por la espalda a pies juntos que inclinaron la balanza para cortar la oreja tras una estocada que se fue ligeramente desprendida. Los dos pases cambiados por la espalda de su inicio de faena, a pies juntos y tapados con su montera tras brindar al público, contribuyeron al trofeo.

Historia distinta fue el cuarto. Rafael González salió a "revientacalderas" -expresión tan fea como taurina- para tratar de abrir la Puerta Grande. Saludó de rodillas con dos largas cambiadas y vivió momentos de apuro cuando el novillo le apretó hacia los adentros, hasta que una oportuna toalla que lanzó su mozo de espadas desde el callejón disipó el peligro. Galleó por chicuelinas para llevar al caballo al endeble novillo, negro salpicado de capa, que tuvo clase como virtud pero pecó de casta. Puso valor y entrega Rafael González y merced a una serie de manoletinas trató de amarrar la oreja. Enterró el acero sobre el novillo, ejecutando a la perfección la suerte, pero, cosas del destino, el toro no dobló, quizás porque se le fue ligeramente desprendida la espada. Luego, además, el novillo se le puso complicado para descabellar y el presidente le perdonó el tercer aviso.

Poca suerte tuvo Francisco de Manuel, que pone voluntad con las banderillas. Se estrelló con un áspero novillo, el segundo, que hacía extraños al embestir, como si estuviese reparado de la vista. Tanto que hasta arrolló a Sergio Aguilar -todavía no me acostumbro a verlo de subalterno- en dos ocasiones. El quinto fue manejable, lo toreó con gusto en redondo y de rodillas pero pocas tandas después, tras estar muy encima del animal, se acabó aplomando. La desconcertante petición de oreja dio paso a una vuelta al ruedo.

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