03 de agosto de 2019
03.08.2019

Los justicieros de la salida del Sella

Fernando Vega y Luis Antuña llevan 25 años abriendo los cepos para que ningún palista salga antes de tiempo

03.08.2019 | 01:00
Los justicieros de la salida del Sella

La salida del Descenso Internacional del Sella es uno de los momentos más emotivos y esperados del verano en el Principado. En él, miles de palistas toman las piraguas para disputar la prueba deportiva fundada por Dionisio de la Huerta y que ya ha traspasado fronteras. Una prueba que no ha dejado de crecer y que hace veinticinco años incorporó una característica que hoy es ya toda una institución: los cepos de salida, con los que se buscaba que todos los participantes comenzaran la prueba a la vez, haciendo así más justa la competición.

Hoy se cumple un cuarto de siglo desde la primera vez que estos cepos se instalaron a orillas del río Sella, junto al puente de Emilio Llamedo, y con ellos se instauró una nueva figura dentro de la competición: la de los tiradores, las personas encargadas de abrir todos los cepos a la vez y que ayer vieron reconocida su labor gracias al Premio "Valores del Sella-Coca Cola". Y, de entre todos los tiradores, tan solo hay dos que hayan estado presentes en todas las ediciones desde que esta figura comenzara: José Luis Antuña Guerra, hoy coordinador de todos los tiradores, y Fernando Vega, quien se enorgullece de haberse hecho cargo siempre del mismo cepo. "Estamos muy contentos de que se nos reconozca una labor que llevamos tantos años realizando", cuenta Vega.

"Antes había una cuerda en el suelo y había gente que salía antes de tiempo", recuerda Vega, quien afirma que la llegada de los cepos fue una total innovación, idea de Miguel Ángel Camango, aceptada desde el primer momento por el Comité Organizador del Descenso Internacional del Sella (CODIS).

"Ahora ensayamos solo un día pero al principio había que practicar más y yo trabajaba en Castro Urdiales, así que me venía todas las tardes cuando aún no existía la Autovía", rememora Antuña Guerra. Un sacrificio que da una idea de la pasión que estos dos hombres sienten por el Sella. Su tarea, aunque pueda parecer fácil, entraña sus dificultades. No solo porque hay que coordinar 33 cepos, con capacidad para más de mil palistas, sino que además hay que estar pendientes de la picaresca que aún hoy existe. "Hay que comprobar que están todas las palas metidas en los cepos, que nadie la deje fuera", explica Vega.

Ahora, veinticinco años después de su comienzo, ambos afirman que hay tiradores muy comprometidos, pero que falta un relevo generacional para asegurar su labor durante los próximos años. Donde no va a faltar relevo es en el río, pues la pequeña nieta de Antuña Guerra, Elia Pérez, es ya una apasionada del Sella y del Descenso, por lo que no sabe si se pondrá a los mandos de los cepos, pero de una piragua, a buen seguro que sí lo hará.

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