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Hotel Berlín

Hotel Berlín

Hotel Berlín

Por este hotel madrileño el tiempo no ha pasado. Todo se mantiene como en los años treinta, cuando conoció su mayor esplendor: el art-decó impera hasta en el más nimio de los rincones y la extrema elegancia, aunque resulte rara para el ojo de este siglo, seduce de inmediato. Lo

En el Hotel Berlín hay un severo "dress code" que no admite a caballeros sin guantes y sombrero ni a señoras sin un ligero tocado en las diurnas horas. Una estatua sedente de Vicki Baum preside el "lounge" sin que apenas nadie repare en ella, mientras algunos curiosos se preguntan quién podrá ser esa persona de aspecto "chippendale". Porque a los clientes, más que los detalles, les importa especialmente el aire que se respira en unas instalaciones que podrían competir con cualquiera de esos raros museos que permanecen ignotos en muchas grandes capitales.

Son numerosos los "stewards", siempre prestos a auxiliar a la dama o al señor que precise la menor ayuda, al entender que hay ciertas cosas que no deben hacer las personas principales, como buscar un coche de punto, sostener un paraguas bajo la lluvia, recoger un "foulard" caído al suelo o acarrear un bulto, por liviano que sea. Por eso sólo pisan la calle en el momento de partir, sabedores de que más allá de la frontera que custodia el engalonado portero no hay más que tierra hostil en la que la vida cotidiana se les hace muy muy dura. Otra cosa es la Vida con mayúscula, que tienen más que resuelta y de la que se saben verdaderos privilegiados y expertos. Como la condesa viuda de Grantham, uno de ellos inquirió hace escasos días qué era realmente un "week-end" pero nadie entre sus pares supo responderle con certeza, por lo que aún permanece con la duda.

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